El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

Los Vigilantes del Olvido

Capítulo 36:
El cielo desapareció bajo un manto de alas negras.
Miles de Vigilantes descendían desde la torre de la Biblioteca de los Ecos. Sus cuerpos parecían hechos de humo y hielo, y sus ojos blancos brillaban como estrellas apagadas.
El viento dejó de soplar.
Solo se escuchaba el batir de aquellas alas.
Kael fue el primero en reaccionar.
—¡Formación!
Liora se colocó junto a Eira, extendiendo ambas manos. Un círculo de runas verdes brotó bajo sus pies, envolviendo al grupo en un escudo de energía.
Darian golpeó el suelo con su bastón.
Del impacto surgieron llamas blancas que rodearon el perímetro del santuario.
Los Vigilantes no se detuvieron.
Atravesaron el fuego como si no existiera.
—¡¿Cómo es posible?! —exclamó Liora.
—Porque no están vivos —respondió el Gran Maestre—. Tampoco están muertos.
Son recuerdos convertidos en guardianes.
La primera criatura cayó sobre el escudo.
Su rostro no tenía boca.
Solo una máscara lisa cubierta de grietas.
Levantó una mano... y el escudo comenzó a perder brillo.
Liora sintió un dolor agudo en la cabeza.
Un recuerdo cruzó su mente.
Su infancia.
La voz de su madre.
El día en que aprendió a leer las antiguas runas.
Y, de pronto...
Todo desapareció.
Liora cayó de rodillas.
—No... ¿qué... qué me está pasando?
Miró sus propias manos.
Podía usar magia.
Pero ya no recordaba quién le había enseñado.
Eira corrió hacia ella.
—¡Liora!
El Gran Maestre lanzó una descarga de luz dorada que hizo retroceder al Vigilante.
—¡No dejen que los toquen!
—Cada contacto roba un recuerdo.
Kael rugió y atravesó a una criatura con su espada.
El cuerpo del Vigilante se deshizo en humo.
Pero, al mismo tiempo, Kael dio un paso atrás.
Llevó una mano a la cabeza.
Su respiración se aceleró.
—¿Qué ocurre? —preguntó Eira.
Kael la miró confundido.
—Yo...
Hizo una pausa.
—No recuerdo...
Por un instante, el miedo llenó sus ojos.
—...cómo obtuve esta espada.
Eira sintió un nudo en el pecho.
Los Vigilantes no buscaban matar.
Buscaban borrar.
En ese momento, el Rey de la Noche Blanca levantó lentamente su espada de cristal oscuro.
Una intensa luz azul recorrió la hoja.
Con un solo movimiento, trazó un arco en el aire.
El tiempo pareció detenerse.
La onda de energía atravesó el cielo.
Decenas de Vigilantes quedaron congelados en pleno vuelo.
Un segundo después...
Se hicieron añicos como cristal.
Kael observó la escena con asombro.
—Jamás había visto un poder así...
El Rey no respondió.
Seguía mirando al cielo.
Porque algo mucho más grande descendía entre las nubes.
Los Vigilantes comenzaron a apartarse.
Como si temieran la llegada de su propio líder.
Una silueta gigantesca emergió lentamente de la tormenta.
Tenía cuatro alas.
Una corona de cristal negro.
Y un rostro oculto tras una máscara plateada.
El Gran Maestre palideció.
—No puede ser...
Darian retrocedió un paso.
—El Custodio del Olvido.
La gigantesca criatura abrió lentamente sus ojos.
Y, por primera vez, habló.
—¿Quién de ustedes...
...se atreve a reclamar la verdad?
Su voz hizo temblar la montaña.
Eira dio un paso al frente.
Aunque el miedo recorría todo su cuerpo.
Aunque no sabía qué estaba por venir.
Respondió con firmeza:
—Yo.
El Custodio inclinó la cabeza.
Y una extraña sonrisa apareció bajo su máscara.
—Entonces prepárate...
...para pagar el precio.




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