Capítulo 64:
La Ciudad de Cristal seguía temblando.
El cielo permanecía atravesado por aquella extraña grieta luminosa.
Eira observaba el lugar donde había desaparecido la pluma negra.
—¿Qué puerta acaba de abrirse?
El Primer Guardián no respondió.
Aster lo miró directamente.
—Maestro.
Esta vez no había respeto en su voz.
Había preocupación.
—Diles la verdad.
El Guardián cerró los ojos.
—No sé dónde se ha abierto.
Kael frunció el ceño.
—¿Cómo que no lo sabes?
—Porque esa puerta no pertenece a la Ciudad de Cristal.
Darian abrió lentamente su libro.
—Entonces ¿qué es?
El Guardián respondió:
—Una puerta de tránsito.
Liora lo miró confundida.
—¿Tránsito hacia dónde?
El anciano permaneció unos segundos en silencio.
—Hacia lugares que fueron separados del mundo.
Eira sintió un escalofrío.
—¿Como Valkaria?
El Guardián no respondió.
Pero su silencio fue suficiente.
De repente...
Una luz apareció en el suelo.
Primero fue un pequeño círculo.
Después creció hasta convertirse en un enorme símbolo.
Cuatro líneas rodearon un centro vacío.
Kael dio un paso atrás.
—¿Qué está pasando?
El Guardián levantó la mano.
—Todos atrás.
Las líneas comenzaron a girar.
El cristal del suelo se volvió oscuro.
Y lentamente...
Una puerta apareció.
No estaba hecha de madera.
Ni de metal.
Parecía estar construida con sombras congeladas.
En su superficie había grabado un símbolo.
Eira lo reconoció.
Era una corona.
Pero estaba partida en dos.
La puerta comenzó a abrirse.
Una ráfaga de aire atravesó la sala.
No era fría.
Era antigua.
Olía a cenizas.
Aster apretó los puños.
—Ese símbolo...
El Guardián asintió.
—Sí.
—¿Dónde conduce?
—A un lugar que el Fundador ordenó olvidar.
La puerta se abrió apenas unos centímetros.
Del otro lado no había un pasillo.
Había una ciudad.
Pero solo podía verse una pequeña parte.
Torres negras.
Calles cubiertas de ceniza.
Y una enorme luna roja sobre el horizonte.
Eira sintió que la marca de su muñeca ardía.
La ciudad desapareció.
La puerta se cerró.
Todos quedaron en silencio.
Darian fue el primero en hablar.
—¿Era Valkaria?
El Guardián negó.
—No.
Todos respiraron aliviados.
Entonces añadió:
—Era la ciudad que existía antes de Valkaria.
El silencio regresó.
Eira lo miró.
—¿Cómo se llamaba?
El Guardián bajó la cabeza.
—No tiene nombre.
—¿Por qué?
—Porque el Fundador borró su nombre de todos los registros.
Darian abrió los ojos.
—¿Por qué haría algo así?
El Guardián respondió:
—Porque allí ocurrió el primer intento de crear una quinta verdad.
Eira comprendió entonces.
Valkaria no había sido el principio.
Había sido...
el segundo intento.
Aster se acercó al Guardián.
—¿Y qué ocurrió con el primero?
El anciano observó la puerta.
—Fracasó.
—¿Qué significa "fracasó"?
El Guardián levantó lentamente la mirada.
—Que la ciudad no fue destruida.
Todos se quedaron inmóviles.
—Fue expulsada.
Liora palideció.
—¿Expulsada de dónde?
El Guardián respondió:
—Del mundo.
En ese instante...
La quinta esfera apareció durante un segundo sobre la mesa.
Negra.
Pequeña.
Perfectamente intacta.
Y dentro de ella...
Una diminuta figura abrió los ojos.
Eira la vio.
La figura levantó una mano.
Y señaló directamente hacia ella.
La esfera desapareció.
El Guardián se quedó completamente inmóvil.
—Ahora entiendo...
Eira lo miró.
—¿Qué?
El anciano respondió con una voz casi inaudible:
—La quinta verdad no está intentando regresar.
Está intentando encontrarte.