El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

El Guardian Perdido

Capítulo 22:

El túnel bajo Skaden era una garganta de hielo vivo. Las paredes respiraban, contrayéndose como si el frío tuviera un pulso propio. Cada paso que daban resonaba como un eco dentro de un cuerpo inmenso.
Eira sentía el medallón vibrar contra su pecho, guiándolos sin vacilar hacia las profundidades.

—Esto no es un pasaje —dijo Kael, con la voz baja—. Es una herida.

Las antorchas se apagaron una a una. Solo quedaba la luz azulada del medallón, pulsando como un corazón atrapado en cristal.
Liora, que caminaba detrás, murmuró un rezo que nadie entendió del todo.
—El hielo recuerda… lo que el tiempo quiso borrar.

De pronto, el túnel se abrió en una vasta caverna. En el centro, un lago congelado se extendía hasta perderse en la oscuridad. Sobre él, una figura estaba suspendida dentro del hielo, con los brazos extendidos y el rostro cubierto por una máscara de plata.

—Ahí está… —susurró Darian—. El Guardián Perdido.

Eira avanzó lentamente. La superficie del hielo bajo sus pies no crujía, no se rompía. Parecía aceptarla.
Cuando llegó frente a la figura, el medallón se encendió con un resplandor blanco que iluminó toda la caverna. El hielo comenzó a agrietarse, liberando un sonido como de miles de voces gimiendo al unísono.

Kael gritó:
—¡Eira, aléjate!

Pero era demasiado tarde. Una mano emergió del hielo y la sujetó por la muñeca. El contacto fue como tocar fuego invertido: un frío tan absoluto que dolía.

Los ojos del Guardián se abrieron. Eran completamente blancos.
—Por fin… regresaste.

La voz no venía de su boca. Surgía de todas partes, del hielo, del viento, de los huesos mismos de la montaña.

Eira tembló.
—¿Quién eres realmente?

El ser inclinó la cabeza, observándola con una calma inhumana.
—Fui el primero en vigilar el equilibrio. El primero en caer cuando el invierno se rebeló. Tú llevas mi fractura… y mi redención.

El hielo terminó de romperse y el Guardián cayó al suelo. Su cuerpo se movía con lentitud, como si cada gesto despertara ecos de otra era. No parecía enemigo, pero tampoco aliado.

Darian retrocedió un paso.
—No deberíamos haber venido. Despertarlo fue un error.

Kael empuñó su espada, aunque sabía que no serviría de nada.
—¿Qué quieres de ella?

El Guardián levantó una mano.
Del hielo comenzaron a brotar figuras: antiguos guerreros congelados, sus cuerpos intactos, sus ojos vacíos. Soldados de una era perdida, renaciendo al llamado del frío.

—El invierno no se detendrá —dijo la voz—. Pero quizás… tú, Eira, puedas domarlo.

El suelo tembló con fuerza. Fragmentos del techo se desprendieron.
Eira gritó:
—¡Si debo hacerlo, enséñame cómo!

El Guardián la miró un instante más… y luego su cuerpo se desmoronó en una tormenta de polvo helado.
Cuando el viento se calmó, solo quedó una inscripción grabada en el hielo frente a ella:

“Para dominar el invierno, primero debes morir en él.”




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