El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

El Quinto Guardián

Capítulo 60:
La voz volvió a resonar.
—Sigues contando la historia... como si tú no hubieras estado allí.
El Primer Guardián permaneció inmóvil.
Las cuatro esferas flotaban sobre la mesa de cristal.
La luz de la sala comenzó a apagarse.
Eira dio un paso hacia él.
—¿Quién es?
El Guardián no respondió.
—Te hice una pregunta.
Finalmente, levantó la mirada.
—Alguien que murió hace mil años.
Darian frunció el ceño.
—Entonces ¿cómo puede estar hablando?
El Guardián miró las cuatro esferas.
—Porque algunas cosas pueden morir...
Sin desaparecer.
Una sombra comenzó a formarse sobre el mural destruido.
Primero apareció una silueta.
Después una armadura.
Finalmente, un rostro.
Era un hombre joven.
Llevaba una corona negra.
Y sus ojos eran completamente blancos.
El Gran Maestre retrocedió.
Una palabra escapó de sus labios.
—Aren...
El Primer Guardián cerró los ojos.
—Sí.
Kael miró al anciano.
—¿Quién es Aren?
El Gran Maestre tardó en responder.
—Nuestro quinto hermano.
El silencio fue absoluto.
Eira observó al Primer Guardián.
—Dijiste que existieron cinco Guardianes.
Él asintió.
—El Fundador creó cinco posiciones.
Pero solo cuatro permanecieron fieles al Equilibrio.
Aren era diferente.
No porque fuera malvado.
Sino porque tenía una pregunta que ninguno de nosotros se atrevió a formular.
Liora preguntó:
—¿Cuál?
El Guardián respondió:
—¿Por qué debemos aceptar los límites que nos impuso el Fundador?
La sombra de Aren sonrió.
—Por fin lo recuerdas.
El Guardián apretó los puños.
—Intentamos detenerte.
—No.
Intentaron detener mi descubrimiento.
La sombra extendió una mano.
La quinta esfera apareció momentáneamente sobre la mesa.
Era negra.
Pero en su interior brillaba una pequeña estrella.
Eira sintió un escalofrío.
La sombra habló:
—Yo no quería destruir el Equilibrio.
Quería perfeccionarlo.
—Creaste una quinta verdad —dijo Darian.
Aren sonrió.
—Creé una verdad que no dependiera de las estaciones.
Una verdad que perteneciera a todos.
El Guardián negó lentamente.
—Creaste una verdad que no obedecía ninguna ley.
—Exactamente.
La quinta esfera comenzó a vibrar.
Las cuatro esferas restantes reaccionaron.
Durante un instante, toda la sala quedó cubierta de sombras.
Y Eira escuchó un susurro.
Una voz que parecía venir desde un lugar extremadamente lejano.
"Abre la puerta."
Eira se llevó una mano al pecho.
La marca de su muñeca ardió.
—¿Escucharon eso?
Todos la miraron.
—¿Escuchar qué? —preguntó Kael.
Eira permaneció en silencio.
La voz volvió a aparecer.
Más clara.
"Cinco puertas..."
La joven palideció.
El Primer Guardián se giró bruscamente hacia ella.
—¿Qué dijiste?
Eira lo miró.
—Nada.
Pero el Guardián ya había comprendido.
Su expresión cambió.
—No...
Se acercó lentamente a ella.
Observó la marca de su muñeca.
Después miró la Pluma del Fundador.
Y finalmente las cuatro esferas.
—La quinta verdad no está en Valkaria.
Eira sintió un escalofrío.
—¿Entonces dónde está?
El Guardián respondió:
—En ti.
Nadie habló.
La sombra de Aren comenzó a desaparecer.
Antes de hacerlo, pronunció unas últimas palabras:
—Ahora que ella ha despertado...
La quinta puerta también lo hará.
La imagen desapareció.
Las cuatro esferas se apagaron.
Y el Primer Guardián cayó de rodillas.
—Hemos cometido un terrible error...
Eira se acercó.
—¿Qué error?
El anciano levantó la mirada.
Por primera vez...
Parecía realmente asustado.
—No debimos permitir que llegaras hasta aquí.




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