Capítulo 70 — La verdad que faltaba
No podía apartar los ojos de aquella carta.
La hoja temblaba ligeramente entre mis dedos.
—¿Qué dice? —preguntó Alessandro.
No respondí inmediatamente.
Volví a leer la primera línea.
“Marla, si algún día encuentras esta carta, significa que finalmente estás preparada para conocer toda la verdad sobre Alessandro.”
Sentí un nudo en el pecho.
—Es de mi padre.
Alessandro permaneció en silencio.
—¿Quieres que me vaya? —preguntó.
Levanté la mirada.
—No.
Me acerqué a él.
—Quiero que te quedes.
Tomé aire y comencé a leer.
La carta explicaba que mi padre había conocido a Alessandro cuando ambos eran jóvenes.
Las familias ya tenían negocios en común y, aunque existían conflictos entre los adultos, ellos habían crecido viéndose de vez en cuando.
Alessandro no había sido parte de ninguna conspiración contra mí.
Tampoco había conocido mi verdadera identidad durante todos esos años.
Su familia simplemente había mantenido una relación cercana con la mía durante una etapa en la que los problemas todavía no habían alcanzado el nivel que tendrían después.
Llegué a una parte que me hizo detenerme.
“Alessandro siempre fue diferente a los hombres que rodeaban a nuestra familia. Incluso cuando era joven, tenía una manera de proteger a quienes consideraba importantes.”
Miré a Alessandro.
Él apartó la mirada.
—Eso explica muchas cosas.
—¿Qué cosas?
—Por qué tu padre confiaba en mí.
Continué leyendo.
La carta decía que mi padre había tomado una decisión cuando yo nací.
Quería alejarme de todo.
Quería que creciera sin conocer los negocios familiares, sin conocer las guerras y sin saber cuánto poder había detrás de mi apellido.
Por eso me mantuvo lejos.
Y cuando tuvo que desaparecer, dejó instrucciones para que varias personas protegieran mi identidad.
Mi abuelo.
Esteban.
Algunos antiguos socios.
Incluso personas que yo nunca había conocido.
Todos tenían una razón.
Protegerme.
Llegué al final.
La última parte estaba escrita con una letra más temblorosa.
“Si algún día Alessandro vuelve a entrar en tu vida, no lo alejes por miedo a nuestro pasado. Él no es responsable de las decisiones que nosotros tomamos. Si has llegado hasta él por tus propios caminos, entonces confía en tu corazón.”
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
Doblé lentamente la carta.
—Mi padre sabía que podríamos conocernos.
Alessandro se acercó.
—Quizás no sabía cómo.
—Pero lo esperaba.
—Parece que sí.
Me limpié una lágrima.
—Tengo tantas preguntas.
—Puedes hacérmelas.
Lo miré.
—¿Tú recuerdas algo de cuando eras niño?
Alessandro pensó.
—Recuerdo venir aquí.
—¿Con mi padre?
—Sí.
—¿Y conmigo?
Él negó lentamente.
—No recuerdo haberte conocido.
Sonreí débilmente.
—Entonces no eras mi destino desde que era bebé.
—No.
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Editado: 25.09.2026