El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

El Precio de la Verdad

Capítulo 35:
El eco de las campanas continuó extendiéndose por las montañas.
Una…
Dos…
Tres…
Cada sonido hacía que el viento se volviera más frío. Incluso las llamas que aún sobrevivían entre las ruinas del Santuario comenzaron a apagarse.
Eira llevó una mano al símbolo del Equilibrio grabado en su pecho.
Cada campanada hacía que el símbolo brillara con más intensidad.
—¿Qué significan esas campanas? —preguntó.
Darian respondió sin apartar la vista del horizonte.
—Durante siglos permanecieron en silencio. Solo suenan cuando la Biblioteca de los Ecos abre sus puertas.
Liora frunció el ceño.
—¿Y eso es algo bueno?
El anciano tardó unos segundos en responder.
—Depende de lo que estés dispuesto a perder.
Kael miró a Eira.
—¿Perder?
El Gran Maestre caminó lentamente hasta un bloque de piedra caído.
Con la punta de su bastón retiró el polvo acumulado.
Debajo apareció una inscripción antigua.
"Toda verdad exige un sacrificio."
El Rey de la Noche Blanca leyó aquellas palabras sin sorpresa.
—La Biblioteca no entrega conocimiento como un regalo.
Lo intercambia.
Eira sintió un escalofrío.
—¿Qué pide a cambio?
El Rey levantó la mirada.
—Un recuerdo.
El silencio volvió a caer sobre el grupo.
Liora fue la primera en reaccionar.
—¿Un recuerdo cualquiera?
—No.
Respondió el Gran Maestre.
—Siempre toma el recuerdo que más define quién eres.
Kael apretó los puños.
—Entonces alguien podría salir de allí sin recordar a su familia...
Darian completó la frase.
—...o sin recordar por qué decidió luchar.
Eira bajó la cabeza.
Pensó en todo lo que había vivido.
En las personas que había perdido.
En las promesas que había hecho.
¿Y si la Biblioteca le arrebataba precisamente aquello que la mantenía en pie?
Antes de que pudiera responder, el suelo volvió a vibrar.
Una bandada de aves negras levantó vuelo desde las montañas.
Pero no eran aves.
Al acercarse, todos comprendieron la verdad.
Eran criaturas de sombra.
Con alas desgarradas y ojos completamente blancos.
Volaban en círculos alrededor de la torre de la Biblioteca.
Liora dio un paso atrás.
—¿Qué son esas cosas?
El Rey respondió con una voz grave.
—Los Vigilantes del Olvido.
Kael desenvainó su espada.
—¿Nos atacarán?
—Solo si descubren que buscamos entrar.
De repente, uno de los Vigilantes giró la cabeza.
Aunque estaba a kilómetros de distancia...
Parecía haber visto a Eira.
La criatura lanzó un grito agudo que atravesó el valle.
Al instante, todas las demás hicieron lo mismo.
Miles de alas oscuras cubrieron el cielo.
Darian palideció.
—Nos encontraron.
El Gran Maestre levantó su bastón.
—Entonces ya no hay vuelta atrás.
El Rey de la Noche Blanca dio un paso al frente.
Por primera vez desde que apareció, desenvainó su espada.
Una hoja de cristal oscuro que reflejaba la nieve como un espejo.
—Protejan a Eira.
Porque desde este momento...
Toda criatura que custodia la verdad...
Vendrá por ella.
Las sombras descendieron como una tormenta.
Y la guerra por los recuerdos comenzó.




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