Capítulo 73 — Y entonces aprendimos a vivir
Italia fue exactamente como la había imaginado.
Y, al mismo tiempo, fue mucho más.
Roma nos recibió con calles llenas de historia, pequeñas cafeterías y edificios que parecían guardar secretos en cada rincón.
Florencia nos regaló tardes tranquilas.
Venecia nos hizo perder la noción del tiempo.
Y Alessandro...
Alessandro me enseñó una parte de sí mismo que nunca había conocido.
Una parte que no tenía nada que ver con el hombre que el mundo temía.
Una tarde caminamos por una calle tranquila de la ciudad donde había pasado parte de su infancia.
Él se detuvo frente a una casa.
—Aquí viví durante un tiempo.
Lo miré.
—¿De verdad?
Asintió.
—Sí.
No hizo falta que dijera nada más.
Me limité a tomar su mano.
Seguimos caminando.
—¿Eras feliz aquí? —pregunté.
Alessandro tardó unos segundos en responder.
—A veces.
—¿Y ahora?
Me miró.
—Ahora sí.
Sonreí.
No necesitaba preguntarle por qué.
Ya lo sabía.
---
Nuestro viaje duró quince días.
Y durante esos quince días hicimos algo que nunca habíamos podido hacer antes.
Vivimos.
Sin secretos.
Sin amenazas.
Sin reuniones familiares inesperadas.
Sin tener que preguntarnos quién estaba detrás de la próxima puerta.
Solo nosotros.
Una mañana desayunamos en una pequeña cafetería.
Alessandro llevaba ropa sencilla y una gorra.
Yo lo miré fijamente.
—No puedo creer que nadie te reconozca.
—Eso era lo que querías.
—Sí.
—Entonces disfruta.
Me reí.
—Te ves raro.
—¿Raro?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque pareces una persona normal.
—Soy una persona normal.
—No.
Él arqueó una ceja.
—¿No?
—Tienes guardaespaldas, empresas, aviones privados y probablemente demasiadas tarjetas de crédito.
—Eso no significa que no sea normal.
—Claro que no.
Él sonrió.
—Y tú tienes tres maletas.
—No cambies de tema.
---
Una noche, mientras caminábamos cerca de un puente iluminado, Alessandro se detuvo.
—Marla.
—¿Sí?
Sacó algo de su bolsillo.
Era una pequeña caja.
Lo miré.
—¿Qué es?
—Ábrela.
La abrí.
Dentro había un collar delicado.
No tenía diamantes enormes ni una joya extravagante.
Solo una pequeña pieza con una letra.
M.
Lo miré emocionada.
—Es precioso.
—Lo vi y pensé en ti.
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Editado: 25.09.2026