Capítulo 64
El abuelo que nadie conocía
Nadie se movió.
Durante unos segundos, lo único que se escuchó fue el sonido de la lluvia golpeando suavemente las ventanas de aquella casa.
Marla seguía mirando al hombre que acababa de presentarse como Samuel.
Su abuelo.
O, al menos, eso decía su padre.
Había escuchado tantas versiones de su familia durante las últimas semanas que ya no sabía qué verdad podía sostener sin que apareciera otra detrás.
—Papá —repitió Marla, sin apartar los ojos de Samuel—. ¿Es él?
Gabriel tardó en responder.
—Sí.
Aquella palabra cayó sobre la habitación como una piedra.
Alessandro se colocó ligeramente delante de Marla, aunque sin bloquearle la vista.
Samuel lo observó.
—No tienes que protegerla de mí.
—Eso lo decido yo.
Samuel sonrió.
—Tienes el carácter de tu padre.
Alessandro frunció el ceño.
—No sabes nada de mí.
—Sé más de ti de lo que imaginas.
Marla levantó una mano.
—Ya. Necesito respuestas y las necesito ahora.
Todos guardaron silencio.
Ella dio un paso hacia Samuel.
—¿Por qué fingieron que estabas muerto?
Samuel miró a Gabriel.
—Porque tu padre necesitaba creer que estaba a salvo.
Gabriel negó.
—No me protegiste.
—Te protegí de mí.
—Eso no tiene sentido.
—Algún día lo entenderás.
Marla soltó una respiración frustrada.
—Odio cuando dicen eso.
Alessandro la miró.
—¿Qué cosa?
—“Algún día lo entenderás”. Es la frase oficial de esta familia.
Incluso Gabriel sonrió ligeramente.
Samuel también.
Y aquello desconcertó a Marla.
Había esperado encontrarse con un hombre frío, amenazante, quizá incluso cruel.
Pero Samuel parecía cansado.
No débil.
Cansado.
Como alguien que había pasado demasiados años cargando con decisiones que nunca pudo explicar.
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Samuel caminó hasta una mesa cubierta de polvo y colocó allí el medallón.
—Tu abuela me pidió que esperara.
Marla se acercó.
—¿Mi abuela sabía que estabas vivo?
—Sí.
—¿Mi madre?
Samuel miró a la mujer.
—También.
Marla cerró los ojos un instante.
—¿Y todos decidieron que yo era la única que no necesitaba saberlo?
Su madre bajó la mirada.
—Queríamos protegerte.
—Lo sé.
Marla abrió los ojos.
—Pero protegerme no significa decidir toda mi vida por mí.
Su madre asintió.
—Tienes razón.
Samuel observó a su nieta.
—Por eso estás aquí.
Marla lo miró.
—¿Porque alguien me mandó un mensaje?
—No.
Samuel señaló el medallón.
—Porque tú elegiste venir.
Marla no entendió.
—¿Qué tiene que ver eso?
—Todo.
Samuel abrió el medallón.
Dentro había una pequeña fotografía.
Marla se acercó.
Era una imagen de ella cuando era bebé.
Su madre la sostenía en brazos.
Gabriel estaba a su lado.
Y Samuel aparecía detrás.
Marla sintió un nudo en la garganta.
—¿Estabas allí?
—El día que naciste.
Gabriel bajó la mirada.
—Yo no sabía que había venido.
Samuel lo observó.
—Porque no quería que lo supieras.
Marla tomó la fotografía.
—¿Por qué?
Samuel respiró profundamente.
—Porque aquella noche tomé una decisión.
—¿Cuál?
—Desaparecer.
Marla lo miró confundida.
—¿Para protegernos?
—Para protegerte.
Ella frunció el ceño.
—¿De quién?
Samuel miró hacia Alessandro.
—De ellos.
Alessandro dio un paso adelante.
—¿De mi familia?
—De la parte de tu familia que convirtió el poder en una obsesión.
Alessandro mantuvo la mirada firme.
—Mi familia también intentó protegerla.
Samuel negó.
—Algunos.
Marla miró a ambos.
—Entonces, ¿quién empezó todo esto?
Samuel tomó una silla y se sentó.
—No fue una sola persona.
Aquella respuesta sorprendió a todos.
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Editado: 25.09.2026