El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

El Vínculo Inquebrantable

Capítulo 56:
El camino de cristal blanco se extendía ante ellos.
No había montañas.
No había árboles.
Solo una inmensa llanura cubierta por una niebla luminosa.
Sylvar observó al grupo por última vez.
—Este sendero fue creado por el Fundador.
Muchos caminaron sobre él.
Muy pocos llegaron al final.
Eira dio un paso al frente.
—¿Qué debemos hacer?
Las ramas del Árbol Testigo se movieron lentamente.
—Confiar.
Kael sonrió.
—Después de todo lo que hemos pasado... eso no parece tan difícil.
Sylvar negó con tristeza.
—No hablo de confiar cuando todo va bien.
Hablo de confiar...
Cuando todo les diga que no deben hacerlo.
El grupo comenzó a avanzar.
Los primeros metros transcurrieron en silencio.
Entonces...
La niebla cambió.
Cada uno dejó de ver a los demás.
Eira llamó a Kael.
Nadie respondió.
Liora gritó el nombre de Darian.
Solo el eco contestó.
El Rey de la Noche Blanca desapareció entre la bruma.
Incluso el Gran Maestre ya no estaba.
Cada uno caminaba completamente solo.
La voz de Sylvar resonó desde todas partes.
"La desconfianza siempre comienza con la soledad."
Eira siguió avanzando.
De pronto escuchó unos pasos detrás de ella.
Se giró.
Era Kael.
O al menos...
Parecía ser Kael.
Sonreía.
Pero había algo extraño en sus ojos.
—Eira...
No sigas adelante.
El Primer Guardián ha muerto.
Todo terminó.
Ella sintió una punzada en el pecho.
Pero recordó las palabras de Sylvar.
"Confiar cuando todo les diga que no deben hacerlo."
Eira observó al supuesto Kael.
Luego negó lentamente.
—No.
Tú no eres él.
La figura sonrió.
Y se convirtió en humo.
Al mismo tiempo...
Kael veía a una falsa Eira.
Liora escuchaba una falsa voz de Darian.
Darian encontraba un falso Gran Maestre.
Cada ilusión intentaba sembrar dudas.
Cada mentira buscaba romper el vínculo del grupo.
Pero uno tras otro...
Todos eligieron confiar en quienes conocían.
No en lo que veían.
Sino en lo que sentían.
Entonces la niebla comenzó a disiparse.
Los cinco volvieron a encontrarse.
Sin decir una palabra...
Se abrazaron.
En ese instante, los Cristales de Eco que llevaban consigo brillaron con una intensidad jamás vista.
Cinco rayos de luz ascendieron hacia el cielo.
Y se unieron en uno solo.
La tierra tembló.
Ante ellos apareció un gigantesco portal de cristal.
Más alto que una montaña.
Más brillante que el sol.
En el centro del portal estaba grabado el símbolo del Equilibrio.
Y debajo, una inscripción antigua.
El Gran Maestre la observó.
Sin saber cómo...
Pudo leerla.
"Solo quienes caminan como uno... podrán entrar como Guardianes."
Las enormes puertas comenzaron a abrirse lentamente.
Del otro lado no había oscuridad.
Había una ciudad.
Inmensa.
Silenciosa.
Construida completamente de cristal transparente.
Sus torres parecían tocar el cielo.
Los ríos brillaban como plata líquida.
Y miles de estatuas permanecían inmóviles en sus calles.
La Ciudad de Cristal.
Habían llegado.
Pero mientras todos contemplaban aquella maravilla...
El Rey de la Noche Blanca permanecía inmóvil.
Sus ojos estaban llenos de tristeza.
Eira se acercó.
—¿Qué ocurre?
Él respondió sin apartar la vista de la ciudad.
—No está igual...
Kael frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
El Rey dio un paso adelante.
Con la voz quebrada, susurró:
—Antes...
Había risas.
Ahora...
Solo queda silencio.
El grupo cruzó lentamente el portal.
Sin saber que, desde lo alto de la torre central...
Una figura encadenada ya los estaba observando.
Y sonreía.
Como si hubiera esperado exactamente este momento durante mil años.




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