El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

Un Recuerdo Prestado

Capítulo 41:
La aldea estaba llena de vida.
El humo salía de las chimeneas.
Los niños corrían entre la nieve riendo.
Los perros jugaban persiguiendo copos de hielo.
Todo parecía... perfecto.
Demasiado perfecto.
Eira observó a la niña de cabello blanco abrazar a un hombre alto y de barba oscura.
A su lado, una mujer de cabello plateado sonreía con ternura.
Los tres entraron en la pequeña casa de madera.
Sin darse cuenta, Eira comenzó a caminar hacia ellos.
—Eira... —susurró Kael.
Ella no respondió.
Sentía algo extraño.
Como si su corazón reconociera aquel lugar.
Abrió la puerta lentamente.
Dentro, el aroma a pan recién horneado llenaba la habitación.
La mujer levantó la vista.
Por un instante, sus ojos se encontraron con los de Eira.
Y sonrió.
—Has llegado temprano.
Eira sintió un vuelco en el pecho.
Aquella sonrisa...
Era la misma que había imaginado miles de veces sin saberlo.
La mujer dejó el pan sobre la mesa y se acercó.
Extendió una mano.
Pero justo antes de tocar el rostro de Eira...
Su mano atravesó su mejilla como si fuera humo.
La sonrisa desapareció.
El mundo entero se congeló.
El hombre.
La niña.
El fuego de la chimenea.
Incluso los copos que caían por la ventana quedaron suspendidos en el aire.
Una voz resonó detrás de Eira.
—No puedes tocar un recuerdo.
Era la Bibliotecaria.
Había aparecido sin hacer ruido.
—¿Quiénes son ellos? —preguntó Eira con lágrimas en los ojos.
La anciana guardó silencio unos segundos.
—Eso...
...es lo que debes descubrir.
Eira bajó la cabeza.
—¿Son mis padres?
La Bibliotecaria no respondió.
En lugar de eso, señaló la ventana.
Fuera de la casa, la nieve comenzó a caer hacia arriba.
Las montañas desaparecieron.
Las casas empezaron a deshacerse en pequeñas partículas de luz.
—¿Qué está ocurriendo?
—La Biblioteca está reaccionando.
Los recuerdos no aceptan visitantes por mucho tiempo.
Entonces ocurrió algo imposible.
La niña de cabello blanco giró lentamente la cabeza.
Miró directamente a Eira.
Esta vez...
Sí podía verla.
Y con una voz casi idéntica a la suya, dijo:
—Tú no perteneces a este recuerdo.
Eira sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
La niña levantó una pequeña esfera de cristal.
Dentro de ella giraban cuatro luces.
Invierno.
Primavera.
Verano.
Otoño.
La sostuvo con fuerza.
—Si de verdad quieres saber quién eres...
Busca la Corona del Primer Rey.
Solo ella puede abrir el camino hacia la verdad.
Antes de que Eira pudiera responder...
La esfera estalló.
Todo el recuerdo se hizo añicos.
La aldea desapareció.
Cuando el grupo volvió a abrir los ojos...
Estaban otra vez en la Biblioteca.
Pero algo había cambiado.
Sobre la muñeca derecha de Eira había aparecido una marca con forma de corona.
La Bibliotecaria la vio y perdió la calma por primera vez.
—No...
Eso es imposible.
El Archivista dio un paso al frente.
Miró la marca en silencio.
Y dijo unas palabras que dejaron helado al grupo:
—La Biblioteca no le mostró un recuerdo.
Le envió un mensaje.
Y eso...
...nunca había ocurrido en miles de años.




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