—Ahora vais a descubrir por qué vuestra madre fingió estar muerta.
Las palabras de Seraphina quedaron suspendidas en el túnel como una sentencia.
A lo lejos, las botas de los hombres de Alistair golpeaban el suelo de piedra. Las órdenes se sucedían entre ecos.
—¡Cerrad todas las salidas! ¡Nadie abandona este lugar!
Alexander se adelantó, colocándose entre Seraphina y la entrada del pasadizo.
—Será mejor que empieces a hablar. Ahora.
Su tía no se inmutó.
—Si queréis respuestas, primero tendremos que salir vivos de aquí.
—No pienso seguir huyendo mientras todos jugáis con nuestras vidas —replicó Valeria.
El brazalete de su muñeca emitió un destello azul. La piedra parecía reaccionar a los pasos que se acercaban, como si reconociera algo que los demás todavía no podían ver.
Isabella permanecía inmóvil frente a la fotografía. Sus dedos temblaban alrededor del borde desgastado.
—¿Quiénes son esos bebés? —preguntó, señalando la imagen—. ¿Y por qué has dicho que mi madre perdió a otra hija?
Seraphina miró a Eleanor en la fotografía. Durante un instante, su expresión perdió toda dureza.
—Los tres bebés son Alexander, Adrian y Andrew. La imagen fue tomada poco después de su nacimiento. Eleanor los sostuvo creyendo que, a pesar de todo lo que Alistair estaba haciendo, sus hijos crecerían a salvo.
Adrian frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué tiene que ver esa fotografía con Isabella?
—Tiene que ver con lo que ocurrió después. —Seraphina volvió la imagen y señaló una inscripción casi borrada en el reverso—. Mirad la fecha.
Alexander tomó la fotografía.
—Esto fue hace más de veinte años.
—Exactamente. Mucho antes del nacimiento de Valeria e Isabella.
Andrew apretó la mandíbula.
—Deja de dar vueltas.
Seraphina respiró hondo.
—Eleanor tuvo otra hija antes de que nacierais vosotros. Una niña cuya existencia fue eliminada de los registros de la manada.
El silencio cayó sobre el grupo.
Adrian fue el primero en reaccionar.
—¿Nuestra madre tuvo una hija antes que nosotros?
—Sí.
—¿Y dónde está? —preguntó Alexander.
—Eso es lo que llevo años intentando averiguar.
Isabella soltó una risa breve, sin humor.
—Fantástico. Otra hija perdida, otro secreto familiar y otra persona que espera que aceptemos su versión de la historia.
—No espero que me creas —respondió Seraphina—. Espero que sobrevivas lo suficiente para conocer la verdad.
Un estruendo sacudió el túnel. Alguien había derribado una puerta al otro lado del muro.
Mateo se acercó a la entrada secundaria y escuchó.
—Tenemos menos de un minuto.
Valeria no apartó los ojos de Seraphina.
—¿Por qué Eleanor fingió su muerte?
La mujer bajó la mirada hacia la fotografía.
—Porque Alistair descubrió que su primera hija seguía viva.
Alexander se quedó rígido.
—Nuestro padre nos dijo que Eleanor había muerto por una enfermedad.
—Vuestro padre os dijo muchas cosas. —Seraphina alzó la cabeza—. Eleanor descubrió que Alistair estaba utilizando los registros de nacimiento para controlar a las familias que podían desafiarlo. Cuando encontró pruebas de que había ordenado borrar la identidad de su hija, intentó sacarla de la manada. Él la descubrió antes de que pudiera hacerlo.
—¿La mató? —preguntó Andrew, con la voz rota por una rabia que apenas podía contener.
—No lo sé. Eleanor nunca me lo dijo con claridad. Solo me pidió que, si alguna vez encontraba a la niña, no permitiera que Alistair se acercara a ella.
—¿Y después? —insistió Adrian.
—Después, Eleanor fingió su muerte. Alistair creyó que había eliminado el último obstáculo que podía exponerlo. Ella desapareció para seguir buscando a su hija y protegeros a vosotros tres.
Alexander apretó la fotografía hasta doblar una esquina.
Toda su vida había creído que su madre había muerto mientras él era demasiado pequeño para recordarla. Ahora descubría que quizá había pasado años buscándolos desde las sombras, mientras ellos crecían bajo la autoridad del hombre del que intentaba protegerlos.
—¿Por qué no volvió? —preguntó en voz baja.
Seraphina lo miró con una tristeza que no intentó disimular.
—Porque regresar habría significado entregar a Alistair todo lo que ella estaba intentando salvar.
Un golpe resonó detrás de ellos.
—¡Revisad el túnel!
Mateo desenfundó el cuchillo que llevaba oculto bajo la chaqueta.
—Se acabaron las preguntas. Tenemos que movernos.
—No —dijo Valeria.
Todos se volvieron hacia ella.
La joven levantó la muñeca. La piedra azul del brazalete brillaba con una intensidad que iluminaba las paredes.
—El archivo está reaccionando a algo. No es solo la fotografía.
Isabella miró su propio brazalete infantil. La pequeña pieza de plata, que hasta entonces apenas había respondido a sus intentos de activarla, comenzó a calentarse entre sus dedos.
Dos destellos aparecieron en el túnel: uno azul y otro plateado.
Entonces, la pared situada detrás de Seraphina se iluminó.
Surgieron líneas grabadas en la piedra, formando un árbol genealógico antiguo. En la parte superior aparecía el nombre de Eleanor Blackthorn. Debajo estaban los nombres de Alexander, Adrian y Andrew.
Más abajo, dos líneas habían sido raspadas con violencia.
Una conservaba parte de un nombre.
ISABELLA.
La otra estaba completamente cubierta por una capa oscura, como si alguien hubiera intentado borrar incluso la huella de sus letras.
Valeria sintió un escalofrío.
—Hay otra línea.
Seraphina asintió lentamente.
—La hija que Eleanor perdió antes de que nacierais vosotros.
—¿Y por qué el archivo no muestra su nombre? —preguntó Isabella.
—Porque alguien utilizó el sello de los Guardianes para borrar su identidad de todos los registros. No solo de los documentos oficiales. También de la memoria del archivo.