El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

La Reina del Cristal

Capitulo 63:
La quinta campana seguía sonando.
¡DOOOONG!
El sonido atravesaba la Ciudad de Cristal.
Las torres comenzaron a iluminarse una tras otra.
Eira permanecía inmóvil.
La última palabra de la visión seguía resonando en su cabeza.
Hija mía.
El Primer Guardián caminó lentamente hacia ella.
—Dame la mano.
Eira dudó.
Pero finalmente extendió la mano.
El Guardián observó la marca de la corona.
Su expresión se volvió sombría.
—Esto no debería existir.
Kael frunció el ceño.
—Eso mismo dijiste antes.
—Porque cada vez que la miro encuentro algo que contradice lo que creíamos saber.
Darian se acercó.
—Entonces deja de hablarnos en acertijos.
El Guardián levantó la mirada.
Por primera vez, pareció dispuesto a contarles algo que había mantenido oculto durante mil años.
—La mujer que viste...
No era una reina cualquiera.
Eira sintió un escalofrío.
—¿Quién era?
—Aurelia.
El nombre pareció despertar algo en las paredes.
Los cristales de la torre comenzaron a emitir una luz tenue.
El Gran Maestre cerró los ojos.
—Aurelia...
El Guardián lo observó.
—¿La recuerdas?
—No completamente.
Pero recuerdo su voz.
Era ella.
La mujer que aparece en mis sueños desde que recuperé mis recuerdos.
Liora miró al Primer Guardián.
—¿Era la reina de Valkaria?
—Sí.
El Guardián caminó hasta uno de los grandes ventanales.
—Pero antes de ser reina de Valkaria...
Aurelia fue una de las primeras protectoras del Equilibrio.
Eira abrió los ojos.
—¿Era una Guardiana?
—No.
Era algo diferente.
El Guardián señaló las cuatro esferas.
—Los Guardianes protegíamos las leyes del Equilibrio.
Aurelia protegía su corazón.
Kael preguntó:
—¿Y qué ocurrió con ella?
El Guardián tardó en responder.
—Aren la necesitaba.
El aire pareció volverse más frío.
—Cuando creó la quinta verdad, necesitaba un vínculo capaz de contenerla.
Aurelia se negó.
Por eso Aren intentó destruirla.
Eira sintió que la marca comenzaba a arder.
—¿Y sobrevivió?
El Guardián negó lentamente.
—No.
Aurelia murió la noche en que Valkaria cayó.
El silencio fue absoluto.
Eira bajó la mirada.
—Entonces no puede ser mi madre.
El Guardián no respondió.
Eira levantó la cabeza.
—¿Verdad?
El anciano la observó con tristeza.
—No dije que fuera tu madre.
Eira sintió un escalofrío.
—Entonces...
El Guardián señaló la marca de su muñeca.
—La palabra "hija" no siempre significa descendencia.
Puede significar creación.
Darian comprendió antes que los demás.
—¿Creación...?
El Guardián asintió.
—Eira, existe la posibilidad de que tú no hayas nacido de la manera en que nacen los demás.
La sala quedó completamente silenciosa.
Kael dio un paso hacia Eira.
—¿Qué estás diciendo?
El Guardián respondió:
—Que quizá...
Aurelia no te dio la vida.
Quizá te dio parte de la suya.
Eira sintió que el mundo comenzaba a girar.
—No entiendo.
—Porque todavía nos falta una pieza.
El Guardián caminó hasta el centro de la sala.
Las cuatro esferas se elevaron.
Una imagen apareció sobre ellas.
Valkaria.
La ciudad en llamas.
Aurelia frente a una enorme puerta.
Y detrás de ella...
Una niña.
Un bebé.
El rostro no podía verse.
Pero llevaba la misma marca que Eira.
Eira dejó de respirar.
—¿Soy yo?
El Guardián observó la imagen.
—No lo sé.
La visión cambió.
Aurelia levantó al bebé.
Una lágrima recorrió su rostro.
Después dijo:
"Que el mundo olvide su nombre..."
La imagen se quebró.
Antes de desaparecer por completo, otra voz respondió:
"...pero que nunca olvide su propósito."
Las cuatro esferas se apagaron.
Eira permaneció inmóvil.
Entonces comprendió algo.
Quizá su verdadero nombre no había sido olvidado por accidente.
Quizá...
alguien lo había borrado deliberadamente.
El Primer Guardián se acercó.
—Ahora entiendes por qué el Fundador dividió tu verdad en cuatro.
Eira lo miró.
—¿Para protegerme?
El Guardián negó.
—Para proteger al mundo de lo que ocurriría si recordaras todo demasiado pronto.
En ese instante...
La Ciudad de Cristal comenzó a temblar.
Una enorme grieta apareció en el cielo.
No era una grieta física.
Era una grieta en la luz.
Y desde ella cayó una sola pluma.
Negra.
El Primer Guardián la observó.
Su rostro perdió todo color.
—No...
Aster levantó la mirada.
—¿Qué sucede?
El Guardián respondió:
—Aurelia murió hace mil años.
Pero alguien...
acaba de enviar un mensaje usando su sello.
Eira apretó los puños.
La pluma negra comenzó a arder.
Y una voz femenina susurró desde dentro:
—Hija... todavía no es demasiado tarde.
La pluma se consumió.
Y en algún lugar muy lejano...
Una puerta comenzó a abrirse.
No era la quinta.
Era otra.
Una que nadie había mencionado todavía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.