El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

El Camino de Cristal

Capítulo 47:
La imagen del hombre encadenado desapareció.
Eira abrió los ojos sobresaltada.
La Pluma del Fundador seguía entre sus manos, emitiendo un tenue resplandor blanco.
Nadie habló.
El silencio de la Biblioteca parecía más profundo que nunca.
La Bibliotecaria fue la primera en romperlo.
—La Ciudad de Cristal...
Creí que jamás volvería a escuchar ese nombre.
Kael miró a Eira.
—¿Qué viste?
Eira respiró hondo.
—Una ciudad de hielo transparente... y un hombre encadenado a un trono de cristal.
El Rey de la Noche Blanca cerró los ojos.
Como si aquel recuerdo le causara un dolor imposible de ocultar.
—Entonces sigue vivo...
Darian frunció el ceño.
—¿Quién?
El Rey respondió en voz baja.
—El Primer Guardián.
La Bibliotecaria caminó hasta una antigua mesa de piedra. Sobre ella descansaba un mapa tan viejo que el tiempo había borrado casi todas sus marcas.
Con cuidado colocó la Pluma del Fundador sobre el centro.
La pluma comenzó a deslizarse sola.
Una línea de luz apareció sobre el mapa.
Atravesó montañas.
Bosques.
Ríos congelados.
Hasta detenerse en un punto donde no había nada dibujado.
Solo un espacio en blanco.
—¿Por qué no hay nada ahí? —preguntó Liora.
—Porque la Ciudad de Cristal decidió desaparecer del mundo hace mil años —respondió la Bibliotecaria—. No puede encontrarse con una brújula... solo con la voluntad de quien ha sido llamado.
El Archivista levantó la vista.
—El Fundador los ha elegido.
Ahora el camino existe.
El Gran Maestre observaba el mapa con atención.
Aunque había perdido sus recuerdos, una extraña sensación recorría su pecho.
Sus dedos señalaron una cordillera al norte.
—Debemos pasar por aquí.
Todos lo miraron.
Él pareció confundido.
—No sé por qué lo sé...
Pero siento que ese camino es el correcto.
El Rey de la Noche Blanca asintió lentamente.
—Tu memoria no ha desaparecido por completo.
Hay recuerdos que viven más allá de la mente.
Viven en el alma.
Eira sonrió al anciano.
—Entonces caminaremos juntos hasta que recuperes quién eres.
El Gran Maestre le devolvió una sonrisa sincera.
—Gracias... aunque aún no recuerde por qué confío tanto en ti.
La Bibliotecaria abrió un antiguo cofre de madera blanca.
En su interior descansaban cinco cristales transparentes.
Entregó uno a cada miembro del grupo.
—Son Cristales de Eco.
Mientras permanezcan unidos, estos cristales brillarán.
Si alguno se apaga...
Significará que uno de ustedes se ha perdido.
O algo peor.
Kael guardó el cristal con cuidado.
—No pienso dejar que eso ocurra.
La Bibliotecaria los acompañó hasta la gran puerta de la Biblioteca.
Antes de despedirse, miró fijamente a Eira.
—Recuerda esto...
La Ciudad de Cristal no pondrá a prueba tu fuerza.
Pondrá a prueba tu verdad.
Si intentas engañarla...
Jamás encontrarás al Primer Guardián.
Las enormes puertas comenzaron a abrirse.
Un viento helado entró desde el exterior.
El grupo dio el primer paso hacia un territorio desconocido.
Detrás de ellos, la Biblioteca de los Ecos volvió a cerrar sus puertas lentamente.
Como si aguardara el día en que tendrían que regresar.
Y muy lejos de allí, entre montañas cubiertas por un hielo que nunca se derretía, una figura encadenada abrió lentamente los ojos.
Una sonrisa cansada apareció en su rostro.
—Al fin...
Susurró.
—La Heredera viene hacia mí.




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