Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 61

Capítulo 61

La verdad que nos faltaba

El automóvil avanzaba por la carretera mientras Marla sostenía la fotografía contra su pecho.

Noah conducía en silencio.

Ninguno sabía qué decir.

Habían pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo.

La primera carta.

La brújula.

Sus abuelos.

La fotografía de cuando eran niños.

Las amenazas.

Y ahora aquella casa.

Marla miró por la ventana.

—Noah.

—¿Sí?

—Quiero terminar con esto.

Él la miró brevemente.

—Yo también.

—No quiero seguir viviendo con miedo.

—No tendrás que hacerlo.

Noah tomó una decisión.

—Vamos a volver al lugar donde comenzó todo.

—¿La cafetería?

—Sí.

Cuando llegaron, el lugar estaba prácticamente vacío.

Noah llevó consigo todos los documentos.

Marla puso sobre la mesa la fotografía de ambos siendo niños.

—Mira.

Había un pequeño detalle que no habían notado.

En la esquina de la fotografía aparecía un hombre.

El mismo hombre que había aparecido en varias fotografías antiguas.

No era el abuelo de Noah.

Tampoco era alguien de la familia de Marla.

Era un socio de ambas familias.

—¿Quién es? —preguntó Marla.

Noah revisó los documentos.

Después encontró un nombre.

—Gabriel Ferrer.

Marla frunció el ceño.

—¿Lo conoces?

—Sí.

Hizo una pausa.

—Fue el antiguo socio de mi abuelo.

Noah continuó revisando los papeles.

—Y también trabajó con tu familia.

Marla sintió un escalofrío.

—Entonces él sabía de nosotros.

—Probablemente.

En ese momento, la puerta de la cafetería se abrió.

Ambos levantaron la mirada.

Un hombre mayor entró lentamente.

Noah se puso de pie.

—Gabriel.

Marla sintió que el corazón se le aceleraba.

El hombre sonrió tristemente.

—Sabía que terminarían encontrando el camino.

Noah dio un paso adelante.

—¿Fuiste tú?

Gabriel negó.

—Nunca quise hacerles daño.

—Entonces, ¿por qué nos siguieron?

—Porque necesitaba que descubrieran la verdad antes de que alguien más la encontrara.

Marla intervino.

—¿Qué verdad?

Gabriel se sentó.

—Sus abuelos eran amigos.

No solamente socios.

Amigos.

Trabajaron juntos durante muchos años.

Pero descubrieron que uno de sus socios estaba robando dinero y utilizando los negocios familiares para actividades ilegales.

Noah apretó la mandíbula.

—¿Quién?

Gabriel lo miró.

—El hombre que después intentó controlar todo.

—¿Mi tío?

Gabriel asintió.

Marla abrió los ojos.

—¿Él estaba detrás de todo?

—Sí.

Gabriel continuó:

—Cuando sus abuelos descubrieron lo que ocurría, decidieron separarse de los negocios.

Pero antes de poder hacerlo, fueron amenazados.

Por eso dejaron documentos escondidos.

Y por eso crearon la historia de la brújula.

Noah miró a Marla.

—¿Y nosotros?

Gabriel sonrió.

—Ustedes se conocieron cuando eran niños.

Sus familias querían que crecieran teniendo una relación cercana.

Pero después todo cambió.

Se separaron.

Y ninguno recordó al otro.

Marla sintió lágrimas en los ojos.

—Entonces nuestras cartas...

—No fueron organizadas por nosotros.

Gabriel negó.

—Eso fue una coincidencia.

Y quizá la coincidencia más hermosa de todas.

Noah se quedó en silencio.

Toda su vida había pensado que su familia estaba condenada a repetir los mismos errores.

Ahora comprendía que la verdad había estado escondida durante años.

Gabriel colocó una última carpeta sobre la mesa.

—Aquí están todas las pruebas.

Noah la abrió.

Documentos.

Transferencias.

Contratos.

Nombres.

Todo estaba allí.

La evidencia suficiente para terminar con aquel problema legalmente.

—¿Por qué no entregaste esto antes? —preguntó Noah.

Gabriel bajó la mirada.




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