Capítulo especial — La venganza de Alessandro
A la mañana siguiente desperté con una sensación extraña.
No sabía explicar exactamente qué era.
Solo sabía que algo no estaba bien.
Abrí los ojos lentamente y miré hacia el otro lado de la cama.
Vacío.
Fruncí el ceño.
—¿Alessandro?
Nada.
Me incorporé y miré alrededor.
—¿Alessandro?
Silencio.
Eso sí era raro.
Normalmente, aunque se levantara antes que yo, encontraba alguna señal de su existencia. Un café preparado, una nota, un mensaje o, en el peor de los casos, a él parado frente a la ventana con esa expresión seria que parecía decirle al mundo entero que no se acercara.
Pero aquella mañana no había nada.
Tomé mi teléfono.
Ningún mensaje.
—Qué raro...
Me levanté, me puse una bata y salí de la habitación.
La casa estaba demasiado tranquila.
Bajé las escaleras y encontré a uno de los empleados.
—Buenos días. ¿Has visto a Alessandro?
El hombre sonrió.
—Buenos días, señorita.
—Eso no responde mi pregunta.
Su sonrisa se hizo todavía más sospechosa.
—El señor salió temprano.
—¿Adónde?
—No lo sé.
Entrecerré los ojos.
—¿Y por qué siento que sabes algo que yo no sé?
—Porque probablemente sea así.
Me quedé mirándolo.
—Traidor.
Él soltó una pequeña risa y continuó caminando.
—¡Oye!
Ni siquiera se giró.
Volví a mi habitación completamente confundida.
Entonces mi teléfono vibró.
Un mensaje.
Alessandro: Buenos días, princesa.
Sonreí inmediatamente.
Yo: Buenos días. ¿Dónde estás?
La respuesta llegó casi al instante.
Alessandro: Trabajando.
Yo: ¿Y por qué saliste sin despedirte?
Pasaron unos segundos.
Alessandro: Tenía prisa.
Fruncí el ceño.
Algo no cuadraba.
Yo: ¿Estás tramando algo?
No respondió.
—Ajá.
Sonreí.
—Definitivamente está tramando algo.
Dejé el teléfono sobre la cama y fui a desayunar.
Intenté convencerme de que estaba exagerando.
Hasta que llegó el primer problema.
Mi desayuno estaba servido.
Todo parecía normal.
Excepto por un pequeño detalle.
Había un plato enorme de waffles.
Y encima de ellos había un papel.
Lo tomé.
“Come todo.”
Reconocí inmediatamente su letra.
—Qué mandón.
Sonreí y me senté.
Comí.
Luego llegó el segundo problema.
Una hora después, recibí otro mensaje.
Alessandro: ¿Terminaste?
Yo: Sí.
Alessandro: Bien.
Yo: ¿Eso era todo?
Alessandro: Por ahora.
Me quedé mirando la pantalla.
—Por ahora...
Eso sonaba peligrosamente sospechoso.
---
A las cuatro de la tarde, Alessandro todavía no había regresado.
Yo ya estaba aburrida.
Me había puesto a ver una película, había leído unas páginas de un libro y hasta había reorganizado mi armario.
Sí.
Estaba aburrida de verdad.
Cuando finalmente escuché la puerta principal, salí corriendo.
Alessandro entró con su habitual expresión seria.
Traje oscuro.
Camisa perfectamente acomodada.
Reloj.
Esa mirada que podía hacer que cualquier persona se pusiera nerviosa.
Yo, en cambio, fui directamente hacia él.
—¡Por fin!
Él apenas tuvo tiempo de dejar las llaves antes de que yo lo abrazara.
Sus brazos me rodearon inmediatamente.
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Editado: 25.09.2026