La Omega que los Tres Alfas Rechazaron

Capítulo 18: El secreto de Andrew Blackthorn

Capítulo 18: El secreto de Andrew Blackthorn

—Si abres esa caja, descubrirás por qué mi padre necesita que tu madre siga desaparecida.

La voz de Andrew resonó entre los árboles.

Me quedé inmóvil junto al arroyo, con la llave de plata apretada en el bolsillo y el corazón golpeándome el pecho.

Su ropa estaba manchada de barro. Tenía un corte en la ceja y sostenía una carta arrugada entre los dedos. El anillo negro brillaba en su mano derecha.

—¿Qué haces aquí? —pregunté.

—Intentaba encontrarte antes que los hombres de mi padre.

—¿Y cómo sabías que estaría aquí?

Andrew bajó la mirada hacia la carta.

—Porque recibí una orden para vigilar la casa de Mara.

Sentí un escalofrío.

—¿Tu padre te ordenó vigilarla?

—Hace tres días. Me dijo que una antigua guardiana podía tener información sobre los registros desaparecidos. No me explicó quién era ni qué buscaba exactamente.

—Pero aceptaste.

—Sí.

No intentó justificarse.

Eso hizo que mi enfado fuera todavía mayor.

—¿Sabías que estaban buscando a Mara para silenciarla?

—No. Lo descubrí esta noche, cuando escuché a los hombres hablar de llevarla a la mansión. Uno de ellos dijo que, si conseguían la llave, ya no necesitarían mantenerla con vida.

Miré hacia la casa.

A través de los árboles todavía se distinguía una luz, pero ya no escuchaba voces.

—¿Qué le ha pasado?

Andrew apretó la carta.

—No lo sé. Cuando llegué, los hombres de mi padre ya estaban entrando. Busqué otra manera de llegar hasta ti.

—¿Y esperas que crea que has venido a salvarme?

—No espero nada de ti, Valeria.

Sus ojos encontraron los míos.

—Sé lo que hice durante estos meses. Sé que te rechacé delante de toda la manada y que te dejé sola cuando más necesitabas ayuda. No puedo borrar eso. Pero tampoco voy a permitir que mi padre te convierta en otra de sus víctimas.

—No puedes decidir qué necesito.

—Lo sé.

—Entonces dime la verdad. ¿Qué significa ese anillo?

Andrew miró su mano como si acabara de recordar que lo llevaba puesto.

Se lo quitó y me lo mostró.

—Mi padre me lo entregó hace dos semanas. Me dijo que era una señal de confianza y que debía llevarlo cuando cumpliera determinadas órdenes en nombre de la familia.

—¿Qué órdenes?

—Vigilar los caminos, comprobar quién entraba en los archivos y averiguar si alguien había encontrado el registro de Lyanna.

Sentí que la sangre me hervía.

—¿Y aceptaste sin preguntar?

—Al principio, sí. Pensé que se trataba de asuntos relacionados con la seguridad de la manada. Después encontré una lista con tu nombre.

—¿Qué decía?

Andrew sacó otra hoja del interior de su chaqueta.

En ella aparecían varios nombres, fechas y anotaciones. El mío estaba marcado con tinta roja.

Debajo podía leerse:

HEREDERA IDENTIFICADA. BRAZALETE ACTIVO. IMPEDIR EL ACCESO AL SANTUARIO.

Más abajo aparecía otra instrucción:

Si el archivo se abre, trasladar a Daniel Blackwood antes de que pueda declarar ante el Consejo.

Levanté la mirada.

—¿Qué significa trasladarlo?

—No lo sé. Pero mi padre no quería que Daniel llegara a la próxima audiencia.

El papel tembló entre mis dedos.

Mi padre estaba en peligro.

Y el tiempo que nos quedaba para salvarlo podía ser mucho menor de lo que imaginaba.

—¿Por qué no me entregaste esta información antes?

Andrew guardó silencio unos segundos.

—Porque tenía miedo de enfrentarme a mi padre. Porque crecí creyendo que obedecerlo era lo mismo que proteger a mi familia. Y porque me convencí de que, mientras no conociera todos los detalles, no era responsable de lo que ocurría.

—Pero sí eras responsable de tus decisiones.

—Sí.

No bajó la mirada esta vez.

—Y voy a vivir con eso.

No había perdón en mis pensamientos. Tampoco quería que aquella conversación se convirtiera en otra escena donde Andrew confesara sus errores y yo terminara consolándolo.

Había asuntos mucho más urgentes.

—Enséñame la carta.

Andrew me la entregó.

El papel estaba húmedo y tenía una mancha oscura en una esquina. Reconocí el sello de la prisión.

La letra era de mi padre.

Andrew:

Si has encontrado esta carta, significa que Alistair te ha entregado el anillo negro y te ha ordenado vigilar a Valeria.

No sé qué te ha dicho tu padre. Pero sé que el anillo no representa confianza. Es una forma de identificar a quienes están dispuestos a obedecer órdenes sin conocer sus consecuencias.

Si todavía conservas una parte del muchacho que conoció a mi hija, ayúdala a llegar al santuario. Allí encontrará la prueba que necesita para demostrar mi inocencia.

No le pidas que confíe en ti. Dale motivos para decidir por sí misma.

Daniel Blackwood.

Leí la carta dos veces.

—¿Cómo llegó a tus manos?

—Uno de los guardias de la prisión me la entregó ayer. Mi padre no sabe que la tengo.

—¿Y por qué no me la diste inmediatamente?

Andrew apretó la mandíbula.

—Porque en ese momento todavía creía que podía resolverlo sin enfrentarme a él. Esta noche, cuando escuché lo que planeaban hacer con Mara, comprendí que no tenía más tiempo.

Guardé la carta junto a la llave.

No podía borrar sus errores, pero aquella información podía salvarle la vida a mi padre.

—Vamos al santuario —dije.

Andrew asintió.

—Te mostraré el camino.

—No. Tú caminarás delante, pero yo decidiré cuándo detenernos y qué hacer si encontramos a alguien.

—De acuerdo.

Comenzamos a avanzar entre los árboles.

Por primera vez, Andrew no intentó discutir mis instrucciones.

El sendero se estrechaba a medida que nos alejábamos del arroyo. Las raíces sobresalían de la tierra y las ramas bajas nos obligaban a caminar despacio.

El brazalete emitía destellos tenues cada vez que nos acercábamos a una piedra marcada con el símbolo de los Guardianes.




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