Capítulo 62
El hombre que esperaba a mi padre
Marla bajó las escaleras junto a Alessandro sin soltarle la mano.
Por primera vez desde que toda aquella historia había comenzado, no sentía que estuviera corriendo detrás de una verdad.
La verdad estaba corriendo hacia ella.
Su madre iba unos pasos detrás, acompañada por Matteo, mientras Esteban permanecía en el apartamento revisando las fotografías y documentos que acababan de encontrar.
—¿Dónde dijo exactamente que estaba tu padre? —preguntó Alessandro.
—Frente al edificio.
—¿Lo viste?
—No.
Alessandro miró hacia las ventanas del vestíbulo.
—Entonces no sabemos si realmente está ahí.
Marla tragó saliva.
—Es mi padre. Reconocería su voz.
—No estoy dudando de eso.
—Lo sé.
Ella apretó su mano.
—Solo estoy cansada de que todos sepan cosas sobre mi vida menos yo.
Alessandro bajó la mirada hacia ella.
—Eso se acaba hoy.
Marla soltó una pequeña risa.
—Espero que sí, porque mi árbol genealógico ya parece una investigación del FBI.
Él sonrió.
—Y todavía no terminamos.
—No me recuerdes eso.
Llegaron a la entrada.
Alessandro hizo una señal a sus hombres para que revisaran el exterior antes de que ellos salieran.
Pasaron unos segundos.
Nada.
Ni movimientos extraños.
Ni vehículos sospechosos.
Ni señales de una emboscada.
Hasta que un automóvil negro apareció al otro lado de la calle.
Marla lo reconoció inmediatamente.
No porque hubiera visto aquel vehículo antes.
Sino porque conocía al hombre que estaba sentado en el asiento trasero.
—Papá.
Gabriel bajó del automóvil.
Marla sintió que las piernas le temblaban.
Había imaginado ese momento tantas veces que ahora que finalmente estaba ocurriendo no sabía cómo reaccionar.
Gabriel levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron.
Y durante unos segundos ninguno de los dos se movió.
Después él cruzó la calle.
Marla dio un paso hacia él.
Su madre se quedó atrás.
Alessandro tampoco intervino.
Gabriel se detuvo frente a su hija.
—Marla.
Ella respiró profundamente.
—Hola, papá.
Aquellas dos palabras parecieron romper algo dentro del hombre.
Sus ojos se humedecieron.
—Has crecido mucho.
Marla soltó una risa nerviosa.
—Bueno... han pasado veintidós años.
Gabriel sonrió débilmente.
—Lo sé.
Ella lo observó.
Quería abrazarlo.
Quería reclamarle.
Quería preguntarle por qué.
Al final hizo las tres cosas, aunque en distinto orden.
Primero lo abrazó.
Gabriel cerró los brazos alrededor de ella y la sostuvo con fuerza.
Marla sintió que algo dentro de ella se acomodaba y se rompía al mismo tiempo.
—¿Por qué te fuiste?
Gabriel cerró los ojos.
—Para que pudieras vivir.
—No viví contigo.
—Pero viviste.
Marla se separó.
—Eso no es suficiente.
Él asintió.
—Lo sé.
Ella lo miró fijamente.
—¿Por qué nunca regresaste?
Gabriel respiró profundamente.
—Porque cada vez que pensaba hacerlo, alguien encontraba una forma de amenazarte.
Marla negó.
—Podías haberme contado la verdad.
—Eras una niña.
—Ahora soy adulta.
—Por eso regresé.
Antes de que Marla pudiera responder, Alessandro se acercó.
Gabriel lo miró.
Por primera vez, ambos hombres estuvieron frente a frente.
—Alessandro De Luca.
—Gabriel Montero.
No hubo saludo.
Solo una larga mirada.
Finalmente Gabriel extendió la mano.
Alessandro la estrechó.
—He escuchado mucho sobre ti.
—Yo también sobre ti.
Marla levantó una ceja.
—Perfecto. Ahora que todos se conocen, ¿podemos dejar de hablar como si estuviéramos en una película de espías?
Alessandro soltó una pequeña risa.
Gabriel también.
Y por un instante, todo pareció normal.
Hasta que Gabriel miró hacia el automóvil del que había bajado.
Su expresión cambió.
—Tenemos que irnos.
Alessandro se tensó.
#504 en Novela contemporánea
#1384 en Novela romántica
romancemafia, romance billonario, protector × chica sencilla
Editado: 25.09.2026