Mujer de alquiler

Capítulo 8.1. ¡Qué suerte ha tenido!

Capítulo 8.1. ¡Qué suerte ha tenido!

– ¡Oh, ya han llegado los chicos! –exclamó Alla Stepánovna abriendo la puerta de par en par–. ¡Nikolay, mira nada más qué guapa está nuestra Sasha!
Sasha entró la primera en el piso cargando con la tarta, pues consideró que quedaba mejor si era Vlad quien le entregaba los flores en mano.
– Buenas tardes, Alla Stepánovna –saludó Vlad, tendiéndole el ramo.
– ¡Dios mío, pero qué preciosidad! –exclamó la madre de Sasha cogiendo las flores con devoción–. Nikolay, ¿dónde te has metido? ¡Ven aquí al momento! Mira qué ramo me ha regalado mi futuro yerno.
– Bueno, de momento futuro... –masculló el padre apareciendo por el pasillo–. Buenas tardes –saludó estrechándole la mano a Vlad.
– Buenas tardes. Esto es para su colección –dijo Vlad entregándole una bolsa de regalo con los patitos dentro.
– Gracias –respondió el padre de Sasha echando un vistazo al interior. La ilusión fue tal que dio un brinco de alegría–. ¡El pato Batman! Llevaba buscándolo por todas partes. Gracias, yerno, has dado en el clavo pero bien –celebraba el hombre el obsequio como si fuera un niño chico.
– ¿Yerno? –le pinchó Alla a su marido, que seguía embelesado mirando el ramo.
– Buenas tardes –saludó Alekséy. El verde de la cara ya se le había quitado del todo, aunque bajo la ropa aún asomaban algunas manchas–. Vaya, ¿empezamos ya con los sobornos?
– Hola, lumbreras. Venga, no te pongas tontito, que a ti no te va a sobornar ni el Tato –le cortó Sasha a su hermano.
– Yo no tengo precio –replicó Alekséy con suficiencia.
– ¡A ver quién iba a querer comprarte! –le sopló Sasha poniendo los ojos en blanco.
– ¡Se acabó! ¡Basta ya los dos! Como sigáis así nos dan las uvas discutiendo, y todavía tenemos que ir al restaurante –cortó por lo sano Alla Stepánovna.
En ese momento salieron de la habitación Ostap y Oleg para saludar a Vlad.
– A ver: las flores ya están en los jarrones y la tarta en la nevera –enumeró la mujer pasando revista a sus propias tareas.
– ¿Tarta? –se relamió Alekséy, que era más goloso que un oso.
– Esa no es para ti –le sacó la lengua Sasha–. Como tú «no tienes precio»...
– Ay, qué gran idea tuviste al mudarte. ¡Qué paz sin ti por casa! –protestó Alekséy.
– ¡Sasha, ni caso! –se apresuró a intervenir Oleg.
– ¡Si nos ha estado volviendo locos para que te llamáramos y te preguntáramos cómo estabais, porque a él le daba vergüenza marcar el número! –añadió Ostap destapando a su hermano.
– ¡Chivatos de moflete! –se indignó Alekséy.
– Venga, ya está bien, ¿estamos todos listos? Vámonos. ¡Ay, no! ¡Sentaos todos un momento antes de salir! –mandó la mujer sentándose en una silla.
– Si nosotros no nos vamos a ninguna parte –bufó Alekséy.
– Estamos mandando a nuestra Sasha hacia una nueva vida. ¡Mira tú qué contestón nos ha salido! ¡Habiendo criado un bicho así... Siéntate! –le regañó su madre.
No habían terminado de sentarse todos cuando Alla Stepánovna se levantó de un salto.
– Arriba, se nos hace tarde –apremió a la familia entera, pues sabía de sobra que a esa misma hora la comadre Zinka tenía que estar volviendo de trabajar. ¡Ya podía ir enterándose de qué pedazo de yerno le había tocado a su Sasha y lo mona que iba!
Tal y como Alla Stepánovna había planeado con precisión milimétrica, la comadre y el resto del comité de vigilancia del portal ocupaban sus puestos habituales, comentando el ramo que llevaba Vlad y lo requetebién que se había portado la suerte con Alla.
– Ay, oigan, ¿y a dónde van todos tan arreglados? –preguntó Zina al ver al clan Sribny al completo, con la comadre luciendo un peinado de peluquería, maquillaje impecable y manicura de infarto (¡para algo se había pasado Alla medio día en el salón de belleza!).
– Al restaurante –respondió Alla con aire atareado–. Perdona, pero vamos con el tiempo pegado al aspersor. Todo reservado y no queda bien llegar tarde.
Todas las vecinas despidieron a los Sribny con la mirada desde la escalinata hasta los coches, observando cómo se repartían los asientos. La madre de Sasha se subió al coche de Vlad junto a su hija, mientras los chicos se acoplaban en el utilitario del padre.
– Hay que ver qué suerte ha tenido Alla. Menudo partidazo de yerno.
– ¡Y con pasta!
– ¡Y educado!
– ¡Y generoso!
– Y encima guapo... –se deshacían en elogios las abuelas, que no habían olvidado quién les había soplado el truco para medirse la tensión en la farmacia ni quién las había invitado a chocolatinas «Paraíso». En cuestión de minutos, Vladito se había convertido en el hombre número uno del barrio entero. ¡Vaya potra había tenido la Sasha! ¡Pero qué potra!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.