El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

Lo que duerme en Eira

Capítulo 61:
El silencio se había apoderado de la torre.
Nadie se movía.
Las palabras del Primer Guardián seguían suspendidas en el aire.
"No debimos permitir que llegaras hasta aquí."
Kael fue el primero en reaccionar.
—¿Qué significa eso?
El Guardián no respondió.
Miraba únicamente a Eira.
Ella dio un paso hacia él.
—Quiero saber la verdad.
—Todavía no.
—¡Ya estoy cansada de escuchar eso!
La voz de Eira resonó por toda la sala.
La marca de su muñeca comenzó a arder.
—Desde que empezó este viaje todos saben algo sobre mí menos yo.
El Guardián permaneció inmóvil.
—El Fundador.
—La Biblioteca.
—Las cuatro estaciones.
—Aren.
—Valkaria.
Eira apretó los puños.
—Y ahora resulta que también estoy relacionada con la quinta verdad.
Una lágrima recorrió su rostro.
—¿Quién soy?
El Primer Guardián bajó la mirada.
—Esa es precisamente la pregunta que temo responder.
Kael se colocó junto a Eira.
—Entonces no tendrá que enfrentar esto sola.
Liora y Darian se acercaron también.
El Gran Maestre observó a sus compañeros y sonrió débilmente.
—Eso es lo que el Fundador esperaba.
El Guardián levantó la mirada.
—¿Qué?
El anciano señaló a Eira.
—Que ella encontrara personas que permanecieran a su lado cuando llegara este momento.
El Primer Guardián guardó silencio.
Finalmente caminó hasta una pared cubierta de símbolos.
Tocó uno de ellos.
La pared comenzó a abrirse.
Detrás apareció una pequeña cámara.
En el centro había un pedestal.
Sobre él descansaba un objeto cubierto por una tela blanca.
El Guardián retiró lentamente la tela.
Debajo había una corona.
No era la corona que Eira llevaba en su marca.
Era mucho más antigua.
Estaba hecha de cristal blanco.
Pero tenía una pequeña grieta en el centro.
Eira sintió que su cuerpo reaccionaba.
La corona comenzó a flotar.
Kael llevó la mano a su espada.
El Guardián negó con la cabeza.
—No.
Dejen que ocurra.
La corona se acercó lentamente a Eira.
Cuando estuvo frente a ella...
La grieta comenzó a emitir una luz negra.
Eira retrocedió.
—¿Qué es eso?
El Guardián respondió:
—La primera cicatriz del Equilibrio.
La luz negra desapareció inmediatamente.
La corona cayó al suelo.
Todos quedaron desconcertados.
El Guardián la recogió.
—Hace mil años, cuando Aren creó la quinta verdad, algo ocurrió que ninguno de nosotros comprendió.
—¿Qué? —preguntó Darian.
El anciano miró a Eira.
—La quinta verdad no pudo permanecer fuera del Equilibrio.
Así que buscó un recipiente.
Eira sintió que el corazón se le detenía.
—¿Y ese recipiente...?
El Guardián negó.
—No eres un recipiente.
Eres algo que nació después.
Algo que el Fundador jamás había previsto.
Darian abrió los ojos.
—Entonces ella no es la quinta verdad.
—No.
El Guardián miró hacia las ventanas de la torre.
A lo lejos, la Ciudad de Cristal comenzaba a cubrirse de una extraña neblina.
—Eira es la respuesta que nació cuando la quinta verdad fue destruida.
Todos quedaron inmóviles.
Eira susurró:
—¿Y cuál es esa respuesta?
El Guardián tardó unos segundos.
Después respondió:
—Equilibrio.
En ese instante...
Una campana sonó en la ciudad.
Una sola vez.
¡DOOOONG!
El Guardián palideció.
—No...
Darian miró hacia las ventanas.
—¿Qué ocurre?
El anciano respondió:
—La ciudad acaba de detectar algo.
—¿Qué cosa?
El Guardián cerró los ojos.
—Aren.
Pero esta vez...
No está hablando desde un recuerdo.
Está hablando desde algún lugar real.
Muy lejos de allí...
En las profundidades de la Biblioteca de los Ecos...
La grieta de la quinta puerta se hizo ligeramente más grande.
Una mano apareció detrás del cristal.
Y cinco dedos tocaron lentamente la superficie.
Toc.
Toc.
Toc.
Toc.
Toc.
Después...
Una voz susurró:
—Eira...




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