El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

La Ciudad sin Nombre

Capítulo 65:
La puerta había desaparecido.
Pero nadie se movía.
El silencio de la torre era casi insoportable.
Eira seguía mirando el lugar donde había estado la quinta esfera.
—Quiere encontrarme...
Susurró.
—¿Por qué?
El Primer Guardián caminó lentamente hacia una de las paredes.
—Porque probablemente eres la única persona capaz de abrir el camino hacia ella.
Kael frunció el ceño.
—¿Hacia quién?
El Guardián respondió:
—Hacia la Ciudad sin Nombre.
Darian abrió su libro.
—Si fue borrada de la historia, ¿cómo sabes que existió?
El anciano sonrió con tristeza.
—Porque yo estuve allí.
Todos quedaron inmóviles.
Aster levantó la mirada.
—Pensé que dijiste que la ciudad fue expulsada del mundo.
—Lo fue.
—Entonces ¿cómo pudiste estar allí?
El Guardián observó sus propias manos.
—Porque nosotros fuimos quienes la expulsamos.
El Gran Maestre cerró los ojos.
Un recuerdo apareció.
Cinco guerreros.
Un círculo de luz.
Una ciudad entera desapareciendo.
Y una voz gritando:
"¡No pueden borrar lo que ya ha despertado!"
El recuerdo terminó.
El anciano respiró profundamente.
—La Ciudad sin Nombre fue creada por hombres que querían escapar de las leyes del Equilibrio.
Querían una fuente de poder que no dependiera de las cuatro estaciones.
Querían algo eterno.
Darian preguntó:
—¿Y lo encontraron?
—Sí.
La respuesta fue inmediata.
—Encontraron algo.
Pero no era poder.
Era hambre.
Liora sintió un escalofrío.
—¿Hambre?
El Guardián asintió.
—Una conciencia.
Algo que no tenía cuerpo.
No tenía nombre.
No tenía forma.
Solo tenía una necesidad.
Existir.
Eira recordó la voz detrás de la quinta puerta.
—¿Era la quinta verdad?
El Guardián negó.
—No.
La quinta verdad fue creada después.
Aquello...
Fue lo que enseñó a Aren cómo crearla.
La habitación quedó en silencio.
Kael apretó los puños.
—Entonces existe algo anterior a la quinta verdad.
—Sí.
El Guardián señaló el suelo.
—Y esa conciencia fue encerrada cuando la Ciudad sin Nombre fue expulsada.
Eira miró la marca de su muñeca.
—¿Dónde está encerrada?
El Guardián respondió:
—No lo sabemos.
Aster dio un paso adelante.
—Entonces tenemos que encontrarla antes de que lo haga Aren.
El Primer Guardián negó.
—No.
Tenemos que evitar que Eira la encuentre.
Todos se quedaron inmóviles.
Kael inmediatamente se colocó junto a ella.
—¿Qué estás insinuando?
El Guardián respondió:
—Nada.
Estoy diciendo lo que los antiguos registros nos enseñaron.
La conciencia no puede regresar por sí misma.
Necesita un vínculo.
Un ser capaz de escucharla.
Un ser capaz de abrir el camino.
Eira sintió un vacío en el estómago.
—Yo.
El Guardián asintió.
—Tú.
Antes de que alguien pudiera responder...
La Pluma del Fundador cayó al suelo.
Se partió en dos.
Todos quedaron horrorizados.
Eira se arrodilló y tomó los fragmentos.
De repente, una luz blanca salió de la pluma.
La voz del Fundador resonó por toda la torre.
Pero esta vez...
No hablaba con Eira.
Hablaba con el Primer Guardián.
"Si ella llega a escuchar la voz..."
La grabación se interrumpió.
El Guardián palideció.
La luz volvió a aparecer.
"...no la detengas."
Todos quedaron paralizados.
El mensaje terminó.
Eira levantó la mirada.
—¿Por qué el Fundador quería que me dejaras escucharla?
El Primer Guardián no tenía respuesta.
Por primera vez en mil años...
Parecía completamente perdido.
Y entonces...
Desde algún lugar muy profundo de la Ciudad de Cristal...
Una voz comenzó a cantar.
Una canción de cuna.
La misma canción que Eira había escuchado durante la primera prueba.
La canción de la mujer que sostenía al bebé.
Eira comenzó a llorar.
Porque esta vez...
Recordaba una palabra de la canción.
Una sola.
Aurelia.




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