El embarazo
Ariadna llevaba varios días con náuseas por las mañanas y un cansancio que no se explicaba.
Una mañana, mientras Dante estaba en la cocina preparando el desayuno, ella entró al baño y se hizo una prueba de embarazo.
Dos rayas claras.
Se quedó mirando la prueba durante un largo rato, con el corazón latiéndole con fuerza. Las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas.
Salió del baño con la prueba en la mano.
Dante levantó la vista y al ver su expresión se quedó inmóvil.
—¿Ariadna…? ¿Qué pasa?
Ella se acercó y le tomó la mano. La puso suavemente sobre su vientre.
—Vamos a ser tres —susurró, con la voz temblorosa de emoción.
Dante se quedó congelado. Sus ojos se llenaron de lágrimas casi al instante.
—¿Estás embarazada?
Ariadna asintió, sonriendo entre lágrimas.
Dante cayó de rodillas frente a ella y apoyó la frente contra su vientre con una ternura infinita. Sus manos temblaban al abrazarla.
—Dios mío… —murmuró con la voz completamente rota—. Vamos a ser papás… Vamos a tener un hijo…
Se levantó lentamente y la besó con una mezcla de reverencia, alegría y amor profundo.
—No voy a decidir nada por vos —dijo contra sus labios, emocionado—. Vamos a hacer esto juntos. Como iguales. Como compañeros. Como la familia que estamos formando.
Ariadna lo abrazó con fuerza, llorando y riendo al mismo tiempo.
—Vamos a hacerlo bien —susurró ella—. Esta vez sí.
Se quedaron abrazados en la cocina durante un largo rato, sintiendo cómo sus vidas acababan de cambiar para siempre.
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Editado: 14.10.2026