Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 69

Capítulo 69 — El día que dijimos sí

Nunca había entendido por qué las personas decían que el día de su boda pasaba demasiado rápido.

Hasta ese momento.

Abrí los ojos antes de que sonara la alarma.

Me quedé mirando el techo.

Durante unos segundos no recordé qué día era.

Entonces vi el vestido colgado frente a mí.

Y todo volvió de golpe.

La boda.

Hoy era el día.

Me senté en la cama.

—Hoy me caso.

Lo dije en voz baja.

Después sonreí.

—Hoy me caso.

La segunda vez sonó todavía más real.

Tomé mi teléfono.

Tenía varios mensajes.

Entre ellos, uno de Noah.

Noah: Buenos días, futura esposa.

Sonreí.

Yo: Buenos días, futuro esposo.

Otro mensaje apareció inmediatamente.

Noah: ¿Estás nerviosa?

Pensé unos segundos.

Yo: Muchísimo.

Noah: Yo también.

Yo: ¿Dormiste?

Noah: Poco.

Yo: ¿Por qué?

Noah: Porque no dejaba de pensar en ti caminando hacia mí.

Me quedé mirando la pantalla.

Sentí las mejillas calientes.

Yo: No me hagas llorar antes de maquillarme.

Noah: Entonces guardaré el resto para cuando te vea.

Sonreí.

Yo: Te amo.

Noah: Te amo más.

Dejé el teléfono sobre la cama.

Respiré profundamente.

Era real.

---

Las horas siguientes fueron un caos.

Personas entrando y saliendo.

Maquillaje.

Cabello.

Vestido.

Flores.

Fotografías.

Preguntas.

—¿Ya comiste?

—No.

—¡Tienes que comer!

—No puedo.

—Marla.

—Estoy nerviosa.

Alguien me puso un plato delante.

—Come.

Miré el plato.

—No puedo.

—Solo un poco.

Tomé un pequeño bocado.

—¿Contenta?

—Sí.

—Perfecto.

Cinco minutos después alguien volvió a preguntarme:

—¿Ya comiste?

Cerré los ojos.

—¡Sí!

Todos comenzaron a reír.

—Perdón.

Me llevé una mano al rostro.

—Estoy nerviosa.

Y lo estaba.

Pero no era miedo.

Era emoción.

Cuando finalmente llegó el momento de ponerme el vestido, sentí que todo se volvía más silencioso.

Me miré al espejo.

No parecía la misma chica que había comenzado aquella historia escribiendo una carta.

Pero seguía siendo yo.

La misma que se reía por cualquier cosa.

La misma que soñaba demasiado.

La misma que quería viajar, escribir y conocer el mundo.

Solo que ahora llevaba un anillo en la mano.

Y esperaba casarse con el hombre que había cambiado su manera de imaginar el futuro.

Una de las personas que estaba conmigo se acercó.

—Estás preciosa.

Sonreí.

—Tengo miedo de llorar.

—Vas a llorar.

—Gracias por la confianza.

Nos reímos.

---

Mientras tanto, Noah esperaba.

Llevaba un traje elegante.

Pero estaba más nervioso que nunca.

Uno de sus amigos se acercó.

—¿Estás listo?

—Sí.

—No pareces.

—Estoy listo.

—Estás caminando de un lado a otro.

Noah se detuvo.

—Estoy pensando.

—¿En qué?

Sonrió.

—En ella.

Su amigo negó con la cabeza.




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