El mafioso que aprendió a sonreír

DESPEDIDA DE LA AUTORA

Y ahora sí… llegamos al final de “El mafioso que aprendió a sonreír”.

Qué extraño se siente escribir estas palabras.

Durante tantos capítulos, Marla y Alessandro dejaron de ser solamente personajes. Se convirtieron en parte de mi imaginación, de mis noches escribiendo, de mis ideas inesperadas y de todos esos momentos en los que me preguntaba: “¿Y ahora qué les hago vivir?”

Y hoy tengo que dejarlos continuar su historia lejos de estas páginas.

Antes de despedirme de ustedes, quiero agradecerles a ellos.

Gracias, Marla.

Gracias por ser esa protagonista que nunca tuvo que ser perfecta.

Por tus ocurrencias, tus miedos, tus inseguridades, tus momentos de valentía y también por todas esas veces en las que hiciste cosas que probablemente nadie más habría hecho.

Gracias por recordarme que una protagonista puede ser fuerte sin dejar de ser sensible, puede tener miedo y aun así avanzar, y puede amar profundamente sin dejar de elegir su propia vida.

Gracias, Alessandro.

Sé que al principio eras difícil de querer.

Frío, serio, peligroso, controlador y con una mirada capaz de asustar a cualquiera.

Pero también terminaste demostrando que detrás de todo ese poder había un hombre que necesitaba aprender algo tan sencillo y tan complicado como dejarse querer.

Gracias por aprender a sonreír.

Gracias por cuidar a Marla sin apagar su luz.

Y gracias por demostrar que incluso alguien que ha vivido rodeado de oscuridad puede encontrar un lugar donde sentirse en casa.

También quiero agradecer a Gabriel, por regresar cuando más hacía falta; a Esteban, por proteger a Marla incluso desde las sombras; a Samuel, por revelar verdades que llevaban demasiado tiempo escondidas; a Lorenzo, por formar parte de una historia familiar llena de secretos; y a cada personaje que apareció en estas páginas y ayudó, de una manera u otra, a construir este mundo.

Algunos llegaron para quedarse.

Otros llegaron para complicarlo todo.

Y algunos simplemente dejaron una pequeña huella antes de continuar su propio camino.

Pero todos fueron importantes.

Y, por supuesto, gracias a ustedes, mis lectores.

Gracias por leer cada capítulo.

Gracias por emocionarse, reírse, enojarse, sospechar, enamorarse y acompañar a Marla y Alessandro hasta el final.

Gracias por entrar en este mundo que comenzó como una idea en mi cabeza y terminó convirtiéndose en una historia completa.

Cuando escribí esta historia, no sabía exactamente hasta dónde me llevarían estos personajes.

Ahora que llegamos al final, entiendo que algunas historias no terminan cuando escribimos la última página.

Simplemente dejan de contarse.

Porque Marla y Alessandro todavía tienen una vida entera por delante.

Van a viajar.

Van a construir su hogar.

Van a reírse.

Van a discutir por cosas absurdas.

Van a crear nuevos recuerdos.

Y algún día, quizá, tendrán una familia.

Pero eso pertenece a otra historia.

Porque después de aprender a sonreír…

Alessandro todavía tendrá que aprender a amar.

Y créanme…

esa lección será todavía más difícil. ❤️

Nos vemos en “El mafioso que aprendió a amar”.

Con todo mi cariño,

Marla Montero ✍🏻💙

Gracias por haber recorrido este camino conmigo.

Gracias por haber querido a mis personajes.

Y gracias por dejarme convertir mis sueños en historias.

Fin de “El mafioso que aprendió a sonreír”. 🖤




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