Capítulo 66:
La melodía seguía recorriendo la torre.
Era suave.
Triste.
Casi maternal.
Eira cerró los ojos.
Cada nota parecía tocar un recuerdo escondido dentro de ella.
La Ciudad de Cristal comenzó a desaparecer.
Ya no estaba en la torre.
Ya no estaba con Kael, Liora, Darian, el Gran Maestre y Aster.
Estaba sola.
Frente a una enorme puerta blanca.
La misma puerta que había visto en sus sueños.
Al otro lado...
Una mujer cantaba.
—Aurelia...
Eira pronunció el nombre.
La puerta comenzó a abrirse.
Pero antes de que pudiera cruzarla, una voz masculina habló detrás de ella.
—Todavía no.
Eira se giró.
Era el Fundador.
No como una figura de luz.
Esta vez parecía completamente real.
Vestía una armadura blanca y llevaba una corona sencilla.
Eira lo miró sorprendida.
—¿Eres tú?
El Fundador sonrió.
—Una parte de mí.
—¿Dónde estoy?
—En un recuerdo que no te pertenece.
Eira frunció el ceño.
—Entonces, ¿por qué puedo verlo?
El Fundador permaneció en silencio.
Después respondió:
—Porque alguien dejó una puerta abierta dentro de ti.
Eira sintió miedo.
—¿Aurelia?
—No.
El Fundador miró hacia la puerta blanca.
—Ella solamente fue quien protegió esa puerta.
La canción continuó.
Eira escuchó nuevamente aquella palabra.
Aurelia.
—Quiero saber quién era.
El Fundador respondió:
—Era una guardiana del último vínculo.
—¿Y qué significa eso?
El Fundador se acercó.
—Cuando la Ciudad sin Nombre fue expulsada, algo quedó atrás.
Eira lo miró atentamente.
—¿Qué cosa?
—Una semilla.
El suelo comenzó a cubrirse de hielo.
En medio del hielo apareció una pequeña luz.
—La conciencia que vivía en aquella ciudad no pudo ser destruida.
Solo fue separada.
Su voluntad quedó encerrada.
Su memoria quedó sellada.
Y su voz...
El Fundador miró directamente a Eira.
—Fue escondida dentro de una canción.
Eira sintió un escalofrío.
—¿La canción de Aurelia?
El Fundador asintió.
—Exactamente.
La música cambió.
Por primera vez, Eira pudo escuchar toda la melodía.
Y comprendió algo.
No era una canción de cuna.
Era un código.
Cada nota representaba una palabra.
Cada pausa representaba una puerta.
Cada repetición...
Una coordenada.
Eira abrió los ojos.
—La canción es un mapa.
El Fundador sonrió.
—Ahora comienzas a recordar.
La visión comenzó a desvanecerse.
—¡Espera!
Eira intentó alcanzarlo.
—¡¿Qué tengo que recordar?!
El Fundador se detuvo.
—Tu primer recuerdo.
Eira frunció el ceño.
—¿Cuál?
El Fundador respondió:
—No naciste en Valkaria.
La imagen desapareció.
Eira volvió a la torre.
Estaba arrodillada en el suelo.
Kael la sostenía por los hombros.
—¡Eira!
Ella respiró agitadamente.
—La canción...
Darian se acercó.
—¿Qué descubriste?
Eira levantó la mirada.
—No es una canción.
El Primer Guardián palideció.
—¿Qué viste?
—Al Fundador.
Todos quedaron inmóviles.
—Y me dijo algo.
El Guardián se acercó.
—¿Qué?
Eira respondió:
—Que no nací en Valkaria.
El rostro del Primer Guardián cambió.
Aster lo miró.
—¿Entonces dónde nació?
El anciano no respondió.
Eira se levantó lentamente.
—Creo que tú lo sabes.
El Primer Guardián bajó la cabeza.
—Sí.
Eira dio un paso hacia él.
—Entonces dime.
El anciano cerró los ojos.
—Naciste...
Antes de terminar la frase...
¡CRAAAAASH!
Toda la torre se estremeció.
Una enorme grieta apareció en una de las paredes.
Y desde el interior...
Entró un viento helado.
No era un viento normal.
Traía consigo miles de susurros.
Todos repetían el mismo nombre.
Eira.
Eira.
Eira.
El Primer Guardián levantó su espada.
—Nos encontraron.
Kael se colocó junto a Eira.
—¿Quiénes?
El Guardián miró hacia la grieta.
—Los que fueron expulsados junto con la Ciudad sin Nombre.
Y entonces...
Una mano negra apareció entre los cristales.