Capítulo 66 — Una sorpresa para ti
Durante los días siguientes, Noah estuvo diferente.
No de una manera que me preocupara.
Era más bien... distraído.
A veces estaba conmigo y parecía estar pensando en otra cosa. Revisaba el teléfono, sonreía para sí mismo y después lo guardaba rápidamente cuando yo intentaba mirar.
La primera vez no le di importancia.
La segunda, levanté una ceja.
La tercera, decidí preguntarle.
—¿Qué escondes?
Noah levantó la mirada.
—Nada.
—Mentiroso.
—No estoy mintiendo.
—Entonces enséñame el teléfono.
Lo miró.
Después me miró a mí.
—Eso no.
—¡Ajá!
Me crucé de brazos.
—Definitivamente estás escondiendo algo.
Él comenzó a reír.
—No es nada malo.
—Eso es exactamente lo que diría alguien que está escondiendo algo.
Se acercó y me rodeó la cintura.
—Confía en mí.
—Confío en ti.
—Entonces espera.
—No me gusta esperar.
—Lo sé.
Me dio un beso en la frente.
—Pero esta vez tendrás que hacerlo.
—¿Cuánto?
—Un poquito.
—¿Qué significa "un poquito"?
—Pronto.
—Noah.
—Marla.
Lo miré con los ojos entrecerrados.
Él sonrió.
—Eres adorable cuando estás curiosa.
—No cambies de tema.
—Demasiado tarde.
Me besó rápidamente y salió de la habitación antes de que pudiera detenerlo.
Me quedé mirándolo.
—¡Eso no cuenta!
Desde el pasillo escuché su risa.
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Dos días después, me pidió que me preparara temprano.
—¿Otra sorpresa?
—Sí.
—¿Puedo saber esta vez qué debo ponerme?
—Algo cómodo.
—¿Formal?
—No.
—¿Deportivo?
—Tampoco.
—No ayudas.
—Solo confía en mí.
Terminé poniéndome algo sencillo.
Cuando salí, Noah estaba esperándome.
Me observó de arriba abajo.
—Perfecta.
—Eso dices siempre.
—Porque siempre es verdad.
Negué con la cabeza mientras sonreía.
—Vamos.
El trayecto fue tranquilo.
Noah no quiso decirme adónde íbamos.
Pero esta vez decidí no insistir.
Después de todo, había aprendido que las sorpresas de Noah casi siempre terminaban haciéndome sonreír.
Cuando llegamos, reconocí el lugar.
Era el mirador donde habíamos ido después de que todo terminara.
Me quedé mirando alrededor.
—¿Aquí?
—Aquí.
—Pensé que nunca volveríamos.
—Yo también.
Bajamos del automóvil.
El lugar estaba prácticamente vacío.
El cielo comenzaba a cambiar de color y la ciudad se veía a lo lejos.
Noah tomó mi mano.
Caminamos hasta el mismo punto donde habíamos estado aquella noche.
—¿Recuerdas lo que hablamos aquí? —preguntó.
—Sí.
—Dijimos que queríamos una vida tranquila.
—Sí.
—Que queríamos dejar atrás todo lo que había pasado.
—Lo recuerdo.
Se quedó mirándome.
—Y lo hicimos.
Sonreí.
—Sí.
—Pero creo que nos faltó algo.
—¿Qué?
No respondió.
En cambio, sacó de su bolsillo una pequeña fotografía.
Me la entregó.
La reconocí inmediatamente.
Era la fotografía que habíamos tomado frente a la librería.
La miré sorprendida.
—¿La imprimiste?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque quería tenerla.
Sonreí.
—Podías guardarla en el teléfono.
—No es lo mismo.
Le di la vuelta.
En la parte posterior había una frase escrita a mano.
"Primeros recuerdos de una vida que todavía no hemos terminado de escribir."
Sentí un pequeño nudo en la garganta.
—Noah...
—Es verdad.
Me tomó suavemente de la mano.
—Hemos pasado por demasiadas cosas.
—Sí.
—Y durante mucho tiempo pensé que nuestra historia estaría marcada por todo eso.
Hizo una pausa.
—Pero ahora quiero que esté marcada por nosotros.