«La verdadera heredera de la quinta línea nació antes que Valeria Lyanna Vale».
Leí la frase una vez.
Después otra.
Las palabras no cambiaron. Seguían allí, escritas con tinta oscura sobre un papel amarillento, como si alguien hubiera esperado durante años a que yo las encontrara.
Debajo aparecía la segunda inscripción.
«Su nombre fue borrado por orden de su propia hermana».
—Esto tiene que ser una falsificación —dije.
No lo dije porque estuviera convencida, sino porque necesitaba escuchar una explicación que no destruyera todo lo que creía saber.
Gabriel examinó el papel bajo la luz de una lámpara.
—La tinta es antigua. No puedo confirmar todavía cuándo se escribió, pero no parece una falsificación reciente.
—¿Una hermana? —preguntó Andrew—. ¿Valeria tiene una hermana?
Nadie respondió.
Miré a Daniel.
Él estaba inmóvil, con la mirada clavada en la hoja. No parecía sorprendido de la misma manera que nosotros. Había algo más en su expresión: reconocimiento, quizá, o el miedo de quien encuentra una respuesta a una pregunta que lleva demasiado tiempo evitando.
—Papá —dije—. ¿Sabes algo?
Daniel levantó los ojos.
—No.
La respuesta llegó demasiado rápido.
—Mírame y vuelve a contestar.
Daniel apretó la mandíbula.
—No sé quién es esa mujer, Valeria. Pero conozco la historia de una niña cuyo nombre fue eliminado de los registros de la quinta línea.
Lucien se acercó.
—¿Qué niña?
Daniel respiró hondo.
—Antes de que nacieras, se hablaba de una descendiente de la quinta línea que había desaparecido. No era una historia oficial. La escuché de Silas Laurent, cuando todavía intentaba averiguar qué estaba haciendo el Consejo con los registros antiguos.
—¿Y qué decía Silas? —preguntó Gabriel.
—Que la niña había nacido antes que la última heredera conocida y que su existencia podía alterar el orden que el Consejo estaba intentando imponer.
Sentí un escalofrío.
—¿Por qué nunca me lo contaste?
Daniel bajó la cabeza.
—Porque no sabía si era verdad. Silas dejó de hablar del tema y, poco después, desapareció. Pensé que había encontrado información falsa o que alguien lo había amenazado para que guardara silencio.
—Siempre hay una razón para no contarme nada —dije.
No levanté la voz. Ya estaba cansada de gritar para conseguir respuestas.
Daniel recibió mis palabras sin defenderse.
—Lo sé. Y no voy a pedirte que aceptes otra explicación sin pruebas.
Volví a mirar la hoja.
Una hermana mayor.
Un nombre borrado.
Una orden de desaparición.
Y una frase que parecía señalarme como responsable de algo que, por mi edad, ni siquiera habría podido comprender.
—¿Quién escribió esto? —pregunté.
Gabriel dio vuelta al papel.
En el reverso había un símbolo: cinco líneas rodeando un pequeño círculo, con una marca vertical que lo atravesaba.
Mara, que había permanecido en silencio desde que encontramos el documento, palideció.
—Ese símbolo no pertenece a los guardianes.
Lucien la miró.
—¿Entonces a quién?
Mara tardó unos segundos en responder.
—A los custodios de sangre. Era un grupo anterior al Consejo, creado para proteger a los descendientes de la quinta línea cuando los primeros registros fueron destruidos.
Aurelian frunció el ceño.
—Creía que los custodios de sangre habían desaparecido antes de la fundación de las cuatro líneas.
—Eso es lo que dice la historia oficial —respondió Mara—. Pero si el símbolo aparece aquí, alguien conservó sus documentos.
—¿Y qué relación tenían con la heredera anterior a Valeria? —pregunté.
Mara no contestó.
En lugar de hacerlo, miró hacia la puerta.
—Tenemos que salir de esta cámara.
—Todavía no —dijo Gabriel—. La puerta se cerró desde fuera y alguien estuvo aquí con nosotros cuando las lámparas se apagaron. No voy a permitir que nos marchemos sin averiguar cómo ocurrió.
Andrew ya estaba examinando la pared.
—Hay una corriente de aire detrás de este estante.
Movió una caja y encontró una abertura estrecha. Alexander lo ayudó a retirar dos piedras, descubriendo un pasadizo que descendía hacia una galería lateral.
—No estaba en el plano de la fortaleza —dijo Adrian.
—Porque no formaba parte de ella —respondió Aurelian—. Estos túneles se construyeron antes de que levantaran las murallas actuales.
Gabriel guardó el registro en una funda.
—Podemos revisar el pasadizo después. Primero tenemos que abrir la puerta principal.
—¿Y si quien nos encerró sigue esperando al otro lado? —preguntó Andrew.
—Entonces averiguaremos quién es —contesté.
Me acerqué al mecanismo de la puerta y apoyé la mano sobre el símbolo central.
El fragmento de plata que llevaba al cuello se calentó.
Cinco líneas aparecieron sobre la piedra.
Una por una.
Después, el mecanismo emitió un sonido profundo y la puerta se abrió.
Al otro lado estaba Elena.
Tenía el cabello desordenado y una pequeña herida en la frente. Al verme, me tomó de los hombros y me examinó con desesperación.
—¿Estás bien?
—Sí. ¿Qué ha pasado?
Mi madre miró por encima de mi hombro, hacia el interior de la cámara.
—Alguien me golpeó cuando intenté abrir la puerta. Cuando recuperé el conocimiento, ya no había nadie en el corredor.
—¿Viste quién fue?
—No.
Me aparté ligeramente para mirarla.
—Mamá, ¿qué sabes de la hermana mayor?
Elena dejó de respirar durante un instante.
Fue una reacción pequeña, pero suficiente.
—¿Dónde encontraste ese nombre?
—No hay ningún nombre. Solo una nota que dice que existió una heredera antes que yo.
Elena cerró los ojos.
—No debías encontrar ese documento todavía.
Sentí que algo se rompía dentro de mí.
Otra vez.
Otra persona.