Capítulo 39:
La sombra seguía avanzando.
Cada vez que se acercaba, las esferas de cristal suspendidas en los estantes perdían su brillo y caían al suelo, rompiéndose en miles de fragmentos de luz.
La Bibliotecaria levantó su báculo.
Una barrera transparente envolvió al grupo.
La sombra se detuvo.
Durante unos segundos, el silencio fue absoluto.
Entonces, una voz profunda resonó en toda la Biblioteca.
—¿Quién pretende alterar el orden de los recuerdos?
No parecía una voz humana.
Era como si toda la Biblioteca hubiera hablado al mismo tiempo.
Eira sintió el símbolo del Equilibrio calentarse sobre su pecho.
El Archivista permanecía oculto entre la oscuridad.
Solo podían distinguir dos ojos plateados brillando entre las sombras.
La Bibliotecaria respondió con calma.
—No vienen a cambiar la historia.
Solo buscan comprenderla.
El Archivista guardó silencio.
Después dio un paso.
La oscuridad comenzó a disiparse.
Su figura era imponente.
Vestía una armadura hecha de páginas antiguas que cambiaban de forma constantemente.
Su capa parecía estar formada por miles de pergaminos flotando en el aire.
En lugar de un rostro, llevaba una máscara lisa de mármol blanco.
Sobre ella estaban grabadas miles de palabras en un idioma que ninguno de los presentes podía leer.
Excepto Eira.
Sin saber cómo, comprendía cada símbolo.
Las palabras cambiaban una y otra vez.
Hasta formar una única frase:
"La verdad tiene muchos rostros."
Eira dio un paso al frente.
—¿Eres el Archivista?
La figura inclinó lentamente la cabeza.
—Soy el guardián de aquello que nadie debe olvidar... ni recordar sin estar preparado.
Kael sostuvo con fuerza su espada.
—Entonces muéstranos la verdad.
El Archivista permaneció inmóvil.
—La verdad no se entrega.
Se merece.
Con un movimiento de su mano, el suelo de la Biblioteca comenzó a transformarse.
Aparecieron cuatro puertas gigantescas.
Cada una tenía un símbolo diferente.
❄️ Un copo de nieve.
🌿 Una rama florecida.
🔥 Una llama.
🍂 Una hoja dorada.
La Bibliotecaria respiró hondo.
—Las Puertas de las Estaciones...
Hacía siglos que no se abrían.
El Archivista señaló las puertas.
—Cada una guarda una parte de la verdad.
Pero ninguna cuenta la historia completa.
Eira observó las cuatro entradas.
—¿Y cuál debemos cruzar?
El Archivista respondió sin emoción.
—Esa decisión revelará quiénes son...
...y quiénes están destinados a convertirse.
En ese instante, las puertas comenzaron a abrirse lentamente.
De la puerta del Invierno salió un viento helado.
De la Primavera, el aroma de flores desconocidas.
De la del Verano, un calor abrasador.
Y de la del Otoño, hojas doradas que caían sin tocar el suelo.
Pero ocurrió algo inesperado.
Una quinta puerta apareció detrás de las otras cuatro.
Era completamente negra.
Sin símbolo alguno.
La Bibliotecaria dio un paso atrás.
Su rostro perdió el color.
—No...
Eso no debería existir.
El Archivista giró lentamente la cabeza hacia aquella puerta.
Por primera vez...
Parecía sorprendido.
Y pronunció unas palabras que hicieron temblar toda la Biblioteca:
—Alguien ha reescrito la historia.