La Omega que los Tres Alfas Rechazaron

Capítulo 54: La caída del Consejo

Capítulo 54: La caída del Consejo

—Silas Laurent está vivo. Y viene hacia aquí.

La revelación de Mara hizo que todos guardaran silencio.

Valeria volvió a leer la tarjeta negra. La tinta plateada parecía absorber la luz de la lámpara, como si las palabras estuvieran escritas sobre una sombra.

—¿Cuándo recibiste este mensaje? —preguntó.

—Hace tres noches.

—¿Y por qué no nos lo dijiste antes?

Mara aceptó la pregunta sin intentar defenderse.

—Porque no sabía si era auténtico. Durante años creí que Silas me había utilizado para localizar a Lyanna y que después había desaparecido para evitar responder por sus actos. Cuando recibí esto, pensé que podía ser una trampa de Octavian.

—¿Y ahora? —preguntó Gabriel.

—Ahora sé que alguien está siguiendo nuestros pasos. Y si Silas está vivo, es el único que puede explicar por qué aparecen tantas firmas falsas en nuestros registros.

Lucien cerró el libro de la quinta línea.

—Entonces no iremos a buscarlo. Si quiere que lo encontremos, vendrá a nosotros. No volveremos a perseguir sombras mientras el Consejo decide cuál de nuestras familias destruirá después.

Valeria asintió.

—Primero vamos a terminar con Octavian.

Alexander la observó.

—Si Silas está detrás de las alteraciones, podría ser más peligroso que él.

—Lo sé. Pero Octavian todavía tiene hombres, órdenes de arresto y acceso a los archivos. Si no detenemos al Consejo ahora, Silas podrá seguir escondiéndose detrás de él.

—¿Y si Octavian intenta negociar contigo? —preguntó Adrian.

Valeria cerró la mano alrededor de la pieza plateada de su brazalete.

—Le ofreceré una oportunidad de decir la verdad delante de todos. Una sola. Después tendrá que responder por lo que hizo.

—No tienes que enfrentarte a él sin protección —dijo Alexander.

—No pienso hacerlo. Pero tampoco voy a esconderme detrás de ustedes.

Alexander inclinó la cabeza. Esta vez no discutió.

—Entonces iremos a tu lado. No delante de ti.

Era una diferencia pequeña, pero Valeria la notó.

—Eso es lo único que necesito.

La convocatoria llegó antes del anochecer.

Un mensajero del Consejo apareció en la entrada de la residencia con una capa gris y un documento sellado. Exigía la presencia de los cuatro herederos reconocidos, de Valeria Vale y de cualquier persona vinculada con la quinta línea en la fortaleza central.

La audiencia se celebraría esa misma noche.

Octavian había añadido una condición: todos debían presentarse desarmados.

Andrew soltó una carcajada sin humor al leerla.

—Claro. Que entremos sin armas en el lugar donde tienen a sus guardias, sus calabozos y todas las puertas bajo su control. ¿Qué podría salir mal?

—No vamos a aceptar sus condiciones —dijo Alexander.

Gabriel negó con la cabeza.

—Si rechazamos la convocatoria, Octavian afirmará que los herederos se niegan a someterse a un juicio legítimo. Necesitamos que la audiencia ocurra delante de testigos.

—Podemos presentarnos sin entregar nuestras armas —propuso Adrian—. Que sus propios guardias decidan si quieren detener a cuatro herederos, a dos representantes de la quinta línea y a todos los guardianes que conocen los documentos originales.

Lucien sonrió apenas.

—Empiezas a comprender cómo funciona el poder, muchacho. No siempre consiste en tener más fuerza. A veces consiste en obligar al otro a mostrar ante todos que su autoridad depende del miedo.

Valeria tomó el documento.

—Aceptaremos la audiencia. Pero llevaremos los registros originales, las órdenes alteradas y los testimonios de quienes fueron acusados injustamente.

—Octavian podría destruirlos al entrar —advirtió Eryon.

—Entonces haremos copias y las distribuiremos entre los representantes de los cuatro linajes antes de llegar a la fortaleza.

Gabriel ya estaba buscando pergaminos.

—Me encargaré de que cada representante reciba una copia. Si el Consejo intenta confiscar los documentos, todos sabrán lo que contienen.

Elena se acercó a Valeria y le acomodó el cuello de la capa.

—No tienes que demostrar tu valor esta noche.

Valeria tomó las manos de su madre.

—No voy para demostrarlo. Voy porque durante años otras personas decidieron qué podía saber, qué debía ocultar y a quién podía amar. No quiero que otra niña tenga que crecer creyendo que su vida pertenece a un Consejo.

Elena le acarició la mejilla.

—Entonces vuelve a casa cuando termine.

—Lo haré.

No era una promesa de victoria.

Era una promesa de regreso.

La fortaleza central estaba iluminada cuando llegaron.

En el patio aguardaban representantes de las cuatro líneas, guardianes de los archivos y miembros de los clanes que habían obedecido al Consejo durante generaciones. Algunos los miraban con temor; otros, con abierta hostilidad. Muchos parecían no saber qué pensar.

Octavian esperaba en lo alto de la escalinata.

Vestía de negro, con la insignia plateada del magistrado sobre el pecho. A su derecha se encontraban varios consejeros. A su izquierda, una fila de guardias armados.

—Valeria Lyanna Vale —anunció—. Has sido convocada para responder por la alteración de los registros, la apertura de archivos prohibidos y la colaboración con personas declaradas enemigas del Consejo.

Valeria subió los escalones sin apresurarse.

—Qué curioso. Pensé que hoy hablaríamos de las personas que alteraron esos registros.

Algunos murmullos recorrieron el patio.

Octavian no perdió la sonrisa.

—Tendrás oportunidad de presentar tus acusaciones. Pero antes debes reconocer la autoridad de esta audiencia.

—Reconozco el derecho de las personas a escuchar pruebas y decidir con libertad. No reconozco el derecho de un grupo a declararse dueño de todos los demás.

La sonrisa de Octavian desapareció por un instante.

—Sigues confundiendo independencia con anarquía.




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