La Omega que los Tres Alfas Rechazaron

Capítulo 16: La carta del prisionero

Capítulo 16: La carta del prisionero

Leí la carta de mi padre tantas veces que terminé memorizando cada palabra.

«Hija, si has descubierto la verdad sobre Lyanna, no busques a Mara. Ella fue quien nos traicionó primero».

Debajo estaba el símbolo de los Guardianes de la Luna.

Mi padre había dibujado aquel símbolo en el borde de mis cuadernos cuando yo era pequeña. Decía que representaba la memoria, la lealtad y la responsabilidad de proteger aquello que otros querían destruir.

Nunca imaginé que algún día lo vería al pie de una advertencia que podía cambiar mi vida.

—¿Cómo llegó esto hasta aquí? —pregunté.

Alexander cerró la puerta de la habitación.

—Un guardia de la prisión la entregó esta mañana. Dijo que Daniel insistió en que llegara a tus manos.

—¿Lo conoces?

—No. Pero llevaba el sello oficial de la prisión.

Adrian tomó la carta con cuidado y examinó el papel.

—El sello puede falsificarse. La letra también, si alguien tiene suficientes muestras.

Le arrebaté el documento.

—Es la letra de mi padre.

—No estoy diciendo que no lo sea. Estoy diciendo que alguien podría estar intentando manipularnos.

—¿Y qué sugieres? ¿Que ignore una advertencia suya?

—Sugiero que comprobemos todo antes de actuar.

Por una vez, Adrian tenía razón.

Y me molestaba admitirlo.

Durante meses había seguido pistas que parecían conducir a una respuesta, solo para descubrir otra mentira detrás de la anterior. No podía permitirme actuar por desesperación.

Pero tampoco podía quedarme quieta.

—Necesito hablar con mi padre.

Alexander negó con la cabeza.

—Las visitas a la prisión están restringidas. Alistair controla las autorizaciones y, después de lo ocurrido anoche, probablemente no permitirá que te acerques.

—Entonces conseguiré una autorización.

—Valeria…

—No voy a pedirte permiso, Alexander.

Él apretó los labios, pero se apartó.

—No iba a impedírtelo.

—Todavía estás aprendiendo a distinguir entre ayudarme y decidir por mí.

La frase lo hizo bajar la mirada.

No sentí satisfacción.

Había llegado un momento en el que herir a los demás ya no me parecía una victoria. Lo único que quería era recuperar el control de mi propia vida.

Y para conseguirlo, tendría que dejar de depender de las personas que habían contribuido a destruirla.

Mi madre estaba esperándome cuando bajé a la cocina.

Le mostré la carta.

Al leer el nombre de Mara, su rostro cambió.

—No debes ir a buscarla.

—¿Por qué?

—Porque tu padre tenía motivos para desconfiar de ella.

—¿Qué hizo?

Elena dejó la taza sobre la mesa.

—Mara fue una de las Guardianas más leales a Lyanna. Conocía los pasadizos, los códigos del archivo y los lugares donde se ocultaban los registros. Pero la noche en que Lyanna desapareció, alguien utilizó uno de esos códigos para entrar en la casa donde estaba escondida.

—¿Y crees que fue Mara?

—No lo sé. Daniel sospechaba de ella, pero nunca consiguió demostrarlo.

—¿Por qué no me lo contaste anoche?

Mi madre me sostuvo la mirada.

—Porque no sabía si la carta era auténtica. Y porque quería que tuvieras al menos unas horas sin otra persona diciéndote quién debía ser tu enemigo.

Aquella respuesta me desarmó.

No porque resolviera mis dudas, sino porque por primera vez mi madre reconocía que yo tenía derecho a decidir qué hacer con ellas.

Me senté frente a ella.

—¿Tienes alguna prueba de que Mara traicionó a Lyanna?

Elena negó con la cabeza.

—Solo un recuerdo.

—Cuéntamelo.

Mi madre tardó unos segundos en hablar.

—La noche en que Lyanna llegó a nuestra casa, llevaba una pequeña llave de plata. Me dijo que era la única forma de abrir una caja que había dejado fuera del territorio de la manada. Antes del amanecer, Mara vino a buscarnos. Afirmó que podía llevarnos a un lugar seguro.

—¿Y la dejaste entrar?

—Sí. Pero Lyanna se negó a acompañarla. Discutieron. Nunca supe qué se dijeron, aunque recuerdo las últimas palabras de Mara.

Mi madre cerró los ojos.

—Le dijo: «Si no entregas a la niña, todos morirán por tu culpa».

Sentí frío en la espalda.

—¿Y después?

—Mara se marchó. Horas más tarde, Lyanna desapareció.

Miré la carta.

Mi padre no me había dicho que no buscara a Mara porque ella fuera peligrosa.

Me había dicho que no la buscara porque había traicionado a nuestra familia.

Y todavía no sabía si aquella traición había sido real, si Mara había cambiado de bando o si alguien había fabricado las pruebas para convertirla en culpable.

—Voy a encontrarla —dije.

Elena no intentó detenerme.

—Entonces no vayas sola.

La biblioteca de la mansión Blackthorn estaba casi vacía cuando entré.

Adrian me esperaba junto a una mesa, rodeado de documentos. Había pasado la mañana buscando información sobre Mara en los registros de los Guardianes.

—Encontré algo —dijo.

Colocó una hoja frente a mí.

Era una lista de los miembros que habían abandonado la organización durante los últimos veinte años.

El nombre de Mara Vale aparecía cerca del final.

Al lado había una fecha: diecisiete años atrás.

Y una anotación escrita con tinta roja.

DESERCIÓN. ACCESO REVOCADO.

—Esto no demuestra que traicionara a nadie —dije.

—Lo sé. Pero mira la fecha.

La noche de la desaparición de Lyanna.

Adrian señaló una segunda anotación al pie de la página.

Última autorización de acceso: archivo exterior, sector norte.

—¿Qué hay en el sector norte?

—Las antiguas casas de los Guardianes. La mayoría están abandonadas.

—¿Y Mara?

—Su última dirección registrada estaba cerca de allí.

Me quedé observando el documento.

—¿Por qué me ayudas?

Adrian dejó de ordenar los papeles.




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