Capítulo 62
Ahora sí, nosotros
Por primera vez en mucho tiempo, Marla despertó sin revisar el teléfono buscando mensajes desconocidos.
No había fotografías.
No había amenazas.
No había llamadas extrañas.
Solo había un mensaje de Noah.
Noah:
Buenos días, preciosa. ¿Dormiste bien?
Marla sonrió antes de responder.
Marla:
Sí. Y por primera vez no tuve ninguna pesadilla.
La respuesta llegó casi inmediatamente.
Noah:
Entonces hoy pienso hacer todo lo posible para que tengas un día bonito.
Marla mordió suavemente su labio.
Marla:
¿Eso es una promesa?
Noah:
Es una advertencia.
Ella soltó una carcajada.
Después de todo lo que habían vivido, volver a recibir mensajes así se sentía extraño.
Pero bonito.
Muy bonito.
A media mañana, Noah apareció frente a ella con un pequeño ramo de flores.
Marla abrió la puerta y se quedó mirándolo.
—¿Qué haces aquí?
—Te dije que quería hacerte sonreír.
Le entregó las flores.
—Son para ti.
Marla las tomó.
—Son preciosas.
—No tanto como tú.
Ella negó con la cabeza.
—¿Otra vez con tus frases?
—Ahora que no tenemos problemas, necesito encontrar nuevas formas de molestarte.
—¿Molestarme?
—Sí.
Noah sonrió.
—Quiero que te acostumbres a tenerme cerca.
Marla lo miró durante unos segundos.
—Creo que ya me acostumbré.
Él se acercó.
—Entonces estamos bien.
Salieron a caminar sin ningún destino concreto.
Y eso era precisamente lo que Marla necesitaba.
No tenían que esconderse.
No tenían que mirar detrás de ellos.
Podían simplemente caminar.
Hablar.
Reír.
Disfrutar.
Entraron a una cafetería pequeña.
Noah pidió su bebida favorita.
Marla lo miró sorprendida.
—¿Todavía recuerdas cuál me gusta?
—Recuerdo muchas cosas de ti.
—¿Como qué?
Noah comenzó a enumerar:
—Que te gusta escribir.
—Eso es fácil.
—Que cuando estás nerviosa juegas con tus dedos.
Marla dejó de sonreír.
—Eso no lo sabía.
—Yo sí.
—¿Qué más?
—Que sonríes antes de decir algo que te da vergüenza.
—No hago eso.
—Lo acabas de hacer.
Marla soltó una carcajada.
—Eres insoportable.
—Pero me quieres.
Ella lo miró.
—Sí.
La respuesta fue tan sencilla que Noah se quedó callado.
Marla sonrió.
—Te quiero.
Él tomó su mano sobre la mesa.
—Dilo otra vez.
—No.
—¿Por qué?
—Porque ahora vas a acostumbrarte.
—Ese es el plan.
Después de la cafetería caminaron hasta el parque.
Se sentaron en una banca.
Marla apoyó la cabeza sobre el hombro de Noah.
—¿Sabes qué estaba pensando?
—¿Qué?
—Que durante semanas pensé que nuestra historia iba a terminar por culpa de todo lo que estaba ocurriendo.
Noah besó suavemente su cabello.
—Yo también.
—Y ahora estamos aquí.
—Aquí estamos.
Marla levantó la mirada.
—Quiero que hagamos algo.
—Lo que quieras.
—Quiero que tengamos recuerdos normales.
Noah sonrió.
—¿Normales?
—Sí.
Citas normales.
Fotos tontas.
Comidas juntos.
Paseos.
Discusiones por cosas pequeñas.
—¿Discusiones?
—Claro.
—Eso no suena muy romántico.
—Quiero una historia real.
Noah sonrió.
—Entonces tendrás una historia real.
Marla tomó su mano.
—Pero con muchos besos.
—Eso sí puedo garantizarlo.
Ella se rio.
Noah se inclinó y la besó.
Cuando se separaron, Marla sonrió.
—Creo que acabamos de empezar bastante bien.
—Solo estamos comenzando.
Esa noche, Noah la llevó a un lugar especial.
Era una pequeña terraza iluminada con luces cálidas.