Capítulo 61
El invitado en mi casa
Marla no dijo nada durante varios segundos después de escuchar la última respuesta de su madre.
Esteban estaba en su apartamento.
En el lugar donde había vivido prácticamente toda su vida.
El pensamiento le produjo una sensación extraña, porque de repente todos aquellos recuerdos que consideraba normales parecían tener otra explicación.
—¿Estás segura? —preguntó Alessandro.
Su madre asintió.
—Sí. La última vez que hablé con él fue hace tres días. Me dijo que necesitaba regresar allí.
—¿Regresar? —repitió Marla—. ¿Como si hubiera estado viviendo allí?
—No exactamente.
—Mamá, necesito que seas clara conmigo.
La mujer respiró profundamente.
—Esteban tenía acceso a tu apartamento desde que eras pequeña.
Marla sintió un escalofrío.
—¿Acceso cómo?
—Tenía una copia de las llaves.
—¿Y nunca me lo dijiste?
—Porque tu padre me pidió que no lo hiciera.
Marla pasó una mano por su rostro. Ya no sabía si quería llorar, gritar o simplemente acostarse y dormir durante una semana completa.
—Creo que voy a necesitar vacaciones después de esto.
Alessandro la miró.
—Te prometí un viaje.
—Ahora te tomo la palabra.
Él sonrió.
—A cualquier lugar.
—Lo voy a recordar.
Matteo apareció en el pasillo.
—Tenemos que movernos. Los vehículos que estaban afuera se retiraron.
Alessandro asintió.
—Entonces nos vamos.
Marla miró a su madre.
—Tú vienes con nosotros.
—Sí.
—Y papá también.
Su madre bajó la mirada.
—Gabriel no quiere volver todavía.
—No me importa.
—Marla...
—He pasado veintidós años sin poder preguntarle nada. Esta vez no pienso dejarlo desaparecer otra vez.
Su madre la observó y finalmente asintió.
—Está bien.
---
El regreso fue mucho más silencioso.
Marla permaneció junto a Alessandro en el automóvil mientras su madre viajaba detrás con Matteo y algunos hombres de seguridad.
El cielo comenzaba a aclararse cuando entraron nuevamente en la ciudad.
Marla miró las calles conocidas y sintió una extraña sensación de nostalgia.
Todo parecía exactamente igual.
Los edificios.
Los comercios.
Las personas comenzando su día.
El tráfico.
La vida cotidiana.
Y, sin embargo, ella ya no era la misma persona que había salido de allí.
Alessandro notó su expresión.
—¿En qué piensas?
—En mi casa.
—¿Tienes miedo de volver?
Marla tardó unos segundos en responder.
—Sí.
—Podemos esperar.
Ella negó.
—No. Quiero verlo.
—¿A Esteban?
—Sí.
Alessandro la miró.
—No tienes que enfrentarlo sola.
Marla sonrió.
—Lo sé.
Apoyó la cabeza en su hombro.
—Por eso voy contigo.
---
Cuando llegaron al edificio, había algo extraño.
Demasiado silencio.
El guardia de seguridad no estaba en su puesto habitual.
Alessandro lo notó inmediatamente.
—Quédate aquí.
Marla miró hacia la entrada.
—No.
—Marla.
—Voy contigo.
Él suspiró.
—De acuerdo.
Entraron juntos.
El ascensor tardó una eternidad en llegar.
Marla miraba los números cambiar mientras intentaba controlar los nervios.
Cuando las puertas se abrieron en su piso, el pasillo estaba vacío.
La puerta de su apartamento estaba cerrada.
Marla se acercó.
—Siempre la cierro con llave.
Alessandro observó la cerradura.
—No está forzada.
—Entonces tiene una llave.
Él asintió.
Introdujo una llave diferente y abrió.
El apartamento estaba exactamente como ella lo había dejado.
El sofá.
Los libros.
La pequeña mesa.
Una taza que había olvidado lavar.
Marla sintió una extraña tranquilidad.
—Parece normal.
Alessandro negó.
—Precisamente eso me preocupa.
Revisaron habitación por habitación.
No había nadie.
Hasta que Marla llegó a su dormitorio.
Se quedó quieta frente a su escritorio.
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Editado: 25.09.2026