El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

La Prueba del Valor

Capítulo 52:
El sendero rojo comenzó a brillar.
No era una luz cálida.
Parecía el resplandor de un fuego antiguo.
Sylvar fijó sus ojos sobre Kael.
—El Valor no pertenece a quienes jamás han sentido miedo.
Pertenece a quienes avanzan... incluso cuando el miedo domina su corazón.
Kael respiró profundamente.
Desenvainó su espada.
Sylvar negó lentamente.
—Las armas no te servirán aquí.
Kael observó la hoja de acero durante unos segundos.
Después la dejó apoyada junto a las raíces del Árbol Testigo.
—Entonces entraré solo.
Dio el primer paso.
Y el mundo desapareció.
Cuando volvió a abrir los ojos...
No había bosque.
No había nieve.
Solo un inmenso campo cubierto de cenizas.
El cielo era rojo.
El aire olía a humo.
A lo lejos se escuchaban gritos.
Kael comenzó a caminar.
Cada paso hacía crujir la tierra bajo sus botas.
Entonces los vio.
Una aldea.
Casas consumidas por el fuego.
Personas corriendo desesperadas.
Niños llorando.
Todo era destrucción.
Kael sintió que el pecho se le oprimía.
—No...
No otra vez...
Comprendió dónde estaba.
Era el día que había cambiado su vida.
El día en que perdió a su familia.
Corrió hacia una casa envuelta en llamas.
Intentó abrir la puerta.
Pero una voz lo detuvo.
—Ya ocurrió.
No puedes cambiarlo.
Kael golpeó la puerta una y otra vez.
Hasta que sus manos comenzaron a sangrar.
—¡Déjenme entrar!
¡Todavía puedo salvarlos!
La voz respondió con tristeza.
—No luchas contra el fuego...
Luchas contra la culpa.
Las llamas desaparecieron.
En medio de las cenizas apareció un niño.
Tendría unos diez años.
Era Kael.
El pequeño levantó la vista.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Fue mi culpa...
Si hubiera sido más fuerte...
Ellos seguirían vivos.
El Kael adulto sintió que el mundo se detenía.
Se acercó lentamente al niño.
Se arrodilló frente a él.
Durante mucho tiempo no encontró palabras.
Finalmente habló.
—No...
No fue tu culpa.
El niño negó con fuerza.
—¡Sí lo fue!
¡Tuve miedo!
¡Corrí!
¡Los dejé atrás!
Kael cerró los ojos.
Las lágrimas comenzaron a caer.
Por primera vez desde aquel día...
Se permitió llorar.
Abrazó al niño con fuerza.
—Eras solo un niño.
No tenías que cargar con ese peso.
El pequeño rompió en llanto.
Poco a poco...
Su cuerpo comenzó a convertirse en pequeñas partículas de luz.
Antes de desaparecer sonrió.
Una sonrisa tranquila.
Libre.
—Gracias...
Aquellas fueron sus últimas palabras.
El campo de cenizas desapareció.
Kael volvió a encontrarse frente a Sylvar.
Tenía los ojos enrojecidos.
Pero también una paz que nunca antes había sentido.
Sylvar inclinó lentamente sus ramas.
—Has comprendido la verdadera naturaleza del valor.
Kael bajó la mirada.
—No consiste en vencer el miedo...
Consiste en no dejar que el miedo decida quién eres.
El Árbol Testigo sonrió.
—Has superado la segunda prueba.
El sendero rojo se apagó lentamente.
Entonces comenzó a iluminarse el sendero verde.
Sylvar dirigió su mirada hacia Liora.
—Ahora le corresponde a la Compasión.
Liora respiró hondo.
Y, sin mirar atrás, dio el primer paso hacia el sendero.
Mientras desaparecía entre la luz verde, el Gran Maestre observó a Kael con orgullo.
—Has regresado más fuerte.
Kael sonrió.
—No.
He regresado... más libre.




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