El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

El Camino Prohibido

Capítulo 71:
La Ciudad sin Nombre había despertado.
No con ejércitos.
No con campanas.
Sino con recuerdos.
A medida que Eira y los demás avanzaban hacia el Palacio del Último Pacto, las calles comenzaron a llenarse de figuras translúcidas. Eran los antiguos habitantes de la ciudad, atrapados entre el mundo y el recuerdo.
Nadie hablaba.
Todos observaban a Eira.
Y todos se apartaban para dejarla pasar.
Kael caminaba a su lado, espada en mano.
—No me gusta esto.
Darian levantó una ceja.
—Por una vez, coincido contigo.
—¿Por una vez?
—No empieces.
Liora soltó una pequeña sonrisa, pero desapareció rápidamente.
Porque frente a ellos apareció un niño.
Tendría unos ocho años.
Su cuerpo era transparente.
Sus ojos, completamente grises.
Miró a Eira.
—Llegaste tarde.
Eira se detuvo.
—¿Quién eres?
El niño señaló el palacio.
—El último pacto lleva mucho tiempo esperándote.
—¿Qué pacto?
El niño sonrió.
—El que hizo Aurelia.
Cael avanzó.
—¡No le hables!
El niño lo miró.
Y durante un instante, su rostro cambió.
Parecía mucho mayor.
—Sigues teniendo miedo, Cael.
Cael retrocedió.
—Tú...
La figura desapareció.
Darian miró a Cael.
—¿Lo conocías?
—No.
Pero su respuesta fue demasiado rápida.
Aster lo observó en silencio.
—Mientes.
Cael apretó los dientes.
—Era mi hermano.
Todos quedaron inmóviles.
—Murió hace trescientos años —continuó Cael—. O eso creíamos.
Eira comprendió entonces la verdadera naturaleza del exilio.
Aquella ciudad no estaba llena de fantasmas.
Estaba llena de personas que no habían podido terminar de morir.
Personas atrapadas entre tiempos.
Entre mundos.
Entre recuerdos.
Y quizá...
entre vidas.
Llegaron finalmente al Palacio.
Era gigantesco.
Sus paredes parecían hechas de hielo blanco, pero no estaban frías.
Al contrario.
Eira sintió calor al acercarse.
En la entrada había cinco círculos.
Cuatro tenían símbolos.
Primavera.
Verano.
Otoño.
Invierno.
El quinto estaba vacío.
Eira extendió la mano.
Aster la detuvo.
—Espera.
—¿Qué ocurre?
El Primer Guardián observó los símbolos.
—Este no es un simple sello.
—¿Entonces qué es?
—Es una elección.
Eira lo miró.
—¿Elección de qué?
Aster tardó unos segundos en responder.
—De qué mundo puede continuar existiendo.
El silencio fue absoluto.
El Gran Maestre cerró los ojos.
—Así que era verdad...
Eira lo miró.
—¿Qué recuerdas?
El Gran Maestre abrió los ojos.
—Que el Fundador no construyó este lugar para proteger el mundo.
Miró las cinco puertas.
—Lo construyó para decidir si el mundo merecía ser salvado.
Eira sintió un vacío en el pecho.
—Entonces... ¿qué hay detrás de la quinta?
Aster respondió:
—No lo sabemos.
Cael sí sabía.
—Yo sí.
Todos se volvieron hacia él.
Cael se acercó al quinto círculo.
—Mi pueblo lo llamó el Camino Prohibido.
—¿Por qué? —preguntó Liora.
Cael miró a Eira.
—Porque cualquiera que lo cruzara podía regresar a un mundo que ya había muerto.
Darian palideció.
—Eso no tiene sentido.
—En esta ciudad —respondió Cael—, las cosas que no tienen sentido son las únicas que sobreviven.
Entonces el quinto símbolo comenzó a aparecer.
Una línea negra recorrió el suelo.
Después otra.
Y otra.
Hasta formar una puerta.
Eira sintió que algo la llamaba.
No era la voz de la criatura.
No era Aren.
No era la Oscuridad Primordial.
Era algo diferente.
Algo familiar.
Una melodía.
La canción de Aurelia.
Eira comenzó a tararearla.
Una nota.
Después otra.
Cael abrió los ojos.
—Esa canción...
—Es un mapa —dijo Eira.
La puerta se abrió.
Pero no mostraba oscuridad.
Mostraba nieve.
Una inmensa extensión blanca.
Al fondo se alzaba una montaña.
Y sobre ella...
un santuario.
Eira sintió que el corazón se le detenía.
—El Santuario del Primer Invierno.
Aster la miró.
—Por fin lo encontramos.
Pero antes de que alguien pudiera entrar, una voz surgió detrás de ellos.
—No.
Todos se giraron.
La criatura del cielo había desaparecido.
En su lugar estaba una mujer.
Vestida con un antiguo manto blanco.
Su rostro era idéntico al de la mujer que Eira había visto en sus recuerdos.
Aurelia.
Eira dio un paso hacia ella.
—¿Eres tú?
La mujer sonrió tristemente.
—No.
Eira se quedó inmóvil.
—Entonces... ¿quién eres?
La mujer levantó una mano.
Y detrás de ella aparecieron cientos de figuras.
Los hijos del exilio.
—Soy el último recuerdo que Aurelia dejó aquí.
Miró la puerta abierta.
—Y he venido a decirte algo que el Fundador nunca se atrevió a decirte.
Eira sintió que la marca de su mano ardía.
—¿Qué cosa?
La mujer respondió:
—El Santuario del Primer Invierno no guarda tu origen.
Una pausa.
—Guarda tu primera muerte.
Eira dejó de respirar.
Y la puerta comenzó a cerrarse.
—¡Ahora! —gritó Aster.
El grupo corrió hacia el Camino Prohibido.
Eira fue la última en cruzar.
Justo antes de desaparecer al otro lado, escuchó la voz de la mujer:
—Cuando recuerdes quién moriste siendo...
La puerta se cerró.
—...comprenderás quién estás destinada a ser.
Y el Palacio del Último Pacto quedó nuevamente en silencio.
Pero muy lejos de allí...
la quinta puerta terminó de abrirse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.