El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

La Ciudad sin Nombre

Capítulo 69:
Cael extendió ambas manos.
El símbolo de la quinta verdad apareció bajo sus pies.
—Cierren los ojos.
Kael no bajó la espada.
—¿Y si esto es una trampa?
Cael lo miró.
—Entonces serás el primero en descubrirlo.
—No me tranquiliza.
Liora soltó una pequeña sonrisa.
—Por una vez, estoy de acuerdo con Kael.
Eira dio un paso al frente.
—Confíen en mí.
Todos guardaron silencio.
Finalmente, uno tras otro, cerraron los ojos.
La luz negra los envolvió.
Cuando Eira volvió a abrirlos...
Estaba de pie sobre una montaña.
El cielo era completamente oscuro.
No había estrellas.
Frente a ella se extendía un valle gigantesco.
Y allí abajo...
Estaba la Ciudad sin Nombre.
Eira contuvo la respiración.
No parecía una ciudad destruida.
Parecía una ciudad que había sido abandonada en mitad de un instante.
Las calles estaban intactas.
Las casas seguían de pie.
Había carruajes detenidos.
Puertas abiertas.
Mesas con platos cubiertos de polvo.
Incluso había juguetes abandonados en algunas calles.
Como si todos sus habitantes hubieran desaparecido al mismo tiempo.
Darian bajó lentamente la mirada.
—Dios...
El Gran Maestre permaneció inmóvil.
—Recuerdo esto.
Aster se acercó.
—¿Qué recuerdas?
—La noche en que la expulsamos.
Cael los observó.
—No la expulsaron.
La condenaron.
El Primer Guardián levantó la mirada.
—No teníamos otra opción.
Cael negó.
—Siempre existe otra opción.
El joven comenzó a caminar por las calles.
El grupo lo siguió.
Llegaron a una enorme plaza.
En el centro había una estatua.
Representaba a cinco Guardianes.
Pero uno de ellos había sido destruido.
Cael tocó el pedestal.
—Este era mi pueblo.
Eira observó las casas.
—¿Dónde están todos?
Cael tardó unos segundos en responder.
—Aquí.
Eira lo miró sorprendida.
—¿Qué?
Cael señaló las paredes.
Miles de pequeñas luces comenzaron a aparecer.
Eran recuerdos.
Una mujer preparando comida.
Un hombre reparando una puerta.
Niños jugando.
Ancianos conversando.
Personas caminando por las calles.
Toda la ciudad comenzó a llenarse de imágenes.
No eran fantasmas.
Eran recuerdos atrapados.
Cael explicó:
—Cuando los Guardianes expulsaron la ciudad, no pudieron llevarse nuestras almas.
Pero tampoco pudieron dejarnos morir.
Nos quedamos atrapados entre ambos mundos.
Liora sintió lágrimas en los ojos.
—Eso es horrible.
—Lo fue.
Cael miró hacia una torre.
—Durante mil años esperamos.
Esperamos que alguien regresara.
El Primer Guardián bajó la cabeza.
—Yo no sabía...
—Ese fue el problema.
Nunca quisieron saber.
Entonces una campana comenzó a sonar.
¡DOOOONG!
Las luces de los recuerdos desaparecieron.
Todas.
La ciudad quedó completamente oscura.
Cael levantó la cabeza.
—Ya vienen.
Kael desenvainó su espada.
—¿Quiénes?
Cael respondió:
—Los que todavía sirven a la quinta verdad.
Del fondo de la avenida comenzaron a aparecer figuras.
Decenas.
Después cientos.
Vestían armaduras negras.
Pero no caminaban como soldados.
Caminaban como personas que habían estado esperando demasiado tiempo.
Eira observó sus rostros.
Algunos eran ancianos.
Otros parecían jóvenes.
Incluso había niños.
Todos tenían los mismos ojos grises.
Cael dio un paso adelante.
—No ataquen.
Uno de los habitantes se acercó.
Miró a Eira.
Después se arrodilló.
Todos los demás hicieron lo mismo.
El grupo quedó desconcertado.
—¿Por qué se arrodillan? —preguntó Kael.
Cael respondió:
—Porque saben quién es.
Eira sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
—¿Quién soy?
El hombre que estaba frente a ella levantó la cabeza.
—La heredera del último pacto.
Eira retrocedió.
—No entiendo.
El hombre sonrió.
—Todavía no.
Entonces señaló una torre situada al otro extremo de la ciudad.
—Pero allí...
Está la respuesta.
Cael miró a Eira.
—Tenemos que irnos.
—¿Por qué?
El joven señaló el cielo.
Una grieta negra comenzaba a abrirse sobre la ciudad.
—Porque la Ciudad sin Nombre acaba de ser encontrada.
El Primer Guardián comprendió.
—La quinta puerta.
Cael negó.
—No.
Algo peor.
El cielo se abrió completamente.
Y desde el otro lado...
Una gigantesca silueta comenzó a descender.
No tenía rostro.
No tenía cuerpo definido.
Solo dos ojos blancos.
Eira sintió que la marca de su muñeca ardía como nunca antes.
La criatura pronunció una sola palabra.
—Aurelia.
Eira quedó paralizada.
Cael levantó su espada.
—Ahora sí...
Comienza la verdadera guerra.




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