Capítulo 53:
El sendero verde brilló con la intensidad de la primavera.
Las hojas de cristal del Bosque comenzaron a emitir un suave murmullo.
Parecía un coro antiguo.
Sylvar observó a Liora.
—La compasión no consiste en sentir lástima.
Consiste en elegir el bien...
Incluso cuando el dolor parece más sencillo.
Liora asintió.
Respiró profundamente.
Y cruzó el sendero.
El bosque desapareció.
En su lugar apareció un inmenso valle cubierto de flores blancas.
El aire era cálido.
El cielo estaba despejado.
Todo parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
A lo lejos, un niño lloraba.
Liora corrió hasta él.
Tendría apenas ocho años.
Su ropa estaba rota.
Sus manos temblaban.
—¿Qué sucede? —preguntó ella.
El niño señaló el horizonte.
Una enorme criatura de sombras avanzaba lentamente hacia un pequeño pueblo.
Cada paso marchitaba la hierba.
Cada aliento apagaba la luz de las flores.
—Va a destruir nuestro hogar...
Liora levantó su bastón.
La criatura era gigantesca.
Pero antes de dar un paso, una voz conocida resonó en el valle.
Era Sylvar.
—Puedes detener a la criatura.
O puedes salvar al niño.
No podrás hacer ambas cosas.
Liora sintió que el corazón se aceleraba.
Miró al niño.
Luego al pueblo.
Si corría hacia el monstruo, el pequeño moriría.
Si protegía al niño, el pueblo sería destruido.
Por primera vez desde que comenzó el viaje...
No existía una respuesta perfecta.
Liora cerró los ojos.
Recordó las enseñanzas de su maestra.
"Quien intenta salvarlo todo...
muchas veces termina sin salvar a nadie."
Abrió los ojos.
Tomó al niño de la mano.
—Ven conmigo.
La criatura llegó al pueblo.
Las casas comenzaron a desaparecer entre la oscuridad.
Liora no se detuvo.
Protegió al pequeño con su propio cuerpo.
Cuando la sombra estuvo frente a ellos...
Se detuvo.
El monstruo la observó durante unos segundos.
Después...
Se convirtió en miles de pequeñas luces verdes.
El valle desapareció.
Liora volvió a encontrarse frente a Sylvar.
El Árbol Testigo sonreía.
—¿El pueblo...?
Sylvar respondió con calma.
—Nunca existió.
Era una ilusión.
Lo importante no era el resultado.
Era tu elección.
Liora bajó la mirada.
—Elegí proteger la vida que tenía frente a mí.
Sylvar asintió.
—Muchos héroes se obsesionan con salvar el mundo...
Y olvidan salvar a la persona que tienen al lado.
Hoy comprendiste que toda gran esperanza comienza con un solo acto de bondad.
Has superado la Prueba de la Compasión.
El sendero verde perdió su brillo.
Entonces el sendero dorado comenzó a iluminarse.
Todas las miradas se dirigieron hacia Darian.
Él ajustó el viejo libro que llevaba consigo.
Respiró profundamente.
Y sonrió.
—Supongo que ha llegado el momento de descubrir cuánto sé...
Y cuánto me falta por aprender.
Sin miedo, dio el primer paso hacia la Prueba de la Sabiduría.