El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 63

Capítulo 63

La heredera

Marla todavía tenía la carpeta entre las manos cuando se dio cuenta de que nadie estaba hablando.

No era un silencio incómodo.

Era ese tipo de silencio que aparecía cuando todos sabían algo importante y estaban esperando que una sola persona terminara de procesarlo.

Y esa persona era ella.

Volvió a mirar el documento.

Beneficiaria principal.

Su nombre.

Una empresa.

Una cifra que, honestamente, le parecía inventada.

—Voy a preguntar algo y quiero que nadie se ofenda —dijo finalmente.

Alessandro la miró con una sonrisa pequeña.

—Adelante.

—¿Esto es una broma?

Nadie respondió.

Marla levantó la carpeta.

—Porque si lo es, necesito saberlo ahora. Tengo una vida bastante complicada últimamente y no estoy preparada para descubrir que también soy millonaria por accidente.

Su madre soltó una pequeña risa.

Gabriel negó con la cabeza.

—No es una broma.

Marla volvió a mirar el documento.

—¿Y qué empresa es?

Gabriel señaló una de las páginas.

—Lorenzo Holdings.

Alessandro levantó la mirada.

—Esa compañía desapareció hace años.

—Oficialmente —respondió Gabriel.

Marla frunció el ceño.

—¿Y extraoficialmente?

—Sigue funcionando.

Ella dejó caer la carpeta sobre la mesa.

—Claro.

Se recostó en la silla.

—Porque aparentemente nada en mi vida puede ser sencillo.

Alessandro tomó su mano.

—No tienes que decidir nada hoy.

Marla lo miró.

—Eso es precisamente lo que quiero.

Lorenzo, que permanecía junto a la ventana, habló por primera vez desde que habían descubierto la documentación.

—No podrán esperar mucho.

Marla giró hacia él.

—¿Por qué?

—Porque ahora que saben que existes, intentarán localizarte.

—¿Quiénes?

—Todos los que creen que ese patrimonio les pertenece.

Marla respiró profundamente.

—¿Y por qué me pertenece a mí?

Gabriel respondió:

—Porque tu padre lo puso a tu nombre antes de desaparecer.

—¿Y nunca intentó recuperarlo?

—No.

—¿Por qué?

Gabriel bajó la mirada.

—Porque sabía que si lo hacía, te convertiría en un objetivo.

Marla se quedó callada.

Por primera vez entendió que muchas de las decisiones que había odiado durante años probablemente habían nacido del miedo.

No las justificaba.

Pero comenzaba a comprenderlas.

---

Horas después, cuando la tensión disminuyó un poco, Marla se encerró unos minutos en la habitación.

Necesitaba respirar.

Necesitaba recordar quién era.

Se sentó en la cama y miró alrededor.

Su apartamento.

Su pequeño mundo.

Los libros apilados junto a la cama.

La ropa sobre una silla.

El bolso tirado en una esquina.

Todo aquello seguía siendo suyo.

Eso le dio cierta tranquilidad.

Alessandro apareció en la puerta.

—¿Puedo entrar?

Marla lo miró.

—Ya estás entrando.

Él sonrió.

—Cierto.

Se sentó junto a ella.

Durante unos segundos no hablaron.

Marla apoyó la cabeza sobre su hombro.

—¿Tú sabías algo de esto?

—No.

—¿Ni siquiera una parte?

—No.

Ella suspiró.

—Qué raro.

—¿Qué cosa?

—Que después de todo lo que hemos descubierto, todavía confío en ti.

Alessandro giró la cabeza para mirarla.

—¿Te sorprende?

—Un poco.

—¿Por qué?

Marla sonrió.

—Porque mi familia me ha mentido durante años, la tuya también, y aparentemente hasta los muertos tienen la costumbre de regresar.

Alessandro soltó una risa.

—Eso último es bastante cierto.

Ella levantó la cabeza.

—Prométeme algo.

—Lo que quieras.

—Si algún día mueres, por favor no regreses diez años después con una carpeta llena de secretos.

Alessandro sonrió.

—Te lo prometo.

—Perfecto.

Marla volvió a apoyar la cabeza en su hombro.

Él le acarició el cabello.

—¿Tienes miedo?

Ella tardó unos segundos.

—Sí.




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