Mujer de alquiler

Capítulo 13. Los parientes

Capítulo 13. Los parientes

Capítulo 13. Los parientes

Ambas parejas ocuparon sus asientos a la mesa y les dio tiempo a pedir la comida antes de que hicieran acto de presencia los padres y los hermanos de Sasha.
— Bueno, luego te cuento los pormenores con calma. Que ya estoy en el restaurante con la familia —concluyó Alla Stepánovna su conversación telefónica antes de tomar asiento—. ¡Enhorabuena, chicos! ¡Pero qué gran noticia, qué alegría tan inmensa! ¡Dos bodas de golpe!
— Bueno, por ahora la boda es solo la de Alekséi; nosotros esperaremos un poco todavía —puntualizó Sasha.
— Hombre, si vas a andar paseándote delante de Vlad con ese pijama y durmiendo con él en la misma cama, la boda no se va a hacer esperar mucho —añadió Alekséi metiendo la cuchara. Para que luego una se moleste en echarle una mano.
— ¡¿Cómo que en la misma cama?! —se escandalizó Alla Stepánovna.
— Como lo oye. Lo vi con mis propios ojos —apostilló el bocazas del Pepinillo. ¡Habría sido muchísimo mejor que se hubiera quedado a dormir en la estación!
— Como vuelva a dejarte cruzar el umbral de mi casa... —le siseó Sasha entre dientes.
— A ver, chicos, que yo no me opongo a nada, solo os pido que os organicéis para no hacer coincidir las cosas. Estaré encantada de tener nietos, pero por favor, ¡no los dos de golpe!
— Alla Stepánovna, usted es una mujer con una energía e iniciativa admirables; estoy convencido de que apañaría perfectamente incluso con cinco —le dedicó Vlad un cumplido, haciendo que a la mujer se le mudara el color de la cara.
— Alla, ¿de qué te asustas? Si sacamos adelante a nuestros tres hijos, ¡bien podremos criar a los nietos! —intervino el padre de Sasha.
— Pero a ver, ¿de verdad le has regalado un anillo a Olya? —quiso cerciorarse Alla Stepánovna. No fuera a ser que todo fuera una broma pesada después de haberle pregonado a media ciudad y a toda la provincia que tenía dos bodas a la vista.
— Mire —dijo Olya, mostrándole el dedo con la joya.
— Pero qué divinidad... Y se nota que es caro... —dijo la mujer contemplando la pieza antes de dirigir la mirada a su hijo. ¿De verdad semejante maravilla la había elegido él solo?
— Claro que sí, es que yo entiendo de alta joyería —presumió Alekséi, haciendo que Sasha casi se atragantara con el buche de vino. ¡Será embustero el tío!
— Quién lo diría... —masculló Sasha por lo bajo, pero Vlad le tomó la mano con ternura y le dedicó una mirada serena. Hay que reconocer que sabía cómo calmarla. Menudo golpe de suerte tuvo el Pepinillo de tener a Vlad cerca, porque si no, ella misma habría aireado allí mismo quién tenía buen gusto de verdad.
— Os reíais todos de mí diciendo que por ser el hijo menor era el tonto del cuento, pero mirad qué princesita me he agenciado. A ver, ¿y vosotros qué? —soltó Alekséi henchido de orgullo.
— ¿Y a dónde piensas llevarte a vivir a tu futura esposa? —encontró qué responder Ostap—. ¿A nuestra habitación a hacer de cuarta persona? ¿O vas a irte a vivir de gorra al piso que le compraron a Olya sus padres?
— La verdad es que has tenido una suerte loca con la princesa, pero de momento sigues siendo el sapo del cuento —añadió Oleg.
— Bueno, ¿por qué os tiráis todos al cuello de Alekséi? Ya tendrá su propio techo. Ahora se pondrá a trabajar duro para sufragar los gastos de la boda —salió Vlad en defensa del Pepinillo.
— Sashka, no sueltes a este hombre por nada del mundo. ¿Quién si no iba a tener paciencia para aguantar tu genio? —le aconsejó Alekséi.
— Aleksa, Olya es mi mejor amiga. No es precisamente semejante calvario lo que le desearía para su vida. Pero como le toque un solo pelo... —empezó a amenazar Sasha.
— Por favor, hermanita, si has hecho conmigo tantos experimentos a lo largo de los años que mi organismo ya es inmune a tu toxicidad y a tu desbordante fantasía.
— ¡¿Toxicidad?! —se encendió Sasha al instante.

— Alekséi ha dicho «fantástica creatividad» —improvisó Vlad al vuelo, viendo cómo su chica empezaba a echar chispas.
La velada transcurrió en un ambiente entrañable y muy divertido. Por supuesto, no faltaron las pullas habituales entre hermanos, pero Vlad y Olya hacían todo lo posible por embridar el orgullo desmedido de sus respectivas parejas. ¡Por algo eran familia!
Cuando Vlad bajó del coche para despedir a Olya y a Alekséi, el Pepinillo le desizó disimuladamente un taco de billetes en la mano a Vlad y le dijo en voz muy baja para que las chicas no escucharan:
— Gracias por salvarme el pellejo con lo del anillo. Y por todo lo demás. Te digo una cosa: si yo fuera mujer, ni de coña le dejaba a Sashka quedarse contigo —confesó Alekséi con total sinceridad.
— No, no, prefiero que sigas siendo hombre —sonrió Vlad. Tiempo atrás le entristecía enormemente no haber tenido hermanos, pero acababa de comprender que la pintoresca familia de Sasha le compensaba esa carencia con creces.
Más tarde, Vlad se daría cuenta de que Alekséi ni siquiera le había devuelto la mitad del valor real del anillo, pero... ¿qué no haría uno por ELLA? Al fin y al cabo, ya eran parientes...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.