La Omega que los Tres Alfas Rechazaron

Capítulo extra 9: El latido de nuestro pequeño milagro

Capítulo extra 9: El latido de nuestro pequeño milagro

Habían pasado dos meses desde que Valeria descubrió que estaba embarazada.

La casa junto al lago había cambiado de una manera que ninguno de los cuatro habría imaginado. En la sala había libros sobre maternidad, en la cocina Andrew había colocado una lista de alimentos que Valeria debía tener disponibles y Adrian había comprado tantos juguetes que Alexander tuvo que recordarle que todavía no sabían si tendrían una niña o un niño.

Pero lo que más había cambiado era la forma en que los tres hermanos miraban a Valeria.

Alexander parecía convencido de que el mundo entero representaba un peligro potencial para ella.

Andrew había comenzado a planificar el futuro con una precisión extraordinaria.

Y Adrian…

Adrian hablaba con el bebé todas las noches.

—No me importa si todavía no puedes escucharme —decía mientras apoyaba una mano sobre el vientre de Valeria—. Quiero que sepas que tu papá favorito ya está aquí.

—¿Papá favorito? —preguntó Alexander desde la puerta.

Adrian levantó la cabeza.

—Por supuesto. Soy el más divertido.

—Todavía no ha nacido y ya estás intentando comprar su cariño —comentó Andrew.

Valeria soltó una carcajada desde la cama.

—Si siguen discutiendo, nuestro bebé va a nacer pensando que vive en un circo.

Adrian se llevó una mano al pecho.

—Un circo lleno de amor.

—Y de ruido —añadió Andrew.

Alexander se acercó a la cama, besó la frente de Valeria y se sentó junto a ella.

—¿Cómo te encuentras hoy?

—Mejor. Ya no tengo tantas náuseas.

Él sonrió, aliviado.

—Me alegra.

Valeria entrelazó sus dedos con los de Alexander.

—Pero necesito que dejen de preguntarme cada cinco minutos si estoy bien.

—Podemos hacerlo cada diez —propuso Adrian.

—Adrian.

—Está bien, está bien. Cada hora.

Andrew suspiró.

—Esto va a ser más difícil de organizar de lo que pensé.

Los cuatro rieron.

Y Valeria comprendió que, aunque el embarazo había traído incertidumbre, también había llenado su hogar de una felicidad nueva.

Sin embargo, todavía les esperaba una experiencia que ninguno olvidaría.

La primera vez que escucharían el corazón de su bebé.

La primera consulta de los cuatro

Aquella mañana, Valeria se despertó con una mezcla de emoción y nervios.

Tenía una cita para una ecografía, y por fin podrían comprobar cómo estaba creciendo el bebé.

Alexander ya estaba vestido cuando ella salió de la habitación.

Andrew llevaba una carpeta con los documentos médicos y una lista de preguntas.

Adrian sostenía una pequeña bolsa con agua y galletas.

Valeria se detuvo frente a ellos.

—¿Van a una consulta médica o a conquistar otro territorio?

Adrian sonrió.

—Estamos preparados para cualquier eventualidad.

—¿Qué eventualidad? —preguntó ella.

—No lo sé. Por eso estamos preparados.

Valeria negó con la cabeza, divertida.

—Solo necesito que me acompañen y que no conviertan la consulta en una reunión del Consejo.

Andrew guardó su lista en la carpeta.

—Prometemos intentarlo.

—Eso no me tranquiliza demasiado.

Alexander le ofreció la mano.

—Vamos, amor.

Valeria aceptó y los cuatro salieron de casa.

Durante el trayecto, Alexander condujo mientras Andrew repasaba los documentos. Adrian intentó distraer a Valeria contándole una historia sobre una vez que se perdió en el bosque siendo adolescente.

—¿Cómo puedes perderte en un bosque que conoces desde niño? —preguntó ella.

—Tenía una razón.

—¿Cuál?

—Estaba siguiendo una mariposa.

Andrew levantó la vista.

—Eso es mentira. Estabas intentando impresionar a una chica.

Adrian lo miró indignado.

—¡No tenías que revelar esa información!

Valeria se rio tanto que tuvo que apoyarse en el asiento.

Alexander la miró por el espejo retrovisor y sonrió.

Aquella risa era una de las cosas que más amaba de ella.

Había conocido a una Valeria que necesitaba defenderse de todos, que ocultaba sus lágrimas y que desconfiaba de cualquier mano extendida hacia ella.

Ahora seguía siendo fuerte, pero también se permitía reír sin mirar por encima del hombro.

Y él estaba agradecido de poder conocerla así.

Un sonido que cambió sus vidas

La consulta transcurrió con tranquilidad.

Después de las preguntas habituales y de comprobar cómo se encontraba Valeria, la profesional que la atendía preparó la ecografía.

Alexander permaneció a su lado, sujetándole la mano.

Andrew estaba tan concentrado en la pantalla que parecía temer perderse algún detalle.

Adrian, por una vez, no hacía bromas.

Valeria observó el monitor con el corazón acelerado.

Al principio no comprendió lo que veía. La imagen era pequeña, extraña y difícil de interpretar.

Entonces la profesional señaló una parte de la pantalla.

—Aquí está el bebé.

Valeria dejó escapar una exclamación ahogada.

—¿Ese… ese es nuestro bebé?

—Sí. Por lo que vemos hoy, el embarazo está evolucionando de manera adecuada para la etapa en la que te encuentras.

Alexander apretó su mano.

—Míralo, Valeria.

Ella no podía apartar los ojos de la pantalla.

Era tan pequeño.

Tan diminuto que le resultaba difícil comprender cómo alguien tan pequeño podía ocupar tanto espacio en su corazón.

Y entonces escucharon el sonido.

Un latido rápido, constante y delicado.

El corazón de su bebé.

Valeria se llevó la mano libre a la boca.

Las lágrimas comenzaron a correrle por las mejillas.

Alexander inclinó la cabeza, incapaz de ocultar su emoción. Andrew se quedó completamente inmóvil, con los ojos brillantes. Adrian se limpió una lágrima y después otra, aunque intentó disimularlo.

—Está ahí —susurró Adrian—. De verdad está ahí.

Andrew tragó saliva.

—Nuestro bebé tiene un corazón que late.




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