El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

Los Doces del pergamino

Capítulo 45:
El Salón de los Nombres Perdidos quedó sumido en un silencio absoluto.
Las doce figuras permanecían inmóviles.
No empuñaban armas.
No necesitaban hacerlo.
Su sola presencia hacía que el aire se sintiera más pesado.
Las llamas azules del pergamino seguían consumiendo las últimas palabras que contenía.
Una a una...
Desaparecían para siempre.
La Bibliotecaria dio un paso hacia adelante.
—¿Cómo encontraron este lugar?
La figura que ocupaba el centro respondió con una voz tranquila.
—Nunca dejamos de conocer el camino.
El Rey de la Noche Blanca apretó la empuñadura de su espada.
—Pensé que habían desaparecido junto con el Primer Reino.
Una risa baja resonó bajo la capucha.
—Eso fue lo que quisimos que creyeran.
Kael desenvainó su espada.
—¿Quiénes son ustedes?
La figura giró lentamente el rostro.
Su capucha ocultaba por completo sus facciones.
—Somos los guardianes del último silencio.
Liora sintió un escalofrío.
—¿Último silencio?
El encapuchado levantó una mano.
El pergamino dejó de arder.
Las cenizas comenzaron a reunirse en el aire, formando palabras luminosas.
Pero antes de que alguien pudiera leerlas...
Las palabras se deshicieron nuevamente.
—Todavía no.
Respondió la figura.
—La verdad no está lista para ser pronunciada.
Eira dio un paso adelante.
—¿Fueron ustedes quienes borraron los nombres?
Hubo un largo silencio.
Finalmente...
El líder respondió.
—No.
Nosotros solo protegemos aquello que otros intentaron destruir.
Aquella respuesta desconcertó a todos.
¿Entonces no eran los villanos?
El Rey de la Noche Blanca entrecerró los ojos.
—Siguen hablando con medias verdades.
El líder asintió.
—Porque las verdades completas han iniciado guerras.
Darian levantó su bastón.
—¿Qué quieren de Eira?
Las doce figuras dirigieron la mirada hacia ella al mismo tiempo.
Fue una sensación inquietante.
Como si estuvieran observando no solo su cuerpo...
Sino toda su vida.
El líder habló.
—Queremos saber...
...si aún puede salvar este mundo.
Eira frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
La figura dio un paso.
Por primera vez, una pequeña parte de su rostro quedó iluminada.
Solo podía verse un ojo.
Plateado.
Exactamente igual al del Archivista.
La Bibliotecaria abrió los ojos con horror.
—No puede ser...
El líder continuó caminando.
—Mil años atrás...
Fracasamos.
El Gran Maestre levantó lentamente la cabeza.
Aunque había perdido sus recuerdos...
Aquellas palabras despertaron algo en lo más profundo de su corazón.
Un dolor.
Una culpa.
Una promesa olvidada.
El líder señaló a Eira.
—Esta vez...
No podemos volver a fallar.
En ese instante, toda la Biblioteca comenzó a temblar.
Las esferas de recuerdos explotaron.
Los puentes de cristal empezaron a romperse.
El Archivista levantó su báculo con fuerza.
—¡No!
Una presencia...
Muchísimo más antigua que cualquiera de los presentes...
Acababa de despertar.
Desde las profundidades de la Biblioteca llegó un latido.
Lento.
Pesado.
Como el corazón de una montaña.
Una sola vez.
Después otra.
Y otra más.
La Bibliotecaria cayó de rodillas.
Con lágrimas en los ojos, susurró:
—El Fundador...
...ha despertado.
Y las doce figuras, por primera vez desde su aparición...
Se arrodillaron.




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