Capítulo 43:
La pequeña puerta de madera permanecía entreabierta.
Del otro lado no salía luz.
Solo un frío tan intenso que incluso el hielo de Eira parecía retroceder ante él.
La Bibliotecaria dio un paso adelante.
Su voz, normalmente serena, tembló por primera vez.
—No entren.
Kael la miró sorprendido.
—¿Por qué?
—Porque ese lugar no guarda recuerdos...
Guardó silencio unos segundos.
—Guarda identidades.
Nadie comprendió aquellas palabras.
El Archivista avanzó lentamente.
Las páginas de su armadura comenzaron a pasar solas, como si un viento invisible leyera miles de historias al mismo tiempo.
—Todo ser que ha existido deja dos huellas.
Miró a Eira.
—Su recuerdo...
...y su nombre verdadero.
Liora frunció el ceño.
—¿No son lo mismo?
La Bibliotecaria negó.
—No.
Puedes olvidar un recuerdo...
Pero mientras alguien pronuncie tu nombre verdadero...
Seguirás existiendo.
El grupo quedó en silencio.
El Rey de la Noche Blanca bajó la mirada.
Como si aquellas palabras despertaran un dolor antiguo.
Eira respiró hondo.
—¿Y qué ocurre si un nombre desaparece?
La Bibliotecaria respondió con apenas un susurro.
—El mundo deja de recordarte.
No importa cuántas hazañas hayas hecho.
No importa cuánto te hayan amado.
Es como si nunca hubieras nacido.
Un escalofrío recorrió la espalda de todos.
Darian dio un paso hacia la puerta.
—Entonces... ¿quién borraría un nombre?
El Archivista respondió con firmeza.
—Solo alguien que quisiera borrar una verdad.
Eira sintió que la marca de la corona en su muñeca comenzaba a brillar.
La puerta se abrió un poco más.
Como si la estuviera invitando a entrar.
Kael caminó hasta colocarse a su lado.
—No entrarás sola.
Liora sonrió.
—Nunca lo has hecho.
Darian apoyó una mano sobre el hombro de Eira.
—Y nunca lo harás.
Incluso el Gran Maestre, que ya no recordaba quién era, dio un paso al frente.
—No sé por qué...
Pero siento que debo protegerte.
Eira sintió un calor en el pecho.
Por primera vez desde que había comenzado su viaje...
Comprendió que una familia no siempre se construye con la sangre.
A veces...
Se construye con las personas que deciden caminar a tu lado.
Respiró profundamente.
Y cruzó el umbral.
El Salón de los Nombres Perdidos era inmenso.
No había estanterías.
No había libros.
Solo miles de pilares de piedra negra que se alzaban hasta un techo invisible.
En cada pilar había un nombre grabado.
Algunos brillaban con intensidad.
Otros apenas podían leerse.
Y muchos...
Habían sido raspados con violencia.
Como si alguien hubiera querido arrancarlos para siempre de la historia.
Entonces Eira levantó la vista.
En el centro del salón había un único pedestal.
Vacío.
Pero sobre él estaba escrita una frase.
Con letras de plata.
"Aquí descansa el nombre de quien devolverá el Equilibrio."
Antes de que nadie pudiera reaccionar...
El pedestal comenzó a resquebrajarse.
Una pequeña caja de cristal emergió lentamente desde su interior.
Y dentro de ella...
Había un pergamino sellado con cera azul.
Sobre el sello podía leerse una única palabra.
EIRA.
El corazón de Eira dejó de latir por un instante.
¿Cómo era posible...
...que su nombre estuviera allí...
...mil años antes de que naciera?