La Omega que los Tres Alfas Rechazaron

Capítulo extra 3: Esta vez, las reglas las pongo yo

Capítulo extra 3: Esta vez, las reglas las pongo yo

Dos meses después…

Valeria regresó al valle con las mejillas enrojecidas por el frío y una maleta que parecía contener piedras en lugar de ropa.

—La próxima vez que digas que quieres viajar sin un itinerario, recordaré estas tres semanas —declaró Lysandra mientras dejaba caer su equipaje en el suelo.

Valeria soltó una carcajada.

—Tú fuiste quien propuso cruzar aquella montaña.

—¡Porque el mapa decía que había un camino!

—Había un camino. Solo que estaba cubierto de nieve.

—Eso es un detalle insignificante.

—Casi te caes por un barranco.

—Pero no me caí.

Valeria negó con la cabeza, divertida.

Durante aquellas semanas habían visitado aldeas, conocido personas que jamás habían oído hablar de las antiguas líneas de sangre y descubierto que el mundo era mucho más grande que las tierras gobernadas por los Consejos.

También habían discutido, se habían perdido dos veces y habían terminado compartiendo una habitación cuando una tormenta les impidió continuar el viaje.

Había sido perfecto.

No porque todo saliera bien, sino porque ninguna de las dos tuvo que fingir ser alguien diferente.

Al llegar a la casa, encontraron a Daniel y Elena esperándolas en el jardín.

—¡Mis niñas! —exclamó Elena.

Valeria apenas tuvo tiempo de dejar la maleta antes de quedar envuelta en los brazos de su madre.

Daniel abrazó a Lysandra primero y luego se acercó a Valeria.

—¿Te divertiste?

—Muchísimo.

—¿Aprendiste algo?

Valeria fingió pensarlo.

—Que Lysandra no debe elegir las rutas.

—¡Te estoy escuchando! —protestó su hermana.

Daniel soltó una carcajada.

Durante la cena, Valeria contó historias del viaje. Habló de los mercados del norte, de una anciana que les enseñó a preparar pan y de una pequeña aldea donde los habitantes habían construido una biblioteca comunitaria.

Por primera vez, no tuvo que explicar cómo aquellas experiencias encajaban con su linaje.

Eran simplemente recuerdos suyos.

Sin embargo, cuando Elena mencionó que al día siguiente se celebraría una reunión entre las manadas, la conversación cambió.

—¿Qué clase de reunión? —preguntó Valeria.

—Una ceremonia para presentar las nuevas normas de los territorios —respondió Daniel—. Las familias principales quieren formalizar los cambios que se aprobaron después del juicio.

—¿Y qué tengo que ver yo?

Elena intercambió una mirada con Daniel.

Valeria dejó los cubiertos sobre la mesa.

—No me gusta esa mirada.

—No es nada malo —se apresuró a decir Elena—. Solo quieren invitarte a hablar.

—¿Hablar de qué?

—De la libertad de elección y de las nuevas protecciones para las personas que han perdido su posición dentro de una manada.

Valeria permaneció callada.

No le molestaba contar su historia si podía ayudar a otros. Lo que no quería era convertirse otra vez en un símbolo que los demás utilizaran para sus propios intereses.

—Puedo asistir —dijo finalmente—. Pero no voy a pronunciar un discurso escrito por el Consejo ni a sentarme en un trono para que todos finjan que ahora soy importante.

Daniel sonrió con orgullo.

—No esperábamos menos de ti.

—Y si alguien intenta llamarme heredera de la quinta línea, me marcharé.

—Eso también puedes decidirlo —respondió Elena.

Valeria volvió a tomar los cubiertos.

—Entonces iré.

No sabía que aquella reunión iba a cambiar algo que creía tener completamente bajo control.

La ceremonia se celebró en el gran salón de la antigua fortaleza Blackthorn.

Valeria llegó acompañada de Daniel, Elena y Lysandra. Llevaba un vestido oscuro de corte sencillo, sin joyas ceremoniales ni símbolos de ninguna familia.

El brazalete de piedra azul descansaba en su muñeca.

Al entrar, varias conversaciones se apagaron.

Algunos asistentes la miraron con respeto. Otros con curiosidad. Unos cuantos parecían decepcionados al descubrir que no llevaba una corona ni estaba acompañada por una guardia personal.

Valeria los ignoró.

No había viajado hasta allí para satisfacer sus expectativas.

Al otro extremo del salón estaban Alexander, Adrian y Andrew.

Los tres hermanos habían cambiado desde el juicio, aunque de maneras distintas.

Adrian conversaba con representantes de varias manadas, escuchando con atención sus propuestas. Andrew revisaba documentos junto a Gabriel Blackwood. Alexander permanecía cerca de la plataforma central, hablando con una mujer mayor que parecía estar cuestionando cada una de sus decisiones.

Cuando la vio entrar, Alexander hizo una breve inclinación de cabeza.

Valeria respondió del mismo modo.

No hubo acercamientos ni miradas prolongadas.

Y, curiosamente, aquella distancia le permitió sentirse cómoda.

—Han aprendido a comportarse —murmuró Lysandra.

—No empieces.

—Solo estoy observando.

—Observa en silencio.

—Eso es mucho más difícil.

Antes de que Valeria pudiera responder, Gabriel se acercó con una carpeta.

—Necesitamos confirmar algo contigo.

Ella miró los documentos.

—¿Qué sucede?

—El Consejo provisional ha recibido solicitudes de varias manadas que quieren convertir tu historia en parte de la formación de sus futuros líderes. No quieren divulgar tus secretos familiares, pero desean hablar de las decisiones que tomaste después del juicio.

Valeria frunció el ceño.

—¿Quieren utilizar mi historia como una lección?

—Quieren aprender de ella.

—Entonces pueden aprender de los errores que cometieron sin convertir mi vida en una ceremonia.

Gabriel asintió lentamente.

—Eso mismo les dije. Pero quieren escucharlo de ti.

Valeria tomó la carpeta y revisó la primera página. El texto describía su historia como la de una heredera que había superado la humillación y aceptado su destino.

Arrugó ligeramente el papel.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.