Bajo tu custodia

Epílogo

El único lugar

Un año y medio después

La casa estaba llena de risas.

Sofía, su hija de ocho meses, gateaba por el living mientras Dante la seguía de rodillas, haciendo sonidos graciosos.

Ariadna los miraba desde el sofá, con una sonrisa enorme y la mano descansando sobre su vientre, donde ya crecía su segundo hijo.

Dante levantó a la bebé y se acercó a Ariadna.

—Mirá quién viene a darte un beso —dijo con ternura.

Sofía se lanzó a los brazos de su mamá, riendo.

Ariadna la abrazó y miró a Dante con los ojos llenos de amor.

—Estamos en el único lugar donde quiero estar —susurró ella—. Contigo. Con ellos. Sin secretos. Sin miedo. Solo amándonos bien.

Dante se sentó a su lado y las abrazó a las dos.

—Te prometí que aprendería a amarte sin imponerme —dijo—. Y sigo aprendiendo todos los días. Gracias por darme esta familia. Gracias por darme una segunda oportunidad.

Ariadna apoyó la cabeza contra la de él.

—Gracias a vos por cambiar. Por escucharme. Por elegirnos de verdad.

Se besaron por encima de la cabeza de su hija.

Era un beso suave, lleno de la paz que tanto les había costado conseguir.

Este era el único lugar.

El lugar donde el amor ya no dolía.

El lugar donde el amor sanaba.

El lugar donde, después de todo el dolor, las lágrimas y las distancias…

finalmente habían encontrado la forma de amarse bien.




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