Hasta que llegue tu Carta

Marla siendo Marla

Marla siendo Marla 😂🇨🇦

Noah todavía estaba abrazándome cuando miré mi mano.

El anillo brillaba bajo las luces.

Lo miré.

Lo volví a mirar.

Después miré a Noah.

Y entonces, como si mi cerebro hubiera decidido abandonar completamente la seriedad del momento, dije:

—Bueno...

Noah levantó una ceja.

—¿Bueno qué?

Levanté mi mano para observar nuevamente el anillo.

—Ahora soy canadiense.

Hubo un silencio absoluto.

Noah me miró.

—¿Qué?

—Canadiense.

—Marla...

—Sí.

—¿Por qué eres canadiense?

Me encogí de hombros con toda la seguridad del mundo.

—Porque me voy a casar contigo.

Él parpadeó varias veces.

—Eso no tiene ningún sentido.

—Para mí sí.

—¿Desde cuándo casarte conmigo te convierte en canadiense?

Lo miré muy seria.

—No sé.

—Entonces...

—Pero suena bien.

Noah se llevó una mano a la cara.

—Dios mío.

—¿Qué?

—Acabo de pedirte matrimonio y tu primera reacción después de decir que sí fue cambiarte de nacionalidad.

—No cambiarme.

Hice una pausa.

—Actualizarme.

Él comenzó a reírse.

—No puedo contigo.

—Ahora tienes una prometida canadiense.

—Tengo una prometida dominicana.

—Canadiense.

—Dominicana.

—Canadiense.

—Dominicana.

—Canadiense.

Finalmente Noah soltó una carcajada.

Me quedé mirándolo, orgullosa de haber conseguido hacerlo reír así.

—Te estás riendo.

—Porque eres increíblemente absurda.

—Y aun así te vas a casar conmigo.

Su sonrisa se volvió más suave.

—Precisamente por eso.

Me acerqué y lo abracé.

—Entonces tendrás que acostumbrarte.

—¿A qué?

—A que tu futura esposa diga cosas sin sentido.

—Ya me acostumbré.

—Perfecto.

Levanté nuevamente mi mano.

—Pero mira el anillo.

—Lo estoy viendo.

—Está precioso.

—Lo sé.

—¿Lo elegiste tú?

—Sí.

—¿Y cómo supiste cuál me gustaría?

Noah tomó mi mano y besó suavemente mis dedos.

—Porque te conozco.

Sonreí.

—Eso me gusta.

—A mí también.

Lo miré unos segundos.

Después volví a levantar la mano.

—Pero sigo siendo canadiense.

Noah negó con la cabeza.

—Voy a arrepentirme de haberte pedido matrimonio.

—Demasiado tarde.

—¿Por qué?

Sonreí.

—Porque ya dijiste que sí a casarte con la loca.

Él me acercó por la cintura.

—Y no pienso cambiar de opinión.

—Bien.

—Bien.

—Entonces...

—¿Qué?

—¿Vamos a celebrar?

—Claro.

—¿Con comida?

—Por supuesto.

—Entonces sí acepto oficialmente.

Noah soltó una carcajada.

—¿Oficialmente?

—Necesitaba asegurarme de que había comida incluida.

—Definitivamente eres tú.

—Tu futura esposa canadiense.

—Dominicana.

—Canadiense.

—Dominicana.

—Está bien...

Me acerqué para besarlo.

—Tu dominicana canadiense.

Y esta vez fue Noah quien se quedó sin argumentos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.