Mujer de alquiler

Capítulo 7.1. Romántico

Capítulo 7.1. Romántico

La pareja paró a comprar algunos víveres más, ya que Sasha recordó que, con las prisas, se habían dejado atrás cosas imprescindibles. De camino a casa, ambos tarareaban a coro la canción de un grupo coreano.
– Sasha, soy tan feliz desde que apareciste en mi vida –soltó Vlad de repente, de la nada, justo después de apagar el motor en el aparcamiento del edificio.
– Y pensar que al principio ni querías dejarme entrar. Me exigías otro tipo de «hombre a domicilio» –le recriminó Sasha con una sonrisa.
– Estaba tonto.
– La autocrítica es una virtud –no se calló ella.
– Pero estoy aprendiendo.
– Venga, vamos arriba, que te prepare la cena. Como se entere mi madre de que sigues con hambre, me come viva.
– Podemos pedir algo a domicilio y nos ahorramos cocinar –sugerió Vlad.
– ¿Entonces para qué hemos comprado todo esto? ¿O es que tienes miedo de que te envenene?
– De tus manos me comería hasta el veneno.
– Me lo apunto –respondió Sasha, sintiendo cómo una cálida oleada le recorría el cuerpo ante sus palabras.
Subieron juntos en el ascensor hasta el piso. Sasha vació las bolsas y separó los ingredientes que iba a necesitar para la cena. Después, cada uno se retiró a su habitación para ponerse algo cómodo de andar por casa. Sasha barajó la opción de ponerse un vestido, incluso llegó a sacarlo de la maleta, pero recapacitó pensando que Vlad podría interpretarlo mal, así que optó por una camiseta vistosa y unos shorts.
La joven se puso manos a la obra con la cena mientras ponía música a un volumen moderado.
– Sube la música –le pidió Vlad al asomar por la cocina vistiendo ropa informal.
Sasha le dio un poco más de volumen a los altavoces y se puso a tararear y a bailar al ritmo de la canción.
– Báteme los huevos, por favor –le pidió Sasha, colocándole un plato por delante.
– ¿No te da miedo que los arruine?
– Hay más en la nevera. Si se te caen, tampoco pasa nada –lo tranquilizó ella.
– ¿Y esto para qué es?
– Para el postre.
– Miralas... Con que mimándome, ¿eh?
– Todavía no he hecho nada.
– ¿Y qué va a haber?
– Ya lo verás –le sonrió Sasha.
Cocinaron codo con codo. Vlad no solo intentaba seguirle el hilo con las canciones, sino que además imitaba los pasos de baile de la chica. En un momento dado, hasta se marcaron una coreografía improvisada. Cero sincronización, pero risas aseguradas. Sasha valoraba muchísimo ese interés por las cosas que a ella le entusiasmaban, mientras que Vlad se sentía inmensamente feliz al lado de aquel torbellino con forma de mujer.
Sasha terminó la cena en un abrir y cerrar de ojos y puso la mesa. De pronto, Vlad sacó de alguna parte unos candelabros con velas —él mismo se sorprendió de tenerlos por casa— y los encendió.
– Tendremos una cena romántica –anunció el hombre mientras prendía las mechas.
– Vaya, así que tenías una vena romántica oculta –comentó Sasha.
– Ni yo mismo me lo esperaba. Alekséy tenía razón: tú me estás cambiando.
– ¿Y no te gusta ese cambio? –preguntó Sasha con picardía.
– ¡Me encanta! –contestó Vlad sin vacilar.
El hombre sacó una botella de vino y se mostró de lo más galante. Sasha se descubrió a sí misma pensando que aquella era su primera velada romántica de verdad. No se podía considerar una cita al uso, al fin y al cabo estaban en la casa de su «falso prometido», pero ninguno de los chicos con los que había salido antes había hecho jamás algo semejante por ella.
Repasaron los planes para el día siguiente y charlaron de sus cosas en un ambiente de total sinceridad y confort.
– Yo recojo la mesa y friego los platos –se ofreció Vlad al acabar de cenar.
– Me estás asustando. ¿De verdad existen hombres tan perfectos? –le soltó Sasha, consiguiendo que esta vez fuera él quien se sonrojara. Menos mal que la única luz que había era la de las velas y la chica no alcanzaba a verle las mejillas coloradas ni el brillo desatado de sus ojos.
Sasha se levantó de la mesa para echarle una mano con la vajilla cuando su teléfono empezó a sonar. Miró la pantalla y se le encogió el estómago.
– OU... –masculló Sasha antes de descolgar–. ¡Hola, abuela! Qué alegría oír tu voz.
– ¡Sí, tanta alegría que ni te dignaste a contarme nada de tu novio! –le recriminó la anciana hecha una furia, mientras Sasha se llevaba una mano a la frente al comprender que las noticias ya habían llegado hasta su abuela.
– Mira que te lo advierto, me da igual lo que tengas planeado, pero este fin de semana os esperamos por aquí. Si no venís vosotros, voy yo misma. Alekséy ya me ha dado la dirección: calle Mirna, número cinco, piso treinta y seis –le soltó la abuela sin Piedad, obligando a Sasha a mirar a Vlad.
A este paso les iba a tocar pasar por el aro y visitar a los abuelos, porque si se presentaban allí en persona, iban a hacer añicos la mentira del compromiso en cero coma.




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