La Omega que los Tres Alfas Rechazaron

Capítulo 33: La sangre que mi padre ocultó

Capítulo 33: La sangre que mi padre ocultó

Todas las puertas del santuario se abrieron al mismo tiempo.

Un viento helado atravesó la cámara y apagó las últimas antorchas. Las letras grabadas en las paredes comenzaron a brillar, iluminando los rostros de quienes permanecían alrededor del libro.

Valeria apenas podía respirar.

La palabra BLACKWOOD seguía ardiendo sobre la página destruida.

—Papá… —repitió, mirando a Daniel—. Dime qué significa.

Daniel no respondió.

Tenía los ojos clavados en el libro y el rostro de un hombre que acababa de ver regresar una pesadilla que creía enterrada.

—Daniel —intervino Elias—. Ya no puedes ocultarlo.

El hombre que había criado a Valeria cerró los ojos.

—Nunca quise que llegara este momento.

—¿Qué momento? —preguntó ella—. ¿El de descubrir que todos me han mentido? ¿O el de descubrir que tú también lo hiciste?

La pregunta le dolió incluso antes de terminarla.

Daniel levantó la mirada.

—Yo jamás he mentido sobre lo que siento por ti.

—No te he preguntado eso.

El silencio que siguió fue más doloroso que cualquier confesión.

Alexander se acercó a Valeria, pero se detuvo antes de tocarla. Había aprendido, aunque demasiado tarde, que no podía decidir por ella cuándo necesitaba consuelo.

—Déjalo hablar —dijo con suavidad.

Valeria no apartó los ojos de Daniel.

—Adelante, papá. Estoy escuchando.

Daniel respiró profundamente.

—Cuando tu madre biológica te entregó a Elena, yo ya sabía que tu nacimiento estaba relacionado con un antiguo juramento. Pero no sabía que el archivo te reconocería como heredera. Creí que el brazalete solo contenía pruebas contra Alistair.

—Eso ya lo sé.

—Lo que no sabes es que, antes de que nacieras, yo pertenecía a una familia que los Guardianes habían borrado de sus registros.

Mateo frunció el ceño.

—¿La familia Blackwood?

Daniel asintió.

—Mi apellido no siempre fue Blackwood. Mi padre cambió nuestro nombre cuando descubrió que los Guardianes estaban buscando al último descendiente de la cuarta línea.

Adrian se acercó al libro.

—¿Y quién era ese descendiente?

Daniel miró a Valeria.

—Mi hermano mayor.

La revelación dejó a todos inmóviles.

—¿Tenías un hermano? —preguntó Valeria.

—Sí. Se llamaba Gabriel.

Daniel bajó la mirada hacia la página.

—Gabriel nació con una marca que el archivo reconoció desde el primer día. Cuando tenía seis años, unos hombres entraron en nuestra casa y se lo llevaron. Mi padre murió intentando impedirlo. Yo sobreviví porque mi madre me escondió bajo el suelo de la despensa.

—¿Quién se lo llevó? —preguntó Andrew.

—Nunca lo supe. Durante años pensé que Gabriel había muerto. Después encontré documentos que demostraban que había sido trasladado a una comunidad protegida por los Guardianes.

Elias apretó la mandíbula.

—Esa comunidad desapareció durante un incendio.

—Eso dijeron los registros —respondió Daniel—. Pero jamás encontraron todos los cuerpos.

Valeria sintió que las piezas se movían dentro de su cabeza.

—¿Crees que Gabriel sobrevivió?

Daniel negó lentamente.

—No lo sé. Lo único que sé es que, antes de desaparecer, mi hermano tenía la misma marca que acaba de aparecer en el archivo.

—Entonces, ¿por qué el libro te ha reconocido a ti como parte de la cuarta línea? —preguntó Isabella.

Daniel observó sus manos.

—Porque el vínculo no siempre se transmite de la manera que creemos. Mi hermano pudo haber sido el heredero original, pero yo fui quien recibió la responsabilidad de proteger a su descendencia.

—¿Y esa responsabilidad tiene algo que ver conmigo? —preguntó Valeria.

Daniel tardó demasiado en contestar.

—Sí.

Valeria sintió que el pecho se le cerraba.

—Explícamelo.

—Cuando Lyanna te entregó a Elena, me pidió que te protegiera de todos los que quisieran utilizar tu sangre. No me dijo que eras la única heredera. Me dijo que, si alguna vez el archivo despertaba, debía impedir que el cuarto vínculo fuera reconocido hasta que estuvieras preparada para conocer la verdad.

—¿Preparada según quién? —preguntó Valeria, con la voz temblorosa—. ¿Según tú? ¿Según Lyanna? ¿Según los Guardianes?

Daniel bajó la cabeza.

—Según nadie. Ese fue mi error. Creí que podía protegerte decidiendo qué verdades merecías conocer.

Valeria apartó la mirada.

Durante años había defendido a Daniel incluso cuando toda la manada lo acusaba de traición. Había confiado en él porque, aunque no compartieran sangre, jamás había dudado de que la amaba.

Ahora comprendía que el amor también podía convertirse en una prisión cuando alguien confundía proteger con controlar.

—No vuelvas a decidir por mí —dijo finalmente.

Daniel asintió, con lágrimas en los ojos.

—No lo haré.

Pero la cámara no les concedió más tiempo.

El libro comenzó a vibrar de nuevo.

Una línea plateada apareció sobre la página destruida y se extendió hasta el centro de la mesa. Después surgió un símbolo que ninguno había visto antes: cuatro círculos unidos alrededor de una luna.

Celeste dio un paso atrás.

—Ese es el sello de la cuarta familia.

—No —susurró Elias—. Es el sello del pacto original.

Las letras cambiaron.

EL CUARTO HEREDERO NO SERÁ ELEGIDO POR LA SANGRE, SINO POR EL ACTO QUE LA PROTEJA.

Adrian leyó la inscripción en voz alta.

—Entonces no se trata de encontrar a un descendiente.

—Se trata de descubrir quién ha mantenido vivo el juramento —concluyó Celeste.

Valeria miró a Daniel.

—¿Eso significa que tú eres el cuarto heredero?

—No necesariamente —respondió Elias—. Significa que el archivo reconoce su vínculo con la cuarta línea. La identidad del heredero todavía no está confirmada.

Alexander se volvió hacia el anciano.

—¿Qué necesitamos para confirmarla?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.