El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

El Primer Recuerdo

Capítulo 74:
Nadie se movió.
La niña dentro del hielo observaba a Eira.
Tenía sus mismos ojos.
Su mismo rostro.
Pero había algo diferente.
Una tristeza demasiado antigua para pertenecer a una niña.
Eira se acercó lentamente.
—¿Quién eres?
La niña levantó una mano y la apoyó contra el hielo.
—La que olvidaste.
Eira sintió que su marca ardía.
Aster desenvainó su espada.
—Aléjate.
La niña lo miró.
—Tú ya me conoces.
Aster quedó paralizado.
—No...
La niña sonrió.
—Me prometiste que nunca me olvidarías.
La espada de Aster cayó lentamente.
—Eira...
El nombre salió de sus labios como un susurro.
La niña negó.
—Ese no era mi nombre.
Eira sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—Entonces dime quién eras.
La niña cerró los ojos.
Y el santuario entero comenzó a transformarse.
El hielo desapareció.
En su lugar apareció un bosque.
Era invierno.
Pero no había muerte.
Los árboles estaban cubiertos de flores blancas.
En el centro del bosque había cuatro personas.
El Fundador.
Aurelia.
El Primer Guardián.
Y una niña.
La misma niña.
Eira observó la escena sin poder respirar.
El Fundador estaba arrodillado frente a ella.
—Debemos hacerlo ahora.
Aurelia tenía lágrimas en los ojos.
—Todavía es una niña.
—Precisamente por eso.
—No sabes qué ocurrirá.
El Fundador guardó silencio.
El Primer Guardián habló:
—Si no lo hacemos, la quinta verdad encontrará otra forma de regresar.
La niña miró a Aurelia.
—¿Me van a dejar?
Aurelia cayó de rodillas y la abrazó.
—Nunca.
La niña sonrió.
—Entonces no tengo miedo.
Eira sintió que una lágrima recorría su rostro.
—Yo...
La escena continuó.
El Fundador colocó cuatro cristales alrededor de la niña.
Uno verde.
Uno dorado.
Uno rojo.
Uno azul.
Las cuatro estaciones.
Después colocó una quinta piedra.
Negra.
Aurelia se levantó de golpe.
—¡Dijiste que no usaríamos eso!
—No voy a usarlo para crearla.
El Fundador miró la piedra.
—Voy a usarlo para separarla.
El Primer Guardián comprendió.
—Su memoria.
El Fundador asintió.
—Su nombre.
Aurelia cerró los ojos.
—Y su vida.
La niña comenzó a llorar.
—¿Voy a morir?
El Fundador se acercó.
—Sí.
Eira gritó:
—¡NO!
Pero nadie podía escucharla.
Era solo una espectadora del pasado.
El Fundador tomó la mano de la niña.
—Pero no será el final.
La niña lo miró.
—¿Volveré?
—Sí.
—¿Cuándo?
El Fundador respondió:
—Cuando el mundo vuelva a necesitar elegir.
La niña sonrió entre lágrimas.
—Entonces recordaré.
Aurelia la abrazó con fuerza.
—No.
La voz de Aurelia se quebró.
—Ese es el precio.
La niña la miró.
—¿Qué precio?
Aurelia respondió:
—Cuando regreses...
Una lágrima cayó sobre el rostro de la niña.
—...no recordarás quién te amó.
La luz explotó.
Eira cayó al suelo.
—¡Eira!
Kael corrió hacia ella.
Pero Eira levantó una mano.
—Estoy bien.
No lo estaba.
Había comprendido demasiado.
Miró a Aster.
—Tú estabas allí.
Aster bajó la cabeza.
—Sí.
—Me conocías.
—Sí.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Aster cerró los ojos.
—Porque juré proteger tu segunda vida.
Eira sintió rabia.
—¡Me dejaste vivir creyendo que no sabía quién era!
—Porque si recordabas demasiado pronto...
Aster miró la quinta figura del santuario.
—...ella te encontraría.
Eira comprendió.
—La conciencia.
Aster asintió.
—La primera vez que murió tu cuerpo, ella intentó entrar en ti.
El Gran Maestre dio un paso adelante.
—Entonces Eira no nació cuatro veces.
Aster negó.
—No.
Miró a Eira.
—Eira murió una vez.
Silencio.
—Después, el Fundador dividió su existencia en cuatro caminos.
Darian abrió su libro.
—Las cuatro estaciones.
—Exactamente.
Eira miró las cuatro estatuas.
—Entonces mis otros recuerdos...
—Son fragmentos de ti.
La niña dentro del hielo volvió a abrir los ojos.
—No.
Todos se giraron.
La niña miró directamente a Eira.
—No son fragmentos.
Su voz cambió.
Ya no parecía infantil.
—Son puertas.
La quinta figura detrás de ella comenzó a moverse.
El hielo se quebró.
CRACK.
Aurelia apareció dentro de la memoria una última vez.
Su voz atravesó el santuario:
—Eira, escucha con cuidado.
La niña desapareció.
Las cuatro estatuas comenzaron a brillar.
—Tu primer recuerdo no debe devolverte al pasado.
La voz de Aurelia se volvió un susurro.
—Debe mostrarte el camino hacia Valkaria.
Eira levantó la cabeza.
—¿Valkaria?
Una de las paredes se abrió.
Detrás apareció una ciudad.
Torres negras.
Puentes destruidos.
Una corona sobre un trono vacío.
Valkaria.
Pero no la Valkaria del pasado.
La Valkaria que existía ahora.
Aster dio un paso atrás.
—Eso es imposible.
Eira miró la ciudad.
Y entonces vio algo en lo alto del antiguo palacio.
Una figura estaba esperando.
Vestida de blanco.
Con una corona.
Y aunque su rostro estaba oculto...
Eira reconoció aquella presencia.
—Aurelia...
La figura levantó la cabeza.
Y desde la ciudad llegó una voz:
—Regresa a casa, hija mía.
La puerta se abrió.
Y por primera vez...
Valkaria los estaba esperando.




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