El mafioso que aprendió a sonreír

Capitulo especial

Capítulo especial

La peor broma de Marla

Marla se despertó aquella mañana con una idea.

Una idea terrible.

Una idea que, probablemente, terminaría causándole problemas.

Y precisamente por eso le encantaba.

Alessandro estaba en la ducha y había dejado su teléfono sobre la mesa de noche.

Marla lo miró.

Después miró la puerta del baño.

Luego volvió a mirar el teléfono.

—No —murmuró.

Volvió a mirarlo.

—Definitivamente no.

Sonrió.

—Sí.

Tomó su propio teléfono.

Tenía que hacerlo rápido.

La broma era sencilla.

Le iba a hacer creer a Alessandro que estaba molesta con él.

No por algo grave.

Por algo completamente absurdo.

Y después fingiría que no quería hablarle.

El problema era que Alessandro tenía una personalidad bastante intensa cuando pensaba que algo le ocurría.

Marla lo sabía.

Y aun así decidió continuar.

Abrió el chat.

Marla: Tenemos que hablar.

Envió el mensaje.

Esperó.

Cinco segundos.

Diez.

El teléfono vibró.

Alessandro: ¿Qué pasó?

Marla sonrió.

Marla: Estoy molesta contigo.

La respuesta llegó inmediatamente.

Alessandro: ¿Por qué?

Marla tuvo que contener la risa.

Marla: Tú sabrás.

Silencio.

Luego:

Alessandro: No sé.

Marla: Ese es el problema.

Marla se tapó la boca para no reírse.

Desde el baño se escuchó:

—Marla.

Ella levantó la cabeza.

—¿Sí?

—¿Por qué me estás escribiendo si estoy en la habitación contigo?

Ella miró el teléfono.

—Porque quiero.

Alessandro salió del baño secándose el cabello.

La miró.

—¿Estás molesta conmigo?

Marla puso su mejor cara seria.

—Sí.

Él dejó la toalla sobre una silla.

—¿Qué hice?

—No voy a decírtelo.

—Marla.

—Alessandro.

—Mi amor.

—No.

Él se acercó.

—Ven.

—No.

—Solo quiero hablar.

—No quiero hablar.

Alessandro la observó durante unos segundos.

Marla mantuvo la expresión seria.

Por dentro estaba muriéndose de la risa.

Él finalmente preguntó:

—¿De verdad estás molesta?

—Muchísimo.

—¿Hice algo ayer?

—Sí.

—¿Qué?

—Algo.

Alessandro cerró los ojos.

—Eso no me ayuda.

Marla cruzó los brazos.

—Ese es tu problema.

—¿Qué problema?

—Que no prestas atención.

Él se quedó completamente serio.

—Voy a llamar a Matteo.

Marla casi se atragantó.

—¿Para qué?

—Necesito saber qué hice ayer.

Ella abrió los ojos.

—¡No!

Pero Alessandro ya estaba tomando el teléfono.

—Matteo.

Marla se levantó rápidamente.

—¡No llames a Matteo!

Alessandro la miró.

—¿Por qué?

—Porque...

Marla tuvo que pensar.

—Porque esto es entre tú y yo.

Alessandro entrecerró los ojos.

—¿Qué estás escondiendo?

—Nada.

—Entonces dime qué hice.

—No.

Él la miró durante varios segundos.

Después preguntó:

—¿Tiene que ver con otra persona?




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