El mafioso que aprendió a sonreír

Capitulo 67

Capítulo 67 — Un nuevo comienzo

Tres días después de aquella cena familiar, desperté con una sensación extraña.

No era miedo.

Tampoco preocupación.

Era algo mucho más difícil de explicar.

Era tranquilidad.

Por primera vez desde que Alessandro había entrado en mi vida, desperté sin sentir que tenía que descubrir un nuevo secreto, enfrentar una amenaza o prepararme para recibir alguna noticia capaz de cambiarlo todo.

Me quedé unos minutos mirando el techo.

—¿Esto es lo que se siente tener una vida normal?

Alessandro, que todavía estaba medio dormido a mi lado, abrió un ojo.

—¿Estás hablando sola otra vez?

Giré la cabeza.

—Estaba reflexionando.

—A las siete de la mañana.

—Las grandes reflexiones llegan cuando quieren.

Él sonrió.

—¿Y cuál es esa gran reflexión?

Me acomodé entre las almohadas.

—Que mi vida es demasiado rara.

—Eso ya lo sabíamos.

—Antes mi mayor preocupación era decidir qué película ver.

—Y ahora tienes una empresa internacional.

—Exactamente.

Alessandro se incorporó y me miró.

—Puedes dejarla.

—¿Qué?

—La empresa.

—No.

—Entonces puedes delegar.

—Tampoco.

Él frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué?

Me senté.

—Porque es mía.

Aquellas dos palabras todavía me resultaban extrañas.

Mía.

Lorenzo Holdings.

La compañía que durante años había pertenecido a mi familia.

La empresa que había sido escondida de mí.

La empresa que ahora estaba legalmente bajo mi nombre.

Pero también era algo más.

Era una oportunidad.

Una oportunidad para demostrar que el poder no tenía que utilizarse para destruir.

—Quiero cambiar muchas cosas —dije.

Alessandro me observó con atención.

—Lo sé.

—Quiero que la empresa sea completamente legal. Quiero invertir en hoteles, turismo, tecnología, transporte... cosas que realmente ayuden a las personas.

—Puedes hacerlo.

—Y quiero que una parte de los beneficios vaya a proyectos sociales.

Él tomó mi mano.

—Entonces hazlo.

—¿Así de fácil?

—No dije que sería fácil. Dije que puedes hacerlo.

Sonreí.

—Me gusta cuando hablas así.

—¿Cómo?

—Como si realmente creyeras en mí.

Alessandro me acarició los nudillos.

—Porque creo en ti.

Bajé la mirada hacia nuestras manos.

—A veces todavía me cuesta creer que todo esto esté pasando.

—No tienes que acostumbrarte a todo de golpe.

—Lo sé.

Me quedé callada unos segundos.

Entonces lo miré.

—Pero hay algo que sí quiero hacer.

—¿Qué?

—Quiero conocer la empresa.

Alessandro arqueó una ceja.

—¿Hoy?

—Sí.

—¿Estás segura?

—Completamente.

—Entonces te acompañaré.

Negué con la cabeza.

—No.

—¿No?

—Quiero ir sola.

Su expresión cambió ligeramente.

—Marla...

—No voy a desaparecer.

—No dije eso.

—Tu cara lo dijo.

Él suspiró.

—Solo quiero asegurarme de que estés bien.

Me acerqué y besé su mejilla.

—Voy a estar bien.

—Prométemelo.

—Te lo prometo.

—Y me llamas cuando llegues.

—Sí.

—Y cuando salgas.

—Sí.

—Y si sucede algo...

—Alessandro.

—¿Qué?

—Pareces mi padre.

Él se quedó callado.

Yo intenté aguantar la risa.

No pude.

—¡No te rías!

—Es que tienes que ver tu cara.

Alessandro negó con la cabeza.

—Un día voy a aprender a no preocuparme por ti.

—No vas a poder.

—Lo sé.

---

Horas después, llegué a las oficinas principales de Lorenzo Holdings.

Me bajé del automóvil y levanté la mirada.

El edificio era enorme.

Cristal, acero y una fachada moderna que reflejaba el cielo.

Me quedé unos segundos frente a la entrada.

—Bueno, Marla...

Respiré profundamente.

—Supongo que esta es tu nueva vida.




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