El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

El Guardian del Primer Reino

Capítulo 58:
La ciudad permanecía en absoluto silencio.
Solo el eco de la campana seguía recorriendo las calles de cristal.
El hombre encadenado descendía lentamente por la enorme escalinata de la torre.
Cada paso hacía que las cadenas tintinearan.
No eran cadenas comunes.
Sobre cada eslabón estaban grabados antiguos símbolos del Equilibrio.
Eira sintió que la marca de su muñeca reaccionaba al acercarse.
Brillaba con una intensidad cada vez mayor.
Cuando el hombre llegó frente al grupo, el Rey de la Noche Blanca inclinó la cabeza.
—Maestro...
El anciano sonrió con serenidad.
—Ha pasado demasiado tiempo, Aster.
Todos quedaron en silencio.
Era la primera vez que alguien pronunciaba el verdadero nombre del Rey de la Noche Blanca.
Kael intercambió una mirada con Liora.
El Rey nunca había revelado su nombre.
El Primer Guardián levantó la mirada hacia el Gran Maestre.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente, el Guardián sonrió.
—Veo que todavía sigues vivo...
...mi viejo amigo.
El Gran Maestre sintió un fuerte dolor en el pecho.
Una imagen apareció fugazmente.
Dos jóvenes entrenando con espadas de cristal.
Risas.
Competencia.
Hermandad.
Pero el recuerdo volvió a desvanecerse.
—Perdóname...
No logro recordar tu nombre.
El Guardián apoyó una mano sobre su hombro.
—No tienes que disculparte.
El día que decidiste salvarnos...
Sabías que perderías tus recuerdos.
Todos quedaron inmóviles.
Eira dio un paso adelante.
—¿Él eligió olvidarlo todo?
El Guardián asintió lentamente.
—Fue el precio del último hechizo del Primer Reino.
Un silencio pesado cayó sobre el grupo.
Kael apretó los puños.
—Entonces... ¿él nunca fue un traidor?
El Primer Guardián negó con firmeza.
—No.
Fue el hombre que aceptó cargar con la culpa...
...para que los demás pudieran seguir adelante.
El Gran Maestre bajó la cabeza.
Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.
Toda una vida creyendo que había fallado.
Y ahora descubría que la historia era mucho más compleja.
El Primer Guardián miró a Eira.
Sus ojos reflejaban una mezcla de esperanza y preocupación.
—Tú eres diferente.
La Pluma del Fundador salió del bolsillo de Eira y flotó entre ambos.
El Guardián la sostuvo con cuidado.
—Hace mil años...
El Fundador me pidió que entregara esta pluma únicamente a la persona que pudiera escuchar el corazón del Equilibrio.
La pluma emitió una luz blanca.
Por un instante, sobre la plaza apareció la imagen del Fundador.
No hablaba.
Solo sonreía.
Y luego desaparecía.
El Guardián respiró profundamente.
—Antes de responder sus preguntas...
Quiero hacerles una sola.
Miró a cada miembro del grupo.
Sus ojos se detuvieron unos segundos en Kael, Liora, Darian, el Gran Maestre, Aster y finalmente en Eira.
—Después de todo lo que han visto...
¿Todavía creen que la oscuridad es el verdadero enemigo?
Nadie respondió.
Porque, por primera vez...
No estaban seguros de conocer la respuesta.
El Primer Guardián sonrió con tristeza.
—Entonces...
Todavía hay esperanza.
En ese momento, una de las cadenas que sujetaban su brazo izquierdo...
Se agrietó.
¡CRACK!
El sonido resonó por toda la Ciudad de Cristal.
El Guardián levantó lentamente la mirada hacia el cielo.
Su expresión cambió por completo.
Ya no había serenidad.
Había preocupación.
—No...
Susurró.
—El sello acaba de debilitarse.
Muy lejos de allí...
En las profundidades de la Biblioteca de los Ecos...
La quinta puerta vibró por primera vez desde que el grupo había partido.
Solo una vez.
Pero fue suficiente para que una pequeña grieta apareciera sobre su superficie.
Y, desde el otro lado...
Algo sonrió.




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