Habían pasado varias semanas desde aquella primera ecografía que había cambiado la vida de Valeria y de sus tres compañeros.
La fotografía del bebé ocupaba un lugar especial en la sala. Cada vez que alguno de los cuatro pasaba frente a la estantería, terminaba deteniéndose para contemplarla.
Alexander decía que era porque quería asegurarse de que todo estuviera bien.
Andrew afirmaba que estaba comprobando las fechas de las próximas consultas.
Y Adrian ni siquiera intentaba disimular.
—Estoy admirando a mi futuro hijo —declaraba cada vez que lo descubrían mirando la fotografía.
—Todavía no sabemos si será niño o niña —le recordaba Andrew.
—Por eso digo «mi futuro hijo». Es una expresión de cariño, no una predicción.
Valeria se reía cada vez que comenzaban aquella discusión.
Sin embargo, había algo que los cuatro llevaban días esperando.
La próxima consulta permitiría conocer, si el bebé se encontraba en la posición adecuada y la evaluación lo permitía, si esperaban una niña o un niño.
Y ninguno conseguía ponerse de acuerdo sobre lo que prefería.
Tres alfas y una pregunta—Yo creo que será una niña —anunció Alexander durante el desayuno.
Valeria levantó la mirada de su taza.
—¿Por qué?
—No lo sé. Simplemente tengo esa sensación.
Adrian dejó su tostada sobre el plato.
—Yo creo que será un niño.
Andrew, que estaba leyendo una lista de compras, intervino sin levantar la cabeza.
—No tenemos información suficiente para hacer ninguna predicción fiable.
Adrian lo señaló.
—Por eso nadie te ha preguntado.
—Acabas de hacerlo indirectamente.
—Andrew, por favor, deja que tengamos una discusión familiar sin convertirla en una conferencia científica.
Valeria se echó a reír.
—¿Y tú qué quieres, Andrew?
Él dejó la lista sobre la mesa y la miró con seriedad.
—Quiero que esté sano y que tú también estés bien. Lo demás me dará igual.
La sonrisa de Valeria se suavizó.
Alexander le tomó la mano.
—Estoy de acuerdo. Pero admito que me hace ilusión imaginar una niña a la que pueda leerle cuentos.
—¿Y si es un niño? —preguntó Valeria.
—Le leeré cuentos igualmente.
Adrian levantó la mano.
—Yo quiero enseñarle a correr, nadar y contar chistes.
—Todavía no sabemos cuándo podrá hacer esas cosas —dijo Andrew.
—¿Podrías dejar de recordarnos que un bebé no nace sabiendo caminar?
Valeria rio tanto que tuvo que dejar la taza sobre la mesa.
—No puedo creer que ustedes tres vayan a ser padres.
Alexander se inclinó para besarle la frente.
—Nosotros tampoco podemos creer que vayamos a tener la suerte de acompañarte en esto.
Valeria lo miró con ternura.
Había aprendido que no necesitaba que los tres fueran iguales para sentirse amada. Alexander le daba una seguridad tranquila, Adrian llenaba sus días de alegría y Andrew sabía encontrar palabras sensatas cuando ella sentía que todo se volvía demasiado grande.
Los tres tenían defectos.
Los tres seguían aprendiendo.
Y los tres estaban construyendo aquel futuro con ella, sin intentar decidir por ella.
El día de la ecografíaAquella mañana, Valeria se despertó antes de que sonara la alarma.
Se quedó mirando el techo durante unos segundos, con una mano sobre su vientre.
—Hoy vamos a conocerte un poquito más —susurró.
Sonrió y se levantó.
Cuando llegó a la cocina, encontró a Andrew revisando los documentos de la consulta y a Adrian intentando preparar el desayuno sin quemar nada.
Alexander apareció poco después, con las llaves del automóvil en la mano.
—¿Lista?
Valeria respiró profundamente.
—Creo que sí.
Alexander notó los nervios en su expresión.
—¿Estás preocupada?
—Un poco. Quiero saber que todo está bien.
Él se acercó y le acarició la mejilla.
—Vamos a escuchar lo que nos diga la profesional. Estaremos contigo.
Valeria apoyó la frente contra su pecho durante unos segundos.
—Gracias.
—Siempre que tú quieras que estemos a tu lado —respondió él.
Adrian apareció con una bolsa de galletas.
—También traigo provisiones.
Andrew lo miró.
—La consulta no es una expedición de tres días.
—Nunca se sabe.
Valeria soltó una carcajada y tomó la mano de Alexander.
—Vamos antes de que Adrian empiece a empacar una tienda de campaña.
La sala de consulta estaba iluminada por una luz suave. Valeria se acomodó mientras la profesional preparaba el equipo y le explicaba el procedimiento.
Alexander permaneció junto a ella, sujetándole la mano. Andrew se sentó cerca, intentando no mirar el reloj. Adrian, por primera vez en mucho tiempo, parecía incapaz de encontrar una broma apropiada.
Cuando apareció la imagen en la pantalla, Valeria contuvo la respiración.
Allí estaba.
Su bebé.
Había crecido desde la primera ecografía, y ahora podían distinguir mejor su pequeña forma.
—Miren… —susurró Valeria.
Alexander se inclinó hacia la pantalla.
—Es increíble.
Andrew se quedó observando en silencio, con una emoción que no consiguió ocultar.
Adrian se llevó una mano a la boca.
—Hola, pequeño…
La profesional continuó la exploración y explicó que las imágenes disponibles permitían observar el desarrollo del bebé. Después de realizar las comprobaciones correspondientes, les indicó que, por la posición y lo que podía apreciarse en aquella consulta, parecía que esperaban una niña.
Valeria parpadeó.
—¿Una niña?
La profesional sonrió con cautela.
—Eso parece, aunque ninguna ecografía garantiza una certeza absoluta en todos los casos.
Durante un instante, ninguno de los cuatro reaccionó.
Después Adrian soltó un grito de alegría.
—¡UNA NIÑA!
Andrew se llevó ambas manos al rostro, riéndose.
—Adrian, estamos en una consulta médica.